Duque, afianzar la paz o contentar a Uribe

El nuevo presidente está obligado a suturar las heridas de décadas de guerra civil antes de intentar modernizar a una Colombia empobrecida

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO

la habana. Iván Duque se convirtió el domingo en el presidente electo de Colombia con la mayor cantidad de votos recibidos. Más de 10.300.000 ciudadanos confiaron en su propuesta. Pero una cosa es el atractivo de las promesas de campaña y otra muy distinta es gobernar y contentar a sus electores. Sin duda, el éxito del político conservador radicará en gran medida en cómo gestionará el Acuerdo de Paz firmado con la guerrilla de las FARC por su antecesor, Juan Manuel Santos.

Será el principal reto del nuevo mandatario cuando el 7 de agosto asuma para un único período de cuatro años. Otros frentes abiertos serán el narcotráfico, la inseguridad, la corrupción, la política exterior y el desarrollo de la economía.

«No haremos trizas los acuerdos de paz, pero sí vamos a corregirlos», dijo Duque al celebrar su victoria. El uribismo más duro, que lo aupó a la presidencia, quiere que los exguerrilleros sean condenados por los crímenes que cometieron y no puedan ocupar los escaños del Congreso y el Senado que les garantizaba el pacto con el anterior Ejecutivo. Por ello, el nuevo presidente advirtió de que «esa paz, que es la que nosotros añoramos, es la que nos tiene que llevar a un sano debate de ideas. Porque si los cultivos ilícitos siguen amenazando la seguridad nacional, si aparecen armas escondidas, ahí lo que estamos haciendo es fracturando el anhelo de paz».

Pero romper el acuerdo suscrito por Santos representa demasiados riesgos para Duque. Podría darse una nueva vuelta a la guerra entre insurgentes y Estado o la destrucción de la institucionalidad. Hay que recordar que desde la firma han sido asesinados 250 líderes sociales y exmiembros de las FARC. Además, en el Senado el uribismo solo tiene 19 de 107 senadores y entre sus votantes hay aliados que apoyaban el acuerdo, como la coalición santista. Más fácil será para el futuro Gabinete incumplir alguno de los puntos del pacto nacional.

Los exguerrilleros de las FARC, reconvertidos en el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, parecen dispuestos a colaborar. Su jefe máximo, Rodrigo Londoño, alias 'Timochenko', se ofreció el domingo a Duque para discutir asuntos relacionados con la implementación del Acuerdo de Paz. «Es necesario que se imponga la sensatez. Lo que el país demanda es una paz integral, que nos conduzca a la esperada reconciliación, basada en el bienestar social, la verdad, la justicia, la reparación integral a las víctimas del conflicto y la garantía de no repetición. Burlar ese propósito no puede ser plan de gobierno».

Millones de pobres

En el campo económico Duque tendrá que lidiar con una verdad incuestionable: de los 43 millones de colombianos hay 22 que viven en condiciones de pobreza. Durante la campaña anunció que la salud dejará «de ser un negocio» y que conseguirá que los enfermos «no tengan que morir en el paseo de la muerte» ni «mendigar para recibir el medicamento».

Para superar la situación de penuria pretende convertir a Colombia en «un país de las microempresas que generen empleo y permitan expandirse a la clase media». Por eso, intentará «simplificar el sistema tributario, buscando la derrota para siempre de la pobreza extrema y la construcción de un país de oportunidades».

Pese a su claro triunfo en las urnas, el delfín de Álvaro Uribe deberá tener en cuenta la fuerza de la izquierda colombiana, que se ha consolidado como potencia política. Su rival, Gustavo Petro, sumó ocho millones de votos y promete ejercer una dura oposición desde su escaño de Senador, con movilizaciones callejeras como arma intimidatoria. «No me siento derrotado. Somos ahora la oposición», dijo el exalcalde de Bogotá en la noche electoral. «Seremos el eje de un movimiento que no se va a dormir. Y ese tiene que ser el pacto, volver al Senado para dirigir el pueblo, un pueblo que debe mantenerse activo y movilizado», agregó

Ante ese panorama, Duque se limitó a celebrar su victoria sin triunfalismos ni llamamientos al revanchismo, una postura que ya exhibió durante la campaña y que varios analistas ven como la razón de que indecisos, centroizquierdas e incluso algunos abstencionistas tradicionales lo apoyaran. «No voy a gobernador con odios. No existen en mi mente venganzas ni represalias. Se trata de mirar hacia el futuro por el bien de todos los colombianos», indicó antes de añadir que hay que olvidarse de «duquismo y petrismo».

Va a tener que «buscar el consenso más amplio posible, aunque de todos sus retos, sin duda el más difícil será independizarse de Uribe y cambiar la percepción de que el exmandatario será realmente quien gobierno Colombia, creen los analistas.

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