La amenaza de Israel redibuja las alianzas en la guerra siria

La presencia iraní en el país árabe es casi invisible en comparación con Rusia, con la que el régimen de Damasco exhibe un mayor grado de afinidad

MIKEL AYESTARAN

jerusalén. Los problemas se acumulan en la mesa de las autoridades iraníes. Sin tiempo para reaccionar por la decisión de Donald Trump de retirarse del pacto nuclear, Israel le acusó el jueves de lanzar 20 misiles contra los Altos del Golán, ocupados por el Estado hebreo desde 1967, y puso en marcha una operación en la que alcanzó a decenas de objetivos supuestamente relacionados con la república islámica en suelo sirio.

El sector ultraconservador iraní pide a gritos a su presidente, el clérigo moderado Hasán Rohani, que se retire también del pacto atómico y no confíe en los países europeos, pero el ministro de Exteriores, Javad Zarif, confía en la diplomacia y se ha embarcado en un viaje a China, Rusia y Bruselas para salvar el acuerdo firmado en 2015. Teherán está dispuesto a mantener congelado el enriquecimiento de uranio, pero para ello pide la implicación del resto de los firmantes (Alemania, Francia, Reino Unido, Rusia y China) ahora que Washington se ha retirado y volverá a imponer sanciones.

Los informes de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) certifican que los iraníes cumplen lo pactado, pero el tema nuclear no parece ser el mayor problema para Trump, que con su decisión responde a las inquietudes de sus dos grandes aliados regionales, Israel y Arabia Saudí, respecto a la expansión de la república islámica en lugares como Siria o Yemen. En el caso sirio la amenaza hebrea, traducida hasta ahora en ataques aéreos, y los constantes mensajes de los dirigentes israelíes al presidente Bashar el-Asad para que expulse a los iraníes, han hecho que la guerra entre en una nueva fase.

EN SU CONTEXTOUnos lazos históricos La gran cercanía de El-Asad con los rusos obedece a una larga relación bilateral y al factor religioso La postura del Kremlin Tras los ataques entre Teherán y Tel Aviv, Moscú se reafirma en no tomar parte en el pulso regional

La presencia de Teherán en Siria es casi invisible. Todos saben que está, pero no se les ve, a no ser que uno se acerque a lugares santos del chiísmo como los mausoleos de Sayeda Zeinab o Sayeda Ruqayya, ambos en la capital. La república islámica es el principal aliado militar del Gobierno de Damasco junto a Rusia, pero mientras estos últimos tienen soldados regulares desplegados, izan sus banderas en sus bases y el rostro de su presidente, Vladímir Putin, aparece incluso en camisetas y tazas a modo de souvenir, cuesta encontrar señales del régimen de los ayatolás.

«El sirio se siente mucho más próximo a los rusos que a Irán por la larga relación entre los dos países desde la época de la URSS y por el factor religioso, no tenemos el fervor religioso de los iraníes», señala un activista sirio de dilatada trayectoria, que ha seguido muy de cerca la evolución del papel de estas dos potencias como aliadas del Ejército de El-Asad a lo largo de los siete años de guerra. En los centros de mando militares en Damasco las banderas de Rusia y Siria comparten protagonismo en los despachos y se distribuyen revistas en árabe y ruso. Sin embargo, no hay ni rastro de la enseña iraní o de mensajes en farsi.

«Cansados» de conflictos

El reciente ataque de Israel contra decenas de objetivos supuestamente vinculados a Irán en Siria y la no intervención de Rusia «vuelve a confirmar lo que ya vimos en abril tras el ataque aéreo a la base T4, que los rusos no se van a meter en este pulso regional y que todo indica que han recomendado a los iraníes limitar su presencia en Siria y que bajo ningún concepto se acerquen a la frontera con Israel». Así lo apunta una fuente diplomática basada en Damasco, que ve a los sirios «demasiado cansados de guerra como para afrontar este nuevo choque entre dos grandes trenes como son Israel e Irán». En esa operación contra la base T4, situada entre Homs y Palmira, al menos siete paramilitares iraníes perdieron la vida, según informaron los medios de la república islámica. El papel iraní y de las milicias chiíes llegadas de Afganistán e Irak, que ha reclutado, armado y entrenado, y de la milicia libanesa de Hezbolá ha sido clave en batallas como las de Alepo, Palmira o Deir Ezzor y para recuperar el control de toda la frontera entre Siria y Líbano. En los lugares donde combaten, estos grupos paramilitares de marcado carácter sectario dejan su sello en las paredes a base de eslóganes y en las carretas colocan carteles que hacen referencia a la amenaza de Israel y Estados Unidos.

El apoyo de las fuerzas iraníes ha ido perdiendo relevancia conforme el Ejército sirio ha ganado fuerza. Y en la reciente batalla para recuperar el control de Guta Oriental «sobre el terreno solo hemos estado los soldados sirios, aunque desde el aire hemos tenido el apoyo de Rusia. Aquí no se han desplegado otras fuerzas aliadas como Hezbolá», asegura el oficial al mando de dos distritos del cinturón rural de Damasco, cuyo control acaba de recuperar el Gobierno de El-Asad. Esta ha sido, en palabras de los responsables militares, «la batalla más dura de toda la guerra porque estaba en juego el control de la capital».

La guerra entra en «una nueva fase», según el Gobierno sirio, y «si en este momento tuviéramos que elegir entre rusos o iraníes, apostaríamos por Rusia porque es más fuerte. No se puede olvidar lo que ha hecho Irán estos años, cierto, pero si Siria quiere salir adelante el socio prioritario debe ser Moscú. Los israelíes nunca aceptarán la presencia iraní y no detendrán sus ataques», opina el mismo activista sirio consultado en Damasco, quien pide mantener el anonimato por motivos de seguridad.

 

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