La absolución de Bemba provocará la excacelación de otros caudillos en el Congo

GUILLERMO ELORRIAGA

La alegría ha regresado a la mansión de Rhode-Saint-Genèse. El empresario se ha reunido con los suyos diez años después de ser arrestado por orden de la Corte Penal Internacional. Mientras tanto, la situación social y política sigue empeorando en Congo, el país natal del hasta hace unos días preso. Pero tal vez nada vaya a ser lo mismo, ni en las cárceles europeas ni en las sabanas africanas. Su inesperada felicidad implica una grave amenaza porque sienta un inquietante precedente para las víctimas de las masivas violaciones de derechos humanos. La salida de prisión ha sacudido los cimientos de la institución y airado a Fatou Bensouda, la fiscal jefe y azote de antiguos milicianos. Sin duda, parece paradójico que el antiguo vicepresidente, condenado en primera instancia por aquel tribunal a dieciocho años de cárcel en 2016 por tres crímenes de guerra y otros de lesa humanidad, haya sido absuelto por la Sala de Apelaciones. Pero resulta aún más preocupante que el argumento cuestiona la cadena de mando. Si la justicia considera que no es determinante la responsabilidad de un comandante que se halla lejos del escenario del delito, las condenas que ya penan un buen número de caudillos subsaharianos podrían terminar revocadas.

 

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