Volar sin alas ya es posible en Campillos

Volar sin alas ya es posible en Campillos
F. T.

Fly4Real instala en la provincia el primer simulador de paracaidismo a cielo abierto de España

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Miquel Albertí, el instructor de caída libre simulada, recibe a diez personas en una habitación llena de trajes y cascos. Les muestra un vídeo de pocos minutos en el que se explican las principales claves para volar de forma segura. Tapones para los oídos, unas gafas de plástico y unos breves estiramientos cierran el proceso; se enciende un ventilador que ensordece a los participantes. Miquel recuerda las medidas más importantes, se echa el cuerpo hacia delante y el suelo empieza a alejarse. Es la experiencia que ofrece desde este jueves en Campillos la empresa Fly4Real, que ha instalado junto al circuito Kart Center el primer simulador de paracaidismo a cielo abierto de España.

Los responsables del proyecto han celebrado un vuelo inaugural con el que celebrar la llegada de la atracción a la provincia, que está destinada tanto a profesionales y aficionados al paracaidismo como a cualquier persona desde los cuatro años que quiera experimentar la sensación de volar (no hay ninguna edad máxima para participar mientras que no se experimenten problemas de movilidad).

«El aparato es muy sencillo, es un ventilador gigante pero que tiene que funcionar de forma muy fina», comenta Antonio Rubio, director de la empresa. En el centro del círculo está la turbina, rodeada por una gran colchoneta que amortigua posibles caídas. «Siempre decimos lo mismo, en términos de seguridad es similar a un castillo hinchable». La empresa ya está en funcionamiento y su página web habilitada para gestionar las reservas.

La comunicación entre el instructor y el participante es esencial. Así lo explica Miquel durante la reunión inicial. En el vídeo se enseñan cuatro gestos que se emplearán durante el vuelo y que el profesional utiliza para que la postura del usuario sea siempre la mejor posible. El primer signo es un dedo estirado, que significa que es necesario levantar la barbilla lo máximo posible para favorecer la resistencia al aire -que fluye a una velocidad equivalente a una caída en picado a unos 200 kilómetros por hora-. El segundo gesto se hace estirando dos dedos, lo que se traduce en que el volador tiene que estirar las piernas, «despacio y poco a poco». El tercero significa lo opuesto, y se expresa recogiendo esos dos dedos en una garra. El último y más determinante, es el clásico signo del surf (dedos meñique y pulgar estirados, resto contraídos). «Relajaos y disfrutad, que es lo más importante», comenta Miquel.

Una vez se está frente a frente con la turbina, el instructor es el que hace «todo el trabajo». Él se encarga de coordinar los movimientos, primero de pie en perpendicular al usuario, más adelante y si todo se está desarrollando según lo previsto, se colocará en paralelo al suelo y ambos volarán juntos. Unos pocos metros con respecto al suelo parecen un mundo aunque la sensación de seguridad es total. Al terminar la experiencia de este jueves, Miquel ha realizado una pequeña demostración en la que ha dejado ver las posibilidades acrobáticas del simulador de paracaidismo.