Treinta segundos para salvar una vida

Paco Rueda y Juan Rocha, policías locales de Alhaurín de la Torre. /F. Torres
Paco Rueda y Juan Rocha, policías locales de Alhaurín de la Torre. / F. Torres

Dos agentes de la Policía Local de Alhaurín de la Torre intervienen en una vivienda en la que se atrincheró un joven que intentó suicidarse

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Todo se resolvió en apenas cinco minutos. Al principio parecía un servicio más: alguien avisó a la base de que un joven se había encerrado y se negaba a hablar con sus familiares, que esperaban angustiados al otro lado de la puerta de su habitación. Juan Rocha y Paco Rueda, dos agentes de la Policía Local de Alhaurín de la Torre, acudieron a la vivienda y se encontraron con una situación difícil de analizar. Mientras uno de ellos trataba de entablar contacto con él, su compañero intentaba recabar la máxima información del resto de habitantes de la casa. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué está ahí dentro? ¿Hay armas en la vivienda? Al final todo se resolvió en medio minuto, treinta segundos en los que los dos policías actuaron casi sin ser conscientes de lo que ocurría. Han pasado varios meses pero siguen recordando la escena como si hubiese ocurrido ayer, y el Ayuntamiento les ha condecorado por su valor con motivo del día los Ángeles Custodios.

La única respuesta que obtenían del joven era que se iba a suicidar, lo mismo que le había dicho a sus familiares (padre, madre y pareja) antes de la llegada de la policía. «No sabían por qué estaba ahí dentro, no tenían detalles de lo que estaba pasando», recuerda Rocha. «Primero pedimos que abriera por las buenas, le dijimos que estábamos para ayudarle, que hablásemos, que nos contara lo que lo ocurría». El joven, lejos de acceder, incrementaba sus amenazas. «¡Marchaos, fuera de aquí!», les decía al otro lado de la puerta. En vista de la negativa, uno de ellos trató de localizar una forma alternativa de entrar por la ventana, pero estaba cerrada.

Entrar por la fuerza

«En ese momento empezamos a darnos cuenta de que lo mismo tendríamos que entrar por la fuerza», explican, y los dos asienten al recordar la tensión del momento. Rocha advirtió a su interlocutor de que tenían que entrar para comprobar que se encontraba bien y le dijo que si hacía falta iban a echar «la puerta abajo».

Fue tras esa última conversación en la que se produjo «un silencio extraño». Pasaron diez, veinte, treinta segundos. Entonces identificaron el sonido de una respiración agitada y un ligero gemido que llevó a los policías a intervenir sin ni siquiera saber cómo ni por qué. «Todo ocurrió muy rápido».

Rochas dio un paso atrás, cogió impulso y propinó una fuerte patada a la puerta, que cedió a la primera. Allí, en una habitación «casi vacía», el joven con el que llevaban varios minutos hablando se había colgado por el cuello aprovechando el enganche de un antiguo saco de boxeo anclado al techo y utilizando una cuerda «de gran grosor». Rocha llegó primero e inmediatamente cogió a la víctima por las piernas con la intención de elevarlo para aliviar la tensión de la cuerda. Mientras tanto, Rueda trataba de deshacer el nudo, que no era corredizo y se había estrechado al máximo por la tirantez. Además, la cuerda estaba desplegada justo sobre el colchón de la cama, por lo que el terreno era «inestable», dificultando sus movimientos. En cuestión de segundos habían conseguido quitar la cuerda y el joven estaba sentado, recuperando el aliento.

Medio minuto

Reconocen que en el momento en el que se dieron cuenta de lo que había ocurrido, y sobre todo de que parecía que el chico se encontraba en buen estado y sin lesiones, comenzaron a temblarles las piernas y les entró una fuerte sensación de «bajón». Incluso al relatarlo se estremecen, porque son conscientes de que «todo pudo haber salido mal». «Si en vez de abrir la puerta en cuanto tuvimos la sensación de que algo no iba bien hubiésemos esperado un poco más, quizá no estaríamos contándolo como una buena noticia». Ambos explican que ante un ahorcamiento, el riesgo de lesiones tanto cerebrales como medulares aumenta por segundos. Ellos calculan que fue medio minuto lo que tardaron en bajar a la víctima desde que se hizo el silencio en la habitación, y prefieren no pensar en qué habría pasado si hubiesen esperado más, o si su rapidez no hubiera sido suficiente.

Una vez estabilizaron la situación llegó la ambulancia, a la que habían avisado antes de entrar en la habitación de forma preventiva. La Guardia Civil se hizo caso del cargo y acompañó a la víctima al hospital. Detrás de esta intervención hay una reflexión que se ha grabado en las conciencias de los dos policías: «Todo tiene solución, ningún problema debe llevar a esa situación». Las causas que llevaron al joven a actuar así pertenecen al ámbito familiar, ellos están contentos porque desde entonces se lo han encontrado por la calle en varias ocasiones.

Explican que fueron felicitados de inmediato por sus mandos al finalizar la actuación y les propusieron hacerla pública, a lo que se negaron en un principio por evitar protagonismo. Ahora, tras la condecoración, han decidido que es el momento de transmitir un mensaje: «Estamos ahí para ayudar».

Acto de entrega de la medalla de plata al mérito policial por la intervención.
Acto de entrega de la medalla de plata al mérito policial por la intervención. / SUR

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos