Teresa Sánchez se proclama alcaldesa de Alhaurín el Grande tras un pleno cargado de tensión

Teresa Sánchez recibe los aplausos de la sala tras ser nombrada alcaldesa de Alhaurín el Grande/F. Torres
Teresa Sánchez recibe los aplausos de la sala tras ser nombrada alcaldesa de Alhaurín el Grande / F. Torres

La Policía Local ha tenido que intervenir para calmar los ánimos de los asistentes, que no han dejado de gritar en ambos sentidos durante toda la sesión

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Una sentencia, dos solicitudes de aclaración, varios informes del fiscal, un auto de ejecución y un ultimátum del juez acompañado de un último requerimiento. Todo ello ha sido necesario para que se celebrase la votación de la moción de censura presentada en enero de 2017 en Alhaurín el Grande Izquierda Unida, Alternativa Socialista Alhaurina, PSOE y la entonces concejala del PP, expulsada tras anunciar su apoyo al cambio de gobierno. La localidad ha cerrado este sábado uno de los episodios más llamativos, insólitos y complejos de la política municipal de la provincia: Teresa Sánchez, cabeza de la moción por IU, se ha convertido en alcaldesa tras desbancar a Toñi Ledesma a a dos semanas de las elecciones generales.

Pero el carpetazo a este asunto, que ha centrado la actualidad de la localidad durante dos años y cuatro meses, no iba a ser tarea fácil. El pleno de la moción de censura, que tenía que ser reportado al juez a su inicio y a su fin para evitar que el magistrado llevase el caso a la Fiscalía por desobediencia, estuvo marcado por las múltiples asperezas entre los portavoces y por los asistentes. El Salón de Plenos estaba lleno hasta las banderas, con gente agolpada en pie a lo largo de los laterales. Su presencia no pasó desapercibida: gritos de «¡Toñi sí!», «¡Teresa alcaldesa!» y constantes interrupciones, insultos, cánticos y discusiones acaloradas obligaron a que los agentes de la Policía Local que custodiaban los accesos tuvieran que entrar para calmar los ánimos. Una vez finalizada la sesión, mientras se marchaban los miembros de Por Alhaurín (ahora miembros de las listas del PP), una asistente increpó a Ledesma y posteriormente se encaró con varios ediles, lo que requirió que un agente tuviera que retenerla y calmarla entre voces y gritos.

Pero no solo los asistentes tenían que decir. Por orden judicial, en el pleno solo podían intervenir la alcaldesa, la candidata y se dejaba un breve margen de tiempo (que no fue breve) a los portavoces para exponer sus argumentos antes de votar.

La encargada de abrir la sesión fue la candidata, Teresa Sánchez. Fue comedida y breve: «Este equipo de Gobierno es heredero de una gestión condenada en los tribunales por corrupción». Tras referirse al exalcalde Juan Martín Serón, aseguró que su propuesta va «más allá de las siglas». Apeló al «diálogo» y al «respeto» para «recuperar la convivencia y en Alhaurín el Grande».

F. Torres

Ledesma le siguió en orden de intervención, y fue más dura que su rival, poniendo sobre la mesa el que ha sido hasta ahora su argumento para rechazar la moción de censura. Recordó que la sentencia que les obliga a retomarla «está recurrida» y que no es firme. Elevó el tono para referirse a la exedil del PP, María Fracisca Fernández, a quien considera responsable del conflicto que envuelve al Ayuntamiento. «El centro de esto no es usted, señora Sánchez, que va a entrar como va a entrar, ni yo, que voy a salir como voy a salir; el centro de todo esto es la tránsfuga». Sus palabras causaron gran revuelo en la cámara, pero prosiguió, catalogó la presencia del PSOE en el pacto como un ejemplo histórico falta de lealtad, definió a los miembros de Asalh como «comunistas» y finalizó dirigiéndose de nuevo a la actual regidora: «Señora Sánchez, usted será la alcaldesa rehén de la tránsfuga y de los extremistas expulsados del PSOE».

Continuó con la palabra la concejala expulsada del Partido Popular, María Francisca Fernández, que aseguró que la intervención de Ledesma daba más argumentos todavía a la moción de censura. Recordó que los jueces le han dado la razón –en la sentencia se considera que no hubo transfuguismo alguno–. De hecho, finalizó su intervención, tras recordar que ha pasado dos años siendo «acusada» sin fundamentos, con un sonoro: «¡No soy tránsfuga!». De nuevo intervino Sánchez, esta vez como portavoz de su grupo, para calificar de vergonzoso el proceso judicial abierto tras la suspensión de la votación de la moción de censura. «El único lenguaje que entienden es el de la amenaza».

El portavoz de Asalh, Antonio Bermúdez, fue especialmente crítico con la gestión del equipo de Gobierno y definió el pleno del sábado de «esperpéntico y deseado». «Ha estado aferrándose contra viento y marea a un sillón de alcaldesa que hace tiempo que no le pertenece», espetó a Ledesma, a quien considera culplable de la «bochornosa y lamentable imagen» que proyecta el municipio cambiando de regidora a dos semanas de las elecciones municipales.

El portavoz del PSOE, Luis Molina, recordó que todos ellos fueron «privados del derecho fundamental a votar», con un gran afectado, «Alhaurín el Grande», que en su opinión es conocido en Málaga y España por su política en vez de por las cosas positivas que definen a la localidad.

El portavoz de Por Alhaurín, Víctor Molina, dijo con respecto a la corrupción que mencionó Sánchez al principio del pleno –en referencia a Martín Serón–, que todos los miembros de su equipo duermen «con la conciencia tranquila y las manos más limpias que una patena». Después se dirigió a todos los partidos que suscriben la moción: «Ya tienen ustedes lo que querían, ya tienen la foto en contra de los informes de la secretaría y de la Fiscalía –obviando la decisión del juez–». Por ello, en su opinión, la votación de este sábado no supone que se haga justicia, «se está cumpliendo con una sentencia recurrida y admitida a recurso pero en un solo efecto». Por todo ello espetó a los suscribientes que están optando por el «todo vale», ya que «la moción es legal pero no moral».

Una vez finalizó la sesión, Sánchez explicó a los medios que la proximidad con las elecciones no le impedirá «sentar las bases» del respeto, el diálogo y «restaurar la convivencia entre alhaurinos».