El sendero hacia el empleo rural

Alumnos junto al formador Juan Marmolejo en el edificio La Huerta. /
Alumnos junto al formador Juan Marmolejo en el edificio La Huerta.

Acción contra el Hambre implanta una escuela laboral en el Valle del Guadalhorce

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

En el corazón del Valle del Guadalhorce se ha instalado un movimiento. Si todo sale según lo previsto, la acción desencadenará una reacción que se traducirá en oportunidades laborales para un grupo de aspirantes. La Escuela de Empleo Vives Aprende del Guadalhorce ha nacido para aumentar las oportunidades laborales en el sector de la agroecología, destinada a las personas desempleadas o con empleo precario de la comarca.

Se trata de la primera iniciativa que la organización internacional desarrolla en el interior de la provincia. Según explica Silvia Montoya, responsable de la escuela, «en el Valle del Guadalhorce existen huecos en el mercado laboral vinculados a la agroecología pero no hay gente cualificada para ocuparlos; este proyecto busca resolver este problema». Juan Marmolejo, formador del programa, añade que «en el valle hay mucha cultura en agricultura ecológica» que hasta ahora no se ha puesto en valor: «La comarca tiene un gran potencial en este sector por su gran capacidad de producción, su riqueza en agua, sus suelos, su cultura agrícola y las semillas que se conservan». Además, el presidente del Grupo de Desarrollo Rural de la comarca (que hace las veces de sede de la escuela en Cerralba, Pizarra), añade que el 75% del terreno del Guadalhorce está destinado a la agricultura: «Es necesario preservar estos espacios de alto valor ecológico, pero ha de ser con proyectos rentables económicamente para la gente o de otra manera se abandona el campo».

Para cumplir con estos objetivos que plantean los responsables, los participantes de la escuela siguen dos itinerarios paralelos. Por un lado, aprenden los conocimientos técnicos básicos del sector de la agroecología con una formación teórica y práctica. Durante la parte teórica se abordan las principales temáticas sobre la producción ecológica como el manejo del suelo, las operaciones de cultivo y recolección en explotaciones ecológicas, además de la prevención y manejo de la sanidad del ecosistema agrícola. Al mismo tiempo se desarrollan las prácticas en el huerto del edificio La Huerta, que dispone de unos 1.000 metros cuadrados de superficie de tierra cultivable. Por otro lado, se fortalecen las competencias transversales para el empleo (autoconocimiento, la motivación, trabajo en equipo, etc), es decir, la mejora del perfil competencial requerido por este sector profesional. El programa está financiado por el Fondo Social Europeo, la Diputación de Málaga y Obra Social 'la Caixa'.

Nuevos proyectos

Los primeros participantes, que finalizarán su formación volverán al mercado laboral en diciembre. Cristina Florido, de 25 años, dejó el instituto para trabajar en el negocio familiar hasta que cerró sus puertas. Hace año y medio se embarcó en un proyecto de cultivo ecológico de pitaya, una fruta habitual en Latinoamérica y sudeste asiático, muy conocida por sus propiedades nutricionales y de la que en España no hay grandes producciones, y en consecuencia ni información. «Por ahora estoy aprendiendo mucho, me interesa especialmente el tema de los abonos naturales y del control de plagas, porque nos preocupa para el negocio que queremos llevar a cabo». Andrés López, 39 años, es natural de Cádiz y vive en Málaga desde el año 2000. Vecino de Cártama, trabajó como carpintero toda su vida hasta que hace unos meses se quedó en el paro. Su paso por la escuela le ha vuelto a poner en contacto con su antigua pasión, la docencia. Su proyecto es el de trabajar como educador medioambiental impartiendo talleres o charlas a niños. «Sé lo que quiero pero no sé cómo conseguirlo aún».

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