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El amor rondeño de Cecilia Böhl de Faber

Cecilia Böhl de Faber. /SUR
Cecilia Böhl de Faber. / SUR

El tercer marido de la escritora, que usaba el seudónimo de Fernán Caballero, Antonio Arrom de Ayala, era natural de la ciudad del Tajo

Vanessa Melgar
VANESSA MELGAR

La escritora Cecilia Böhl de Faber, que utilizaba el seudónimo Fernán Caballero, mantenía una conexión especial con Ronda, ya que su tercer marido, Antonio Arrom de Ayala, que fue el primer cónsul español en Australia, era natural de la ciudad del Tajo, según ha explicado la investigadora Aurora Melgar, al frente de la Biblioteca de la Serranía, en relación a personajes rondeños.

«Era gran amiga de la familia rondeña de Juan Guerrero Escalante. Se carteaba con la hija, Elisa Guerrero, que al parecer tenía un carácter tranquilo y apacible, lo que la hizo merecedora de recibir confidencias tanto de la escritora como de la emperatriz Eugenia de Montijo, que visitaba Ronda cuando hacía viajes oficiales o en viajes privados», ha explicado Melgar. En una de esas cartas, ha señalado esta investigadora, escribe: «… Elisa, por Dios te pido busques coplas y me las vayas apuntando para el segundo tomo de poesías populares que estoy reuniendo, si son relacionadas con niños tienen aun más mérito para mi, pero todas las tienen….».

Sobre su tercer marido, Arrom de Ayala nació en Ronda en 1814, fue bautizado en la Colegiata de Santa María de la Encarnación La Mayor y su familia materna estaba ligada a la Real Maestranza. «Su padre, Antonio Arrom y Conques, natural de Ferrol, de brillante ascendencia en la milicia en la que alcanzó el grado de Teniente Coronel, falleció en 1819 como consecuencia de lesiones sufridas durante la Guerra de Independencia, su hijo solo contaba 5 años de edad», ha dicho Melgar.

Respecto a su amor rondeño, Böhl de Faber, ha relatado Melgar, escribió: «...sola en el mundo, abandonada, habiéndolo perdido todo, soportando como una carga una vida vacía, inútil, estéril… entonces encontré (o fui hallada) por un hombre cuyo corazón puro y sublime como el cielo me amó como yo misma había amado…». El rondeño tuvo un fatal desenlace, ya que se suicidó en Londres por el desfalco de un socio que tenía en Australia. Se quitó la vida en los jardines de Bienheim Park de Londres. Sobre ello, la escritora plasmó: «Su ya tan perseguida cabeza se monta y pierde la razón, la sangre fría, que yo como hice otras veces, le hubiese imbuido de estar a su lado. Pero estaba solo…, solo, sin una cara amiga en aquel triste Londres, cuyo negro cielo vierte desconsuelo. Vuelve solo como salió; mojado y trastornado, y me escribe: Cuando recibas esta última carta, y habrás recibido el cruel golpe que mi atroz destino, mi flaqueza, mi corazón extraviado y esa acción irresistible del abismo me fuerza a darte … ¡otra cruel noche sin pegar los ojos! Mi cabeza que se me parte de dolor, mi juicio que se me va…Es preciso acabar…. «.

Por último, Melgar señaló que para ahondar en este personaje rondeño se puede consultar Antonio Arrom, Primer Cónsul de España en Australia, de Carlos Fernández-Shaw y su perfil en la Real Academia de la Historia.

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