La Alameda del Tajo, al detalle

La Alameda del Tajo, al detalle
V.M

El emblemático espacio de Ronda, que data del siglo XIX, también se revela grandioso a menor escala

Vanessa Melgar
VANESSA MELGAR

Es quizás el espacio al que más cariño le tienen los rondeños: la Alameda. El Parque de la Alameda del Tajo, como se llama, se alza como uno de los puntos de visita obligada para los turistas, pero también como un enclave que ha estado ligado a la niñez de muchos vecinos de este municipio y de los habitantes de las poblaciones de la Serranía. No hay rondeño y serrano que se precie que no conserve recuerdos entrañables de sus paseos por la Alameda, del estanque de los patos, de su quiosco en el que se compran golosinas, de los balcones que se asoman al abismo de las Cornisas o de la fuente del Angelito, entre otros.

La Alameda, que data del siglo XIX y que se conforma como un jardín de estilo árabe o mediterráneo, está compuesta por cinco paseos que desembocan en las Cornisas, en los famosos balcones. No hay césped, hay arriates, setos, y desde el punto de vista botánico, destacan árboles bicentenarios, que figuran en la guía de árboles notables de la provincia, como el cedro del Himalaya, el enorme pino piñonero y la acacia de tres espinas. En su interior, se enclavan el Teatro Municipal Vicente Espinel, el Paseo de los Ingleses y los monumentos de la Dama Goyesca, realizado por Francisco Parra, y de Pedro Romero, por Vicente Bolós.

Pero la Alameda, que también necesita mejoras y que es blanco, por desgracia, de actos vandálicos, también se revela grandiosa en los pequeños detalles. Basta un paseo más detenido para fijarse en multitud de elementos que, de no ser así, casi pasan inadvertidos. Tales son los diseños de las fuentes, las inscripciones en monumentos o placas, las formas de la forja... Una forma diferente de disfrutar de la Alameda.

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