Pequeños excavadores: el futuro de la arqueología malagueña está en Ardales

Más de 20 niños participan en una experiencia pionera sobre arqueología. /Fernando Torres
Más de 20 niños participan en una experiencia pionera sobre arqueología. / Fernando Torres

Más de veinte niños de entre cinco y ocho años participan en una experiencia pionera destinada a transmitir la conservación patrimonial

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

A lo lejos se escuchan risas y conversaciones distraídas. Podría ser un parque infantil o un patio durante el recreo, pero es julio, no hay clases y los niños no están en el colegio, sino en el recinto monumental de la Peña de Ardales. Dejando atrás un cementerio fenicio, a la sombra de una vieja higuera, veintidós chavales de entre cinco y ocho años permanecen de rodillas, empuñando brochas y cucharas a modo de cinceles –para evitar los objetos punzantes–. Los más pequeños del pueblo se han convertido durante siete días en arqueólogos expertos, desarrollando su propia excavación, aprendiendo a trabajar en equipo y a valorar los restos del pasado de todos, una filosofía que en Ardales está cada vez más latente.

La iniciativa, gratuita y pionera el la localidad, ha sido desarrollada por Pedro Cantalejo, responsable de patrimonio del Ayuntamiento de Ardales y María del Mar Espejo, historiadora y gerente de Ardalestur. Cantalejo explica que los participantes han «excavado y organizado todos los restos». La idea inicial, inspirada en una actividad hecha por jóvenes de la localidad en los años ochenta, pretendía que los niños excavasen en un yacimiento real, pero la ley no lo permite. Por ello se ha empleado una simulación con materiales reales preparada con anterioridad por los organizadores.

«Esto lo habíamos preparado para hacer un cursillo para mayores, pero no querían hacerlo en verano, por lo que hablamos con algunas madres y comenzamos a organizar el grupo», recuerda Cantalejo. El yacimiento simula lo que sería el hallazgo de una cabaña prehistórica de la Edad del Cobre con planta redonda;un hogar en el centro y un molino con su respectiva piedra, así como numerosas muestras de cerámica, sílex y pellas de barro (se trata de restos reales excepto los de la cabaña, que es un calco de un hallazgo de los ochenta). «Ellos han descubierto todo, lo han dibujado y fotografiado, igual que los arqueólogos», avanza el especialista.

La experiencia terminó hace una semana pero los participantes se reúnen en su puesto de trabajo para explicar sus sensaciones a SUR. Cada pequeño arqueólogo tiene su cuadrícula, de cincuenta por cincuenta, separada del resto del equipo por cuerdas. «En la mía tengo un sílex, una concha, varias cerámicas y una caracola», muestra orgulloso Víctor, de ocho años. «Una vez encontré un hueso humano», añade emocionado. Hugo, por su parte, limpia en su medio metro cuadrado «una piedra para hacer harina» entre otros restos y parte del muro de la vivienda. Cantalejo destaca la concentración con la que han trabajado durante los siete días que ha durado el taller.

Uno de los grandes aprendizajes de la experiencia ha sido el descubrimiento del trabajo en equipo:«No están acostumbrados, pero entre todos han encontrado una sola cosa, sus hallazgos suman un todo». Además, han estado en contacto directo con el patrimonio y sus procesos de conservación, algo crucial y que ha conectado a la perfección con la ilusión de descubrir.

María del Mar Espejo añade que, al final del curso, todos han tenido que explicarle a sus padres lo que han aprendido antes de recibir un diploma de la mano de la alcaldesa de la localidad, María del Mar González. «Pese a lo chicos que son han sido capaces imaginar la cabaña entera, y eso que solo pueden ver una parte de los cimientos», comenta. «Nos hemos centrado en la arqueología de campo y no de laboratorios, y hemos hecho los talleres de una hora sobre el terreno y otra para explicarles lo que habían aprendido».

Espejo avanza, además, que la iniciativa nace con vocación de continuidad ya que este primer taller con niños tan pequeños era «una prueba» con la que ver si funcionaba; y el resultado ha sido muy positivo.

Mientras los pequeños han excavado, muchos padres y madres han estado sentados en el pequeño recinto de la peña, siguiendo de cerca el proceso de aprendizaje. Fernando, uno de los padres, explica que cuando conocieron la iniciativa decidieron apuntar a su hijo sin dudarlo:«Es una cosa muy bonita la que tenemos aquí, y es estupendo que la conozcan desde chicos». Confía en que se repita el año que viene porque «han trabajado en equipo, con disciplina e ilusión». El resto de madres coinciden en el análisis de Fernando, como la madre de Víctor y Adrián:«Nos han ido contando lo que han encontrado, han aprendido que hay que dejar las cosas en el suelo para poder estudiarlo».

En plena conmoción por los resultados del estudio de las pinturas de la Cueva de Ardales, las nuevas generaciones se preparan para continuar con el legado arqueológico del municipio, cada vez más inmerso en ser el referente en la gestión y conservación del patrimonio histórico.

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