Muere un bombero de Torremolinos al practicar apnea en su piscina en Alhaurín de la Torre

Imagen de archivo de Alhaurín de la Torre, donde tuvo lugar el suceso. /
Imagen de archivo de Alhaurín de la Torre, donde tuvo lugar el suceso.

Sus hijos, que habían estado jugando con él en el agua, alertaron a la madre al ver que tardaba demasiado tiempo en salir a respirar

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

Alejandro I. O., un bombero de 51 años adscrito a la plantilla de Torremolinos, falleció ayer cuando practicaba apnea –contener la respiración durante un tiempo prolongado para mejorar la capacidad pulmonar– en la piscina de su domicilio, en Alhaurín de la Torre, donde se encontraba junto a su mujer y sus hijos.

El suceso ocurrió en torno a las dos y media de la tarde en la barriada del Romeral. El hombre había instalado en su vivienda una piscina desmontable de poca profundidad. Después de pasar un rato jugando en ella con sus hijos, que tienen entre 6 y 11 años aproximadamente, les dijo que iba a realizar unos ejercicios respiratorios –de apnea– que solía hacer, para los que necesitaba relajarse. En su muñeca llevaba un reloj que utilizaba para la práctica deportiva.

Alarmados al ver que no salía del agua, los niños corrieron al interior de la vivienda para avisar a su madre. Al comprobar que no respondía, la mujer lo sacó de la piscina y comenzó a gritar pidiendo auxilio.

La vecina del chalé contiguo, que trabaja en un centro hospitalario de la capital y que al parecer tiene conocimientos de primeros auxilios, corrió hasta la vivienda y le realizó maniobras de reanimación cardiopulmonar durante 30 o 40 minutos, según relata el concejal del distrito del Romeral, Mario Pérez Cantero, que vive a tres casas del fallecido, al que conocía. «Yo llegué poco después, cuando ya estaba la Guardia Civil allí. Parecía que podía salir adelante, la pobre vecina acabó exhausta haciéndole el masaje», explica.

Sin embargo, cuando llegaron los sanitarios, solo pudieron certificar su muerte. Los agentes del cuartel alhaurino avisaron a la comisión judicial para el levantamiento del cadáver, que se demoró hasta las cinco de la tarde. Todo apunta a que murió por ahogamiento, extremo que hoy tendrá que confirmar la autopsia.

«Lo que no puede ser es que la ambulancia tardara 50 minutos en llegar: venía del Clínico», denuncia el edil, que lamentó la pérdida de un «buen vecino» al que apreciaba, que se integró muy pronto en el barrio y al que solía ver practicando deporte –'running' y bicicleta– por la zona.

En el mismo sentido se pronuncia el alcalde de Alhaurín de la Torre, Joaquín Villanova, quien criticó las demoras que padecen los residentes para atender las urgencias y reclamó a la administración más medios, una petición vecinal en la que ya se han recogido más de 6.000 firmas. «Hace falta una ambulancia de apoyo para los municipios de la comarca, porque si les coge a 30 kilómetros, como parece que ha sido el caso, no hay nada que hacer», subrayó el regidor, quien también lamentó el fallecimiento de una persona que «se dedicaba a salvar a otros, lo que supone un valor añadido», y quiso trasladar sus condolencias a la familia.

Un bombero experto

Alejandro I. O. pertenecía desde hace más de 15 años a la plantilla de Bomberos de Torremolinos, donde su muerte ha provocado una gran consternación, ya que era un miembro muy apreciado de la plantilla. Pertenecía al turno D –uno de los cinco en los están repartidos– y había recibido varias felicitaciones y diplomas por su trabajo. Hace un par de años, su turno fue condecorado por varios servicios destacados, especialmente la extinción de un incendio en una nave industrial de Torremolinos.

Diplomado en Magisterio en la modalidad de Educación Física, era muy deportista. Dicen quienes lo conocían que era «un atleta» y que cuidaba mucho tanto su alimentación –hábito que, junto a su mujer, empezaba a inculcar a sus hijos– como su forma física. Sus compañeros lo consideraban un «experto nadador» y, para mejorar su capacidad pulmonar y relajarse, practicaba apnea.

La principal causa de accidentes en la práctica de la apnea, y especialmente en la pesca submarina, es el llamado síncope hipóxico, un desmayo causado por la falta de oxígeno; se pierde momentáneamente la consciencia –es como una especie de desconexión, de ahí que también se le denomine 'blackout'–, aunque el organismo mantiene las funciones vitales, por lo que se reanuda también la respiración. Si las vías respiratorias del 'apneísta' están sumergidas, fallecerá por ahogamiento salvo que la practique con un compañero y con las medidas de seguridad necesarias.

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