Martín de Aldehuela, el genio que le regaló a Ronda la estampa más famosa de España

'Entreamigos', recreó la vida de Aldehuela con una obra teatral /MG
'Entreamigos', recreó la vida de Aldehuela con una obra teatral / MG

El arquitecto diseñó el gran símbolo de la Ciudad del Tajo, el Puente Nuevo, y afrontó la terminación de la Plaza de Toros

MARÍA GARCÍA

Son miles y miles los turistas que llegan cada año a Ronda dispuestos a conocer en primera persona la valentía inesperada que supone asomarse por primera vez al precipicio que atraviesa la ciudad. Cada uno de ellos, recorre el Puente Nuevo, el más famoso de los tres puentes que hay en la localidad, y se adentra en el Mirador de Aldehuela para vislumbrar desde ahí como el tajo, mediante una obra prodigiosa de la arquitectura, se convierte en monumento. Con los visitantes se entremezclan los ciudadanos rondeños que recorren en su día a día esta emblemática zona. Oriundos y forasteros mantienen algo en común y es que para la gran mayoría ese 'Martín de Aldehuela' que le da nombre al mirador más bonito de Ronda es un auténtico desconocido.

José Martín de Aldehuela, un arquitecto e ingeniero que nació en 1719 en el municipio de Manzanera, en la provincia de Teruel, es el genio que creó ese Puente Nuevo, ahora recorrido por miles y miles de personas. Martín de Aldehuela fue discípulo de José Corbinos y, más tarde, de Francisco de Moyos. A lo largo de su vida, dejó huella por diferentes puntos del país como Teruel o Cuenca, aunque sin duda fueron Ronda y Málaga las que han convertido al arquitecto en inmortal.

Para acercar más su figura a la ciudadanía, y de una manera mucho más didáctica que quien solo usa la palabra escrita, el colectivo rondeño de música, teatro y poesía, 'Entreamigos', aprovechó la oportunidad que les brindó Paradores con la celebración de su 90 aniversario, para realizar una representación teatral sobre la vida de este arquitecto e ingeniero. Con el guión del rondeño José María Tornay, Martín de Aldehuela aparecía en escena junto a María Molina, la vecina a la que le cedió su casa a cambio del mantenimiento alimentario hasta su muerte y a la que el arquitecto le contó algunas anécdotas de su vida, centradas especialmente en la construcción del Puente Nuevo.

El genio de la arquitectura pasó los últimos días de su vida, en la calle de los Hornos, solo y olvidado. Allí, viejo y achacoso, el Martín Aldehuela personaje lamentaba que «Ya nadie se acuerda de mí, María. En Málaga hice tantas, que ya mi memoria no alcanza a recordar mis obras. Pero también dejé mi huella en Antequera, en Vélez-Málaga, en Nerja… Hasta el cementerio de Cortes de la Frontera es hijo mío. Pero mi obra mayor, al menos de la que me siento más orgulloso es el Puente Nuevo de Ronda. Aquella obra me obligó a lidiar entre el misterio y la realidad». A Málaga llegó de la mano del Obispo Molina Larios, y a su insistencia y a Martín de Aldehuela le deben los malagueños el que les hubiese traído el agua a través del acueducto de san Telmo.

En Ronda había un problema parecido, al que se sumaba la división de la ciudad en dos partes, y gracias al faraónico acueducto que salvó a la capital, fue reclamado por la Ciudad del Tajo, a donde llegó en 1785 y donde le esperaba una ardua tarea para hacer confiar a los rondeños que su obra no se vendría abajo, como pasara con un puente anterior. Al contrario que lo que siempre se había hecho, Aldehuela diseñó un arco pequeño, de 15 metros, con apoyos gigantescos. El material a utilizar fue la piedra del propio tajo, porque como apunta uno de los personajes en la representación de Entreamigos «el Puente será el Tajo y el Tajo será Puente». Una genialidad, que según se cuenta, nunca fue pagada a Aldehuela. Sea como fuese, el Puente Nuevo no fue el único regalo que quiso dar a Ronda, también fue el arquitecto encargado de finalizar las obras de la Plaza de Toros de la Real Maestranza, hoy convertido en el monumento más visitado de la provincia.

En la representación de Entreamigos, además, se contarón algunas invenciones que giran sobre este personaje: que se arrojó al vacío desde su Puente acomplejado por la grandiosidad que había creado o que eligió Málaga para vivirfue para poder contemplar las cajas del órgano de la Catedral, también suyas.

De todo lo contado, fue testigo el tataranieto del propio arquitecto, Rafael de Aldehuela, quien, emocionado por el homenaje, confesó que la arquitectura fue la herencia de su familia hasta llegar a él, que «opté por la rama de la medicina».

 

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