Guaro brilla para regresar al pasado

Asistentes a esta edición del festival de la Luna Mora. /F. T.
Asistentes a esta edición del festival de la Luna Mora. / F. T.

El tradicional Festival de la Luna Mora, que cumple 23 ediciones, marca el final de los eventos veraniegos

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

En los archivos quedó registrado que Guaro fue conquistado por los Reyes Católicos en 1485, dos años antes de que el ejército castellano tomase Málaga aquel trece de agosto de 1487. El paso de los siglos no han podido, sin embargo, borrar el legado andalusí que define el carácter y la morfología de esta localidad que, quizá por esa razón, desde hace 23 años apaga las luces y enciende decenas de miles de velas para alumbrar un épico y multitudinario regreso al pasado.El Festival de la Luna Mora de Guaro volvió a encender ayer los mejores encantos de la villa en el último gran evento del verano, llenándose de miles de visitantes, testigos del cuidado cruce de culturas y propuestas.

La disposición del festival lleva años sin cambiar, porque funciona. El principal reclamo son las velas y los trabajados dibujos que conforman:los propios vecinos trabajan durante días para colocar las formas, que van desde manos de fátimas, corazones, letras con mensajes y notas musicales. El resto del pueblo se divide en dos tramos, uno centrado en la oferta gastronómica con distintos puestos de alimentación, y otro en la artesanía. Las callejuelas que ascienden hasta el Auditorio de la Luna Mora están repletas de puestos en los que se ofrece jabón, joyas hechas a mano, pañuelos, bolsos y otros objetos. Todos los establecimientos están adornados con estética medieval hasta el último detalle, desde la ornamentación de las estructuras de madera hasta el vestuario de cocineros y tenderos, siempre con acento andalusí.

En el pequeño espacio que queda entre los puestecillos y las puertas de la avenida principal, algunos vecinos se sientan a la fresca. Algunos miran al cielo: «Esta noche va a llover», comentaban certeros. A eso de las diez llegaron las primeras gotas, al principio livianas, poco después con más intensidad, aunque sin desarmar demasiado la fiesta.

La gran afluencia al encuentro cultural, marcado por la lluvia, dificulta la participación en algunas de las actividades

Tanto el viernes como el sábado estaban salpicados de actividades: conciertos, pasacalles y otras propuestas, aunque ayer el plan estaba centrado, como es habitual, en el simple disfrute de las calles de Guaro. La poca luz, el ambiente, el brillo de las velas al girar cualquier esquina, ofrecen sin reparos decenas de estampas en las que llegan a formarse colas para hacerse fotografías, y este último punto puede ser clave para la continuidad futura del festival.

Los balances que el Ayuntamiento hace cada año tras la celebración de la Luna Mora es de decenas de miles de visitantes. Algunas veces se han alcanzado los 50.000, un dato del que sacar pecho en términos turísticos y económicos, pero que puede convertirse en el único enemigo de una cita cultural que ha sabido mantenerse como uno de los planes obligados del final del verano. Hay momentos en los que es agobiante pasear por según qué puntos, a partir de las 21.30 horas es casi imposible conseguir algo de comer sin más de 20 minutos de espera –y sin mesas–. Las avenidas principales viven momentos de verdadera saturación, y el visitante lo nota: «Venimos aquí desde hace bastantes años y cada vez hay más gente, hoy no se puede ni andar». Rocío y Cristina hablan en nombre de un grupo de siete amigos, veteranos en esto de la Luna Mora. «La gracia está en poder ver los puestos y hacerse fotos, pero es que hay cola hasta para eso», bromean a las puertas del famoso callejón de los signos del zodiaco, este año precintado con una cinta que nadie respeta.

Otra de las amenazas al encanto de este festival es la parte logística. El Ayuntamiento habilita cada año un aparcamiento a ocho kilómetros del centro con servicio de autobuses, una explanada que anoche, a eso de las nueve, ya estaba colapsada. La caravana de vehículos alcanzaba la carretera Cártama-Marbella (A-355), un atasco que requería de más de una hora hasta llegar al cruce con la carretera de Ronda, donde un policía local informaba a los conductores de que no se podía continuar en dirección al parking. «Después de la cola que hemos pasado espero que esto merezca la pena», decía Anchón, un visitante de Navarra que está de vacaciones en Málaga esta semana. «Hemos decidido venir porque hemos leído en internet que había muy buen ambiente, pero desde el centro hemos tardado casi dos horas en llegar».