«Tenemos que empezar de cero y no sabemos cómo»

José, Jaidy y el padre de él revisan su casa tras las lluvias./F. Torres
José, Jaidy y el padre de él revisan su casa tras las lluvias. / F. Torres

Una de las familias de Teba más afectadas lucha por salir adelante

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

José y Jaidy encontraron en Teba la oportunidad de cumplir varios sueños a a vez. Instalarse en Málaga y abrir su propio negocio familiar (una chocolatería belga), ese era el objetivo, que empezó a materializarse hace unos siete meses, cuando invirtieron todos sus ahorros en una pequeña casa junto al río La Venta, en pleno tajo del Molino –una de las zonas más bellas del municipio–. Una vez asentado, el matrimonio, su hija de 18 meses, Mía Victoria y los padres de él, estaban a las puertas de su futuro tras haber recorrido medio mundo en busca de la estabilidad que el interior de la provincia empezaba a ofrecerles. Hasta el pasado fin de semana, cuando la gota fría más violenta que se recuerda se llevó sus ilusiones por delante. «Lo hemos perdido todo, tenemos que empezar de cero y ni siquiera sabemos cómo», asevera ella.

Se reúnen con SUR en el salón de plenos del Ayuntamiento de Teba. Llevan una semana sin poder entrar en su casa, alojados en el piso de una vecina hasta entonces desconocida. Visten ropa que no es suya y no han podido concertar la cita por teléfono, porque no tienen. Los responsables del Consistorio se han encargado de canalizar parte de las donaciones que han recibido para que la familia pueda subsistir hasta que su vivienda sea habitable de nuevo. En un par de sillas y junto a varias bolsas de ropa de cama y de bebé todavía sin estrenar, reviven la pesadilla.

–¿Cómo recuerdan aquella noche?

–Estábamos cenando, fuimos a dejar los platos en la cocina y vimos que entraba agua. Empezamos a limpiar hasta que la puerta se abrió. Le dije a Jaidy que cogiera a la niña y se subiese a la segunda planta.

Esa decisión hizo que no hubiera que lamentar daños personales. «Sin saber cómo», José consiguió cerrar la puerta, pero en ese momento el agua entraba a raudales por las ventanas y la planta baja se inundaba sin pausa. «Intenté subir pero la puerta se había atascado por la presión del agua». Arriba, Jaidy, Mía y los padres de José trataban de ayudarle, pero no era posible. «El agua seguía subiendo; yo estaba en calzoncillos, tiritando, subido a la encimera; empecé a pensar que me iba a morir, que se acabó».

Pasaron minutos que parecieron horas, hasta que una de las puertas exteriores, situada a menor nivel, cedió, y el agua empezó a circular, aumentando la corriente pero bajando de nivel. José pudo reunirse con su familia y esperaron a que llegase la ayuda. Al poco de amanecer, los vecinos menos afectados les acogieron, y fue entonces cuando se dieron cuenta:lo habían perdido «todo».

Ni siquiera pudieron evaluar la situación. «Nos fuimos, solo queríamos poner a la niña a salvo», explica Jaidy, que no puede evitar que se le salten las lágrimas. Cuando remitió el temporal pudieron ver que los coches habían desaparecido, todos sus objetos personales estaban llenos de lodo. Tenían lo puesto y poco más. «Salí de mi casa con un pijama de mi madre», destaca José.

Más de cien familias de Teba piden ayuda tras las inundaciones

El caso de Jaidy y José no es el único que ha llegado hasta el extremo de perderlo todo. La Oficina de Atención de Afectados de Teba se puso en marcha el lunes a primera hora de la mañana con el objetivo de atender las primeras necesidades y de evaluar todos los daños. Hasta las 14.00 horas del pasado jueves, los vecinos con daños han podido registrar sus casos, de entre los que hay más de cien familias en situación de emergencia total.

La oficina ha servido para organizar a los voluntarios y las partidas en el Ayuntamiento. En base a las necesidades que han llegado (de limpieza, principalmente, que pudieran ser cubiertas con mano de obra), se ha destinado a las partidas de trabajo a un sitio u otro y se dispuesto de la máquina necesaria para habilitar caminos afectados.

A partir de la próxima semana está previsto que se aprueben las ayudas de las instituciones, aunque Teba, Campillos y toda Málaga tardarán meses en recuperar la normalidad.

Comenzó entonces a producirse un fenómeno que no olvidarán nunca. «No nos conocía apenas nadie, pero todo el mundo nos ha ayudado». Los cientos de voluntarios que se han desplazado durante la semana a Teba, Campillos y al resto de municipios afectados empezaron a hacer gala de una solidaridad que les abruma. «Nos han dado de todo, desde ropa de cama hasta leche y comida, además de ropa para la niña». Teba se ha volcado con la familia, y ellos ni siquiera saben explicar por qué, pero los recién llegados se han convertido en un símbolo, en un icono de la pérdida, pero también de la lucha por salir adelante.

Vuelta a casa

La conversación avanza y los recuerdos se agolpan, pero ha llegado el momento de volver a casa para comprobar su estado. José ya ha ido esa mañana, pero Jaidy todavía no ha visto el resultado de varios días de trabajo intensivo por parte de una cuadrilla de voluntarios. Primero van a la que hace las veces de su casa, un pequeño piso en la calle García Lorca, donde se han instalado, para ponerse las botas de agua. En el coche, ella confiesa:«Tanta ayuda que hemos recibido... no sé si en Bélgica nos la habrían dado, aquí la gente es muy cálida;el Señor se ha tenido que fijar en nosotros». Ella es venezolana-belga y él belga-español, pero desde este fin de semana no dudarán en sentirse tebeños.

Al llegar a la vivienda, Jaidy vuelve a emocionarse, aunque la tristeza se va desinflando al comprobar que ha podido recuperar algunas cosas, y que la labor de los voluntarios ha surtido efecto. «Hemos perdido casi todas las fotos de la niña, estaban en un ordenador;menos mal que hace poco revelé unas cuantas y el señor de la tienda tenía los archivos». Al poco rato abre una caja empapada, y extrae un sobre de plástico cerrado con una amplia sonrisa:son más instantáneas de Mía recién nacida, que se han salvado gracias al envoltorio.

«No podía salir de la planta baja, y empecé a pensar que me moría, que se acabó todo»

El resto, sin embargo, es pura destrucción. El patio trasero de la casa se ha convertido en un vertedero en el que se amontonan todos sus objetos personales. Los dormitorios estaban en la planta baja:«No quedó nada». Las camas, la ropa, los utensilios de cocina, los juguetes de Mía: un tractor acude cada día para ir retirando los restos y despejar el jardín, que además tenía un pequeño huerto y varios olivos, también desaparecidos. Además de lo material, los recuerdos borrados parece ser lo que más duele. «He perdido hasta el diploma de la universidad... es lo menos valioso, pero para mí era muy importante», destaca ella.

El río La Venta se desbordó en la madrugada del domingo, anegando toda la parte baja de Teba. José y Jaidy continúan trabajando por recuperar lo que se llevó el agua, pero empezar de cero se antoja imposible cuando lo más básico se ha convertido en una odisea. «Íbamos a utilizar la casa como aval para el crédito del negocio, pero... ¿qué nos van a dar por esto?», se pregunta José. El camino se hará largo, pero Teba les ha demostrado que no están solos.

Jaidy encuentra un disfraz y un peluche de Mía, además de su pasaporte y otra documentación. / F. T.

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