Cicatrices de la peor tormenta

Tramo cortado de la MA-468 que conecta Campillos y Teba, arrasada por la fuerza de un arroyo. /Fernando Torres
Tramo cortado de la MA-468 que conecta Campillos y Teba, arrasada por la fuerza de un arroyo. / Fernando Torres

Campillos, Teba y el resto de municipios afectados siguen luchando por recuperarse. El interior de la provincia ha conseguido retirar la mayoría del lodo, pero las infraestructuras públicas permanecen cerradas

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Las calles de Campillos todavía tienen heridas del temporal. Los trabajos intensivos han permitido retirar la mayor parte del lodo y el barro que hace un mes se adueñaron de la localidad, pero en las zonas más afectadas aún quedan marcas de uno de los días más aciagos en la historia reciente en el interior de Málaga (y el más pasado por agua en cuanto a litros por metro cuadrado en toda la provincia). Han pasado treinta y seis días desde que Campillos, Teba, Ardales, Carratraca y la Serranía de Ronda (entre otros) vieron como la lluvia les hacía pasar una noche de inundaciones, rescates, pérdidas y un amanecer marcado por el impacto de analizar las consecuencias del temporal a plena luz del día. La mayoría de vecinos han vuelto a guardar las botas de agua, pero el recuerdo permanece ahí, agarrado a un lugar del que probablemente no se irá nunca, mezclado con las trabas que muchos aún se encuentran en su día a día.

En la avenida del polideportivo y la piscina municipales de Campillos todavía se puede ver la acera levantada. En un tramo, la marquesina que se hundió dejando un socavón de varios metros permanece acotada, a la espera de los fondos que permitan reparar el trazado. Un poco más adelante, dos trabajadores del Ayuntamiento reponen las baldosas en la entrada de una tienda de telefonía y otra de decoración. «Aquí nos queda trabajo para rato». La bolsa municipal de empleo está corriendo más que nunca, pero queda «mucho por hacer», porque «mires donde mires» hay cosas fuera de su sitio. Los dos empleados recuerdan, entre capas de cemento, cómo vivieron aquella noche, pero sobre todo reflexionan sobre el futuro: «Esto no se nos olvidará nunca».

En las calles que bajan desde la avenida hacia el arroyo (la zona más afectada), se repite una escena en muchas viviendas: albañiles que reforman accesos, escaleras y puertas de garajes que cedieron ante la presión del agua. Se escuchan martillazos, cementeras y carretillas que acceden a muchos domicilios deshabitados temporalmente. «Los dueños no están, ni aquí ni en muchas casas», explica Juan, un albañil que lleva desdoblado trabajando desde que se marchó la Unidad Militar de Emergencias. «La mayoría de las paredes tienen que cambiarse, el agua ha podrido las estructuras, el yeso se cae, el suelo hay que levantarlo». Algo similar ocurre en Teba, en la zona de las Huertas de Torrox, donde los accesos a las viviendas y los patios siguen siendo un barrizal.

La parada de autobús que se hundió sigue acordonada.
La parada de autobús que se hundió sigue acordonada.

«¿Cómo escapaste?». «¿Estabas en el pueblo cuando las lluvias?». «¿Se os inundó la casa?». Los reencuentros entre vecinos están marcados por el 21 de octubre. Todos, directa o indirectamente, han perdido algo, y la conversación acaba girando en torno a aquellas horas en las que muchos durmieron en su coche, en casa de un amigo o en una gasolinera.

A escasos metros de la casa en obras donde Juan y su compañero reponen la cobertura de las paredes, dos trabajadores levantan los restos del muro que delimita las pistas deportivas del IES Camilo José Cela. De fondo, los alumnos disfrutan del recreo, pero sin baloncesto. «Aquí tenemos todavía para dos o tres semanas», comenta uno de ellos. En la zona hay varios parques que todavía no han vuelto a la normalidad, principalmente porque no deja de llover, pero también por las dificultades técnicas de las labores de limpieza, y porque las ayudas llegan con cuentagotas.

Pero también hay espacio para el optimismo. La floristería La Buganvilla, que quedó completamente inundada, lleva dos días abierta. Una de sus propietarias, Isabel, explica que las lluvias acabaron con toda la campaña del día de Todos los Santos, uno de los más importantes en el mundo de las flores. «Llevamos un mes entero cerrados, limpiando a mano pieza a pieza, ha sido duro». Entre quienes ya han vuelto a la normalidad y los que siguen luchando por recuperarla, el barro ha dejado paso a unas cicatrices que nunca se irán.

José Gil, único daño irreparable

«Somos bomberos, tenemos que seguir trabajando aunque a veces cuesta». Al cumplirse un mes de aquella noche, los miembros del Parque de Bomberos de Antequera han retirado el crespón negro que recordaba a su compañero fallecido el 21 de octubre, José Gil. Su taquilla, sin embargo, sigue intacta. «Nadie quiere utilizarla», explica José Espinosa, director del centro. El recuerdo del que era amigo de todos sigue presente, y así seguirá, guardia tras guardia.

Lo que empezó siendo una noche de servicio más «se fue complicando por momentos». El accidente en el que José perdió la vida martilleaba las mentes de todos los efectivos que salieron a rescatar a vecinos afectados, pero no les apartó de su labor. «Muchos trabajaron sin descanso buscando a su compañero, hasta que lo encontraron sin vida». Aunque el tiempo se paró lo justo para llorar a un amigo, las llamadas seguían llegando desde la central, y había que responder. «En estas situaciones hay dos opciones:o pararse o seguir, y solo podíamos escoger una».

Han pasado los días, han recibido el apoyo de diferentes instituciones y de compañeros «de todo el país, incluso desde Galicia y País Vasco». Sin embargo, en el corazón del director se ha quedado un vídeo que prepararon alumnos de Campillos, en el que agradecían la labor de aquella noche. Las sirenas siguen sonando en el cuartel, y desde aquél día recuerdan el único daño irreparable del temporal.

Las ayudas no llegan y las manifestaciones podrían volver

Una de las prioridades cuando pasó el temporal, además del barro y el lodo, era devolver el agua potable a los grifos. Campillos ha tenido que invertir más de 200.000 euros en reponer las redes de Majavea y Peñarrubia, explica el alcalde Paco Guerrero. Una cifra similar ha tenido que desembolsar Teba, apunta el regidor Cristóbal Corral. Las dos localidades pasaron dos semanas a base de camiones cisterna y «miles» de litros de agua embotellada que llegaba de palet en palet, en muchos casos enviados por asociaciones benéficas.

Pero todavía queda mucho por hacer. En Campillos los daños ascienden a diez millones de euros según los peritos, lo que supera en dos millones el presupuesto anual de la localidad. En Teba tienen la mayoría de la zona baja gravemente afectada y hasta ahora solo han recibido 137.000 euros de la Junta de Andalucía, que no alcanza a cubrir siquiera las obras de la red de agua potable. Además, la A-357 sigue en obras, el acceso a Ardales está cortado y el de Carratraca necesita una intervención.

Entretanto, las ayudas «no llegan», denuncian los regidores. Guerrero lo tiene claro:«No podemos esperar más, estamos barajando volver a movilizarnos porque sin el dinero de las administraciones no podemos hacer más que limpiar».

 

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