Campillos, el centro de la tormenta

Tareas de limpieza esta tarde en Campillos. / SUR

La Guardia Civil movilizó los tractores y vehículos pesados disponibles para transportar a las personas que se habían quedado atrapadas

FERNANDO TORRES

La madrugada del domingo se hizo demasiado larga en Campillos. Desde las doce de la noche comenzaron a vivirse momentos muy complejos a consecuencia del desbordamiento del arroyo Blanquillo, que sortea parte de la zona baja de la localidad. El agua invadió calles y avenidas, inundando a su paso viviendas y comercios, arrastrando vehículos y derribando muros. Los vecinos se vieron sorprendidos por la rapidez del caudal, que convirtió cualquier punto del municipio en una ratonera. Los primeros balances hablaban de varias decenas de personas atrapadas en vehículos, encaramados en tejados y hacinados en establecimientos públicos sin poder moverse.

Además, los principales accesos quedaron completamente impracticables, tanto desde Antequera como Ardales. El resultado:varios centenares de personas inmovilizadas por la Guardia Civil, a la espera de ayuda, en un autobús de transporte, en gasolineras e incluso en un salón de bodas, donde la celebración se alargó forzosamente. Fue entonces cuando se hizo un llamamiento que sorprendió a todo Campillos. La Guardia Civil montó un puesto de mando avanzado en el acceso a la localidad por Antequera, y desde allí pidió mediante un comunicado urgente del Ayuntamiento que todos los propietarios de vehículos pesados, agrícolas o de construcción en condiciones de conducir se reunieran en una gasolinera cercana. La insólita convocatoria surtió efecto, y en pocas horas acudieron decenas de tractores haciendo frente a las corrientes, creando una flota civil que se puso a las órdenes de la Benemérita.

Según explicaron a SUR fuentes del operativo, se dio prioridad a las situaciones más urgentes: vehículos atrapados, vecinos sin poder volver a casa y otras incidencias graves, incluidos los cincuenta pasajeros de un autobús que permanecieron atrapados a las afueras del municipio durante más de tres horas y una veintena de personas que tuvieron que subirse al tejado de sus casas en la zona de la depuradora.

Poco a poco consiguieron ir solventando las situaciones más críticas pese a la oscuridad y a que la lluvia no dejó de caer con gran intensidad. Mientras, los accesos permanecían cortados, y tan sólo el de Ardales se iba abriendo de forma intermitente para permitir el paso de algunos conductores. El de Antequera estuvo cortado hasta bien entrada la tarde.

La flota de tractores continuó con su labor durante el día, ayudando a desatascar puentes, a remover los residuos que salían de las viviendas y haciendo las veces de taxistas en las zonas menos transitables. El alcalde de la localidad, Francisco Guerrero, reconoció a SUR que se vivieron momentos de «gran tensión», llegando a sentirse «desbordados» por la cantidad de avisos que se produjeron de forma simultánea. «Hemos tenido mucha suerte de que la Guardia Civil y el 112 se hayan coordinado de esta manera», apuntó justo después de que uno de los helicópteros de la benemérita despegase de nuevo para proseguir con el salvamento. La Unidad Militar de Emergencias llegó a la localidad por la tarde.

En la calle, todo el municipio ayudaba para hacer frente a las consecuencias de la tempestad. El dolor de las pérdidas y los nervios de una noche que no les dio respiro se mezclaban inevitablemente con los numerosos gestos que recorrían cada vivienda anegada. Gestos de cariño y abrazos de apoyo a quienes vieron su vivienda o negocio desaparecer. Además, se respiraba un cierto sentido de la responsabilidad por la muerte del bombero que se dejó la vida tratando de ayudarles.

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