Los acusados del asesinato de Lucía Garrido niegan los hechos y hablan de un complot

Los acusados del crimen de Lucía, ayer, en la sesión del juicio. /Migue Fernández
Los acusados del crimen de Lucía, ayer, en la sesión del juicio. / Migue Fernández

El fiscal habla de un crimen «premeditado y cobarde» y cambia de criterio sobre la expareja de la víctima, al que «posiblemente» acusará de cómplice

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

El juicio por el asesinato de Lucía Garrido (35 años), cuyo cadáver fue hallado con golpes en la cabeza y un corte en el cuello en abril de 2008 en la piscina de su domicilio en Alhaurín de la Torre, arrancó ayer con las declaraciones de los cuatro acusados del crimen. En el banquillo se sientan M. A. H., expareja de Lucía y padre de su única hija; dos ex guardias civiles, A. P. L. y J. A. B. V.; y el presunto autor material, A. V. G. Se enfrentan a peticiones de pena que van de 23 años y medio a 29 años de cárcel. Todos negaron su implicación en los hechos y se declararon víctimas de una confabulación.

La maratoniana sesión de ayer, que se extendió hasta última hora de la tarde, comenzó con los alegatos de las partes. La principal sorpresa fue el cambio de criterio de la Fiscalía respecto a la expareja. Si bien en el escrito de conclusiones provisional no acusaba a M. A. H., el representante del Ministerio Público avanzó ayer que «nunca se le consideró inocente» y que «posiblemente al final del juicio lo acusaremos de ser cómplice del delito de asesinato».

El fiscal aclaró su postura respecto a la expareja de Lucía: «Sabía que iban a matarla entre el 28 y el 30 de abril y pudo ayudar al sicario, copiando la llave (que el asesino presumiblemente usó para acceder a la finca Los Naranjos), informando sobre las costumbres o retirando a los perros que cuidaban la finca». Asimismo, calificó el asesinato de «premeditado y cobarde»: [Lucía] «sabía demasiado» de actividades que supuestamente podrían vincular a los acusados con hechos delictivos y estos temían que iba a contar lo que sabía».

Pero el primero en testificar fue el presunto autor material. La acusación contra él se apoya en una llave hallada en el escenario del crimen, detrás de una tinaja, de la que inicialmente no se pudo extraer ADN, pero que ocho años después y gracias a los avances en criminalística, según la Guardia Civil, sí se obtuvo material genético que lo incrimina. La otra prueba es la declaración de un testigo protegido que lo sitúa en una reunión en un bar de Torremolinos donde según él se habría planificado el crimen. El fiscal dijo que «la mató por dinero».

«Cabeza de turco»

A. V. G. aseguró al jurado que se dedica a la compraventa de coches. Negó con vehemencia que hubiese ADN suyo en la llave. Las acusaciones –tanto el fiscal como las particulares– le preguntaron por qué iba a querer involucrarlo la Guardia Civil en el crimen, a lo que él respondió que desconocía el motivo: «La única explicación que encuentro es que hacía falta un cabeza de turco [señaló reiteradamente a Asuntos Internos] y, como tengo antecedentes, pues yo mismo». Sobre el testigo protegido, que sigue sin ser localizado, recordó que «está condenado por extorsión a 12 años en Colombia y diría cualquier cosa con tal de venir a España».

A. V. G. mantuvo que ni conocía a Lucía, ni a su expareja y coacusado, M. A. H. –al dijo haberse encontrado por primera vez ya en los calabozos dos años después de su encarcelamiento– ni haber pisado jamás la finca Los Naranjos. Tampoco conocía, según sostuvo, al exagente J. A. B. V. Con el único que admitió haber tenido alguna relación fue con el ex guardia civil A. P. L., a quien las acusaciones sitúan como presunto autor intelectual del asesinato y a quien relacionan con el narcotráfico.

Según dijo, se conocían del mundo del karting y el motocross y de ahí devino su único desencuentro por el impago de 30.000 euros que, según él, A. P. L. le prometió para que no pujara por la concesión de un circuito de karting. Insistió en su coartada: manifestó que el día de autos (30 de abril de 2008) estuvo en Málaga, con el coche de la autoescuela, sacándose el carné de conducir, y que volvió a Fuengirola sobre las 15.30 horas para celebrar con su familia el cumpleaños de su madre.

Sin antecedentes

El segundo en testificar fue precisamente A. P. L., quien rechazó en todo momento ser autor intelectual del crimen. Jubilado de la Guardia Civil desde 2013, afirmó haber conocido a M. A. H. después del crimen de Lucía, en una visita con la familia organizada por un tercero –testigo en el caso– para ver los animales que éste custodiaba en la finca. Recalcó que no tiene antecedentes y que las únicas investigaciones contra él –una por omisión del deber de perseguir delitos y otra por amenazas– fueron archivadas. Juró que jamás participó en reunión alguna donde se planificara la muerte de alguien: «Si supiera quién ha matado a Lucía, lo declaro en el acto, no espero a que venga Asuntos Internos a preguntarme». Lamentó haber estado dos años en la cárcel «por unos hechos con los que no tengo nada que ver» y, como el anterior, acusó a agentes de Asuntos Internos de haberle hecho pasar un «infierno» y haber manipulado pruebas contra él. Cuando le preguntaron por qué, dijo: «Habré hecho algo que ha molestado a alguien», en alusión a que, cuando estaba en activo, investigó a guardias civiles corruptos, según sostuvo.

Su compañero J. A. B. V., a quien las acusaciones sitúan a la sombra del anterior, también negó conocer antes del crimen a los otros procesados y a la víctima, afirmando a que está en esta causa «por Asuntos Internos». «Mi profesión es guardia civil, ni ladrón ni narcotraficante», dijo.

Por su parte, la expareja de Lucía aseguró que quiere «que se aclare todo» y, preguntado por el motivo del crimen, respondió: «Yo ya no creo en nada». Declaró que conoció a los exagentes después de la muerte de Lucía, a la que negó haber maltratado a su expareja, pese a las constantes denuncias de ésta, y reconoció que ella «estaba poniendo problemas» para mantener el negocio de animales exóticos que él tenía. También negó que la finca fuera una guardería de drogas, como dicen las acusaciones, y alegó que tras separarse de la mujer ella había cambiado las llaves. Sobre este extremo, su defensa insistió en que hacía falta llave tanto para entrar como para salir de la finca y que la Guardia Civil no halló indicios de escalo en el muro. M. A. H. se defendió diciendo que había más personas –las que habían ido trabajando para él en la finca– que tenían llaves de ese portón, aunque insistió en que no hacía falta tenerlas para entrar, y que no retiró a los perros guardianes aquella jornada, sino que los encerraba de día y los soltaba de noche. Sobre sus viajes fuera de Málaga los dos días previos y también el del crimen, que constituyen su coartada, los justificó diciendo que se desplazaba frecuentemente a centros zoológicos para adquirir o cambiar animales, y que conservaba los tickets para aportarlos como gastos.