El arte de fabricar sin fábrica

Cada vez más asequibles y flexibles, las impresoras 3D están llamadas a revolucionar la fabricación de los productos

IKER CORTÉSMADRID
Una impresora 3D industrial. Foto: Paloma Ucha/
Una impresora 3D industrial. Foto: Paloma Ucha

El Consumer Electronics Show de Las Vegas ha confirmado este año lo que ya parecía intuirse en la edición de 2012: que las impresoras en tres dimensiones van a revolucionar el mercado. Un stand, el que MakerBot Industries levantó en la feria tecnológica, desvelaba que las impresoras 3D más básicas aquellas destinadas a la producción de prototipos están ya al alcance de algunos bolsillos.

Otro, el que había puesto en marcha un gigante asiático como Panasonic, daba a conocer al público un nuevo televisor elaborado con estas técnicas, demostrando que algunas de estas máquinas son capaces de ofrecer producto ya finalizado.

«Es solo la punta del iceberg de una tecnología que está dando sus primeros pasos pero que posee un potencial increíble», afirma Íñigo Felgueroso, director de la Fundación Prodintec, un centro tecnológico afincado en Asturias que tiene como objetivo ayudar a las empresas a mejorar su competitividad. Y en ello las impresoras 3D podrían desempeñar un papel clave.

Trabajan con los archivos con los que operan los programas de ordenador para hacer modelado en tres dimensiones. Polvo o filamentos de materiales como plásticos y aceros son la materia prima que, mediante un sintetizador láser, la máquina va aglutinando en sucesivas capas hasta que se compacta y consolida, dando forma a la pieza que se ha diseñado desde el PC.

De esta forma se rompe con el paradigma de la fabricación sustractivaaquella basada en despojar la parte sobrante del material en bruto y se apuesta por una fabricación aditiva en la que solo se coloca materia prima allá donde se necesite. «Esta forma de producir comenta Felgueroso, permite optimizar los diseños de forma rápida e ir cambiando aquellos aspectos que no funcionen en el producto». Y aunque no pueden competir en costes con las grandes cadenas de montaje, sí que permiten al empresario iniciar un negocio «sin que tenga que asumir grandes riesgos».

De precios y futuro

Antes de que las impresoras 3D revolucionen la industria deberán bajar los precios. Las máquinas que ocuparán las imprentas del futuro no son baratas y su precio depende del material con el que trabajen. Las que utilizan plástico oscilan entre los 150.000 y los 300.000 euros; las de materiales como el acero y el alumino, entre 400.000 y 600.000 euros , y si hacen uso de arena o plásticos técnicos rondarían el millón de euros.

Pero, ¿qué pasa con las máquinas destinadas al gran público? A buen seguro, en unos años pasarán a formar parte del mobiliario de los despachos de arquitectos e ingenieros que necesiten validar diseños y realizar maquetas. Después, quizá, lleguen a los particulares. No es descabellado imaginar un futuro a medio plazo con impresoras 3D en los hogares.

Diseños en Internet

Y para muestra un botón: hace unos meses el famoso buscador de enlaces P2P The Pirate Bay añadió una categoría dedicada a modelos 3D de piezas físicas, lo que vaticina un futuro en el que, además de discos y películas, los internautas se bajarán diseños en 3D. Felgueroso deja volar la imaginación: «Si a alguien se le rompen las zapatas de los frenos de la bici, se las podría bajar de internet e imprimirlas en casa o en una imprenta».

Ya hay, incluso, proyectos que buscan llevar impresoras 3D económicas al consumidor medio. Además de una iniciativa de crowdfunding, existen modelos de impresoras a la venta en Internet, como Printrbot y RepRap, que oscilan entre los 500 y los 1.400 euros. ¿El truco? El usuario sólo recibe las piezas y debe encargarse de montarlas, como sucedía con los primeros ordenadores.

Pero el ejemplo a seguir es el de MakerBot. Hasta el momento la compañía ha vendido 13.000 impresoras y se ha hecho con el 21%del mercado. Su último modelo, Replicator 2X, cuesta alrededor de 2.100 euros y basta con desembalarla para empezar a experimentar con ella.

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