El hogar feliz de Mina Milutinovic y Nemanja Nedovic

El jugador del Unicaja y la modelo disfrutan del sol y la vida al aire libre en su casa de Benalmádena

El hogar feliz de Mina Milutinovic y Nemanja Nedovic
LORENA CODES

Cuando se habla del mundo de la moda, y más concretamente de las modelos, se corren dos peligros. Bueno, a lo mejor alguno más. Se puede frivolizar y caer en el tópico fácil, o todo lo contrario, intentar convertir en naif una profesión que pocas veces muestra una cara amable a quien la ejerce. Las páginas de sociedad están llenas de ejemplos de ambos casos. Y, sin embargo, a veces alguien se sale del guión y cuesta retratarlo. La naturalidad con la que Mina Milutinovic asume su faceta de supermodelo y su imponente físico contrasta con el escaparate de vanidades que ofrece un sector eternamente asociado al plástico y el oropel.

La mina del apellido impronunciable (al menos para el andaluz medio) sobrevuela el asfalto sin pisarlo, despilfarrando sonrisa como si nada, enmarcada en un rostro pintado de un solo trazo y con una mirada frontal y cándida, sin ambages. Lo único que parece faltarle para ser un ángel son las alas. Y no precisamente las de la famosa firma de lencería americana que cada año detiene el mundo con su desfile de bellezones, una pasarela a la que, por cierto, aspira la modelo serbia. «Es uno de los retos profesionales que más me motivan desde siempre», confiesa. Con solo diez años su madre la llevó a una escuela de modelos en su Smederevonatal y ocho años más tarde, recién cumplida la mayoría de edad, la maniquí se alzó con el título de Top Model of the World 2012. Este certamen le cambió la vida y le abrió las puertas a un nivel superior en su carrera como modelo. Llegaron los trabajos para grandes firmas, los viajes y las campañas de prestigio, años que está disfrutando pero siempre con la conciencia de que es una profesión con fecha de caducidad.

Vestida de forma casual (asegura que suele ir por casa con las camisetas de su chico), Milutinovic abre la puerta de su villa en Benalmádena, la que comparte con su pareja, el jugador del Unicaja Nemanja Nedovic, con la sencillez de quien se sabe supernova y no necesita guardar la postura. Lo mismo que Nedovic, que también decide aparcar las chanclas para la foto. Les acompaña, travieso, su perro Bruno, un labrador de pelo largo al que la pareja adora, a juzgar por la invasión de juguetes caninos que recorre toda la vivienda. Se trata de una villa rodeada de jardín, con tres habitaciones, piscina y vistas al mar. Coqueta pero comedida, nada ostentosa. El propio Nedovic se encargó de buscarla cuando se mudaron a Málaga. «Aquí tenemos todo lo que necesitamos, estamos juntos, rodeados de naturaleza y tenemos paz, así que esto es un hogar para nosotros», sostiene. Y es que, a pesar de que apenas llevan dos años juntos, la modelo lo ha seguido en sus diferentes destinos profesionales, en el Valencia Basket y anteriormente en el Golden State Warriors en Oakland (California). La etapa americana juntos fue «breve pero muy intensa y satisfactoria, nos encantaba la vida allí», afirma. De hecho, comenta que hay similitudes entre el estilo de vida de la costa oeste americana y el de aquí. El clima, por ejemplo, les encanta: «Bajamos muchísimo a la playa a pasear con Bruno, solemos disfrutar del aire libre y la naturaleza de Málaga cuando tenemos tiempo». Del mismo modo, cuando sus continuos viajes se lo permiten, Milutinovic acude a la cancha a animar a Unicaja, con cuya afición se siente muy identificada. «There is an amazing atmosphere!» («¡Hay un ambiente increíble!»), espeta espontánea la modelo.

Y es que Mina vive maleta en mano, si no es por algún trabajo de pasarela o publicidad, es para realizar exámenes en la Universidad de Belgrado, donde estudia tercero de Derecho. «Voy y vuelvo lo antes posible, a Nemanja no le gusta quedarse solo en casa», admite con un gesto de enamorada adolescente que la delata. «Él me encanta porque es muy divertido, somos los mejores amigos, nos gusta mucho hacer cosas juntos, ir al cine o ver series como The walking dead o Breaking bad en casa», añade.

Tampoco es difícil verla pasear por la capital malagueña (donde le gusta ir de compras por el centro) o cenando en los restaurantes de Marbella, tal y como queda constancia en sus redes sociales, donde acumula miles de seguidores. «Estamos felices, nos encanta nuestra vida aquí y lo cuento tal cual, aunque intento llevar un equilibrio entre nuestra vida pública y la privada», reitera. «Lo único que echo de menos de Serbia es mi familia, ¡me los traería a todos!», subraya, mientras dibuja en el horizonte un futuro en el que le gustaría volver a intentar la aventura americana para regresar a su país una vez agotadas sus carreras como modelo y deportista, respectivamente. «Disfrutar de lo que venga con tranquilidad». Pues sí, parece haber nacido para desterrar tópicos.

 

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