Un conductor de autobús desaloja a todo el pasaje por no ayudar a subir al vehículo a un discapacitado

El discapacitado recibió numerosas muestras de apoyo tras su denuncia en las redes sociales. /R. C.
El discapacitado recibió numerosas muestras de apoyo tras su denuncia en las redes sociales. / R. C.

El propio discapacitado explicó en las redes sociales lo sucedido

Susana Zamora
SUSANA ZAMORA

Pudo haber sido un contratiempo más del día; quizá una anécdota que sumar al final de una larga jornada de trabajo, pero se convirtió en un incidente intolerable, que encendió las redes y se extendió como la pólvora. Al volante del autobús de línea que conduce desde hace años por las calles de París, este trabajador ha visto de todo. O casi. Porque hasta hace unos días no había comprobado lo insensible que puede llegar a ser la naturaleza humana.

Jamás había vivido nada igual, pero no dudó en tomar una decisión que, aunque arriesgada por las posibles consecuencias laborales, le ha valido el reconocimiento de una sociedad que aplaude su gesto solidario.

Aunque prefiere seguir siendo una persona anónima, este chófer ha sido elevado a la categoría de héroe después de echar a la calle a todos los pasajeros porque se habían negado a ayudar a subir al vehículo a un hombre en silla de ruedas. El propio discapacitado explicó en las redes sociales lo sucedido. «Ayer, esperando el autobús en París, nadie quería hacerme sitio. Como nadie se movía, el conductor se levantó y gritó: ¡Se acabó! ¡Todo el mundo abajo!'. Después vino a verme y me dijo: 'Usted puede subir y los otros que esperen al siguiente autobús'».

Todo ocurrió cuando al llegar a la parada en que el discapacitado esperaba junto a su hermano no hubo nadie que le hiciera hueco en el abarrotado transporte público para que pudiera acceder por la rampa adaptada. Fue tal la indignación que sintió el conductor, que decidió desalojar el vehículo entero ante la atónita mirada de unos viajeros que, pese a sus reiteradas protestas, acabaron bajando. No le tembló el pulso, y luego lo argumentó: «No sabemos si algún día nosotros, un familiar o un buen amigo podrá sufrir una invalidez. Pero está claro que a nadie le gustaría ser tratado como tal».

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