Una sonrisa en pie de guerra

La pionera del fotoperiodismo Christine Spengler protagoniza un documental premiado en el Festival de Málaga

Christine Spengler, ayer junto al Museo Picasso Málag.a /Salvador Salas
Christine Spengler, ayer junto al Museo Picasso Málag.a / Salvador Salas
Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Hace tiempo que luce vivos estampados porque durante años sólo se permitía el negro riguroso. Era su manera de camuflarse cuando llovían bombas en Vietnam, Afganistán o Kosovo, entre la metralla de Nicaragua o Irak. Y al volver a casa desde cualquiera de aquellos frentes, Christine Spengler siempre paraba en un mercado cercano para comprar flores y quitarse así el «olor a muerte». La pionera del fotoperiodismo lo cuenta sin un gramo de épica, con una sonrisa distraída, casi pícara, más atenta a pasarlo bien que a los detalles de todas las vidas que caben en su biografía.

Spengler protagoniza 'Moonface, una mujer en la guerra', el documental dirigido por Xavi Herrero que ayer recibía la Biznaga de Plata en la sección 'Afirmando los derechos de la mujer' del Festival de Málaga. Spengler transita del español al inglés y el francés durante la conversación a medio camino entre el Cine Albéniz y el Museo Picasso Málaga. «El mundo de la fotografía es muy machista. Me he dado cuenta de que cuando muere un compañero se hacen un montón de homenajes y de libros, pero cuando han muerto algunas de mis compañeras, apenas nada», lamenta la fotógrafa francesa que ha trabajado para Associated Press, la agencia Sipa o la revista 'Life'.

«Cuando mis padres se divorciaron me vine a vivir con siete años a Madrid, donde mi tía Marcelita me llevaba dos veces por semana al Museo del Prado. Allí ella se quedó sorprendida de que yo prefiriera enseguida a Goya, tan trágico, a las jovencitas tan bien vestidas de Velázquez», recuerda Spengler (1945). «Mi único maestro ha sido Goya», reitera la autora, que empezó a estudiar Literatura Española y Francesa en el Liceo Francés con la intención de convertirse en escritora. Sin embargo, cumplidos los 23 años, tomó la cámara de su hermano pequeño Eric durante su viaje por Chad. Y desde entonces no la ha soltado. Tampoco la sonrisa, pese a todo lo visto y vivido.

Sin pie de foto

«Nunca había tocado una cámara fotográfica en mi vida, ni sabía quién era Robert Capa, aunque hoy escriban de mí que soy la Robert Capa femenina. En ningún caso nuestras fotos se parecen, porque él ha sido muy influenciado por el cine, hacía secuencias. Mientras que mi jefe en Saigón el único consejo que me dio y que he seguido siempre es 'Una buena foto no necesita pie'. Intento resumir una situación con una foto. Eso sí, como Robert Capa, mi gran obsesión es huir del sensacionalismo. Él nunca saca fotos de sangre, de cuerpos despedazados. La tragedia de la Guerra Civil española la lees en los ojos de las personas», sostiene Spengler, que estos días protagoniza la retrospectiva 'L'Opéra du munde' en el Museo de la Fotografía Charles Nègre de Niza.

'Moonface, una mujer en la guerra' recibe la Biznaga de Plata en la sección 'Afirmando los derechos de la mujer'

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Spengler apura su café solo sin azúcar, enfila la alfombra roja de la calle Alcazabilla y en medio de la charla informal deja pistas de su fortaleza de carácter. Primero, en las negociaciones con Salvador Salas durante la sesión de fotos para ilustrar estas líneas.

Y después, al rememorar sus años en el frente con la cámara al ristre. «Es un mundo muy machista en el que no quieren mujeres. Cuando llegué a Vietnam, un amigo fotógrafo me vio en el 'hall' del Hotel Continental y me dijo 'Malditas mujeres, ¿qué vendrán a hacer a nuestro terreno?'. Era mi cumpleaños y él lo sabía, así que al día siguiente pegó en la puerta de mi habitación en el hotel. Traía un regalo: un casco. Le dije que se lo podía poner donde quisiera», ofrece Spengler antes de rematar: «Ellos no llevaban casco, pues yo tampoco». Y entonces guiña, divertida, quitándole hierro al asunto.

Christine Spengler