«Hay cosas que no he podido contar porque mi familia está viva»

La directora Natural Arpajou presenta su película 'Yo Niña' en ZonaZine. /Migue Fernández
La directora Natural Arpajou presenta su película 'Yo Niña' en ZonaZine. / Migue Fernández

Natural Arpajou es la directora de 'Yo niña', una película que ha causado sensación en el Festival y que tiene trazos de una infancia muy especial

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Cuando se produce este encuentro, una señora se acerca a nuestra protagonista para contarle cómo le ha impresionado su película. No es la primera vez que le pasa desde que vino a Málaga hace algunos días a Natural Arpajou, guionista argentina que acaba de presentar en ZonaZine su primer largometraje tras una relevante carrera en el formato corto. 'Yo niña', su película, ha tardado casi 10 años en materializarse y habla de una infancia apartada del mundo, de una hija cuyos padres toman la decisión de vivir en el campo como unos auténticos 'outsiders'. El rodaje ha sido duro por el clima de lugares inhóspitos y por la propia experiencia vital de quien la ha hecho posible. Vamos a un bar a comer algo y empezamos a hablar de su vida: «De pequeña también pasé hambre, y no precisamente porque mis papás no tuvieran plata para comer».

Haber sido criada en una especie de comuna 'hippie' suena exótico y tendrá sus luces, pero al final las sombras de las relaciones familiares emergen en todos los ámbitos.

–Mis papás me decían que ellos no eran 'hippies' pero, entonces, ¿qué eran? ¿Bohemios? Vivíamos en lugares muy remotos, en mil sitios distintos. Éramos unos nómadas, sin escolaridad, sin hospitales. No hay nada bueno en haberse criado en lugares así. Ellos querían hacer un mundo nuevo y vivir en armonía y vivieron así hasta que se empezaron a maltratar los unos a otros. Cuando faltaba comida ya no eran tan generosos. La naturaleza humana no está preparada para ciertas cosas.

Entonces una comuna 'hippie' no es un buen lugar para casi nada, ¿verdad?

–En esos lugares las condiciones para vivir no son buenas. Mire, a mí se me cayó encima una cafetera hirviendo por todo el cuerpo. Tuve suerte de estar cerca de un lago con agua helada. Me metieron en seguida y luego, cinco horas en una mula hasta el médico más cercano. Si no me hubieran metido en el agua tendría la piel marcada de por vida. Si uno quiere cambiar el mundo no tiene que irse a la Patagonia, lo puede hacer aquí. Yo no viviría en esos sitios. A mí me encanta vivir en la ciudad y no lo cambiaría. Aquí es donde uno puede realmente hacer las cosas. Está bien como un retiro, pero no para vivir.

«No hay nada bueno en haberse criado en una comuna», advierte la directora argentina, que ha pasado una niñez aparte del mundo

–¿Cuánto de lo que aparece en su película es autobiográfico?

–Solo cuento un 20% de lo que a mí me tocó vivir. Cuando me enteré, siendo veinteañera, de la realidad de mi identidad escribí un montón de cosas, todas muy densas. Por suerte no obtuve la suficiente plata como para hacerlo. Seguí mi vida, fui creciendo y quise darle a mi historia una estructura de guion. La mayoría de las cosas que aparecen en mi película me pasaron, aunque yo me guardé la esencia.

–¿La realidad que usted vivió era mucho peor?

–Mi vida era mucho más fuerte. Tenía unos padres empeñados en hacer un mundo perfecto a su manera pero que me estaban haciendo mucho daño. No lo he contado todo porque para mí no era necesario meterme en todo el fondo. Hay cosas de las que no se puede sacar nada bueno. Lo malo no te hace fuerte, es innecesario. Hay cosas de las que no se aprende nada y que no hacen falta vivirlas.

–¿Hay más motivos por los que no lo ha contado todo?

–Sí. La producción, por ejemplo. En Argentina hay problemas para hacer películas y también tuve que adaptarme a las exigencias de producción. En mi guion había muchos animales, escenas por varios lugares del mundo… Por ejemplo, con tres personas no se puede rodar una fiesta con desborde como con 50 extras, que fueron las que yo presencié.

«Mis padres querían hacer un mundo nuevo y vivir en armonía, hasta que faltó la comida y se empezaron a maltratar»

«La naturaleza humana no está preparada para vivir ciertas cosas»

Además, emocionalmente, contar las cosas también tiene un coste. ¿Sus padres han visto la película?

–Solo mi madre, a escondidas, y ya lo mismo ni me habla. Hay cosas que no he podido contar porque mi familia está viva. Si hubiera contado mi verdadera historia, la película habría sido mucho más dura. Quizás demasiado. Y no era necesario.

–¿Contarlo sirve para superar los traumas, como una terapia?

–La verdad es que sí, aunque yo no lo veo tanto como una terapia sino como un exorcismo. Ahora veo que esos hechos forman parte del pasado. Hay que escribir desde las vísceras lo que te pasa y comunicarlo. No para dar pena, sino para hacernos más fuertes.

Además