«La pista de baile es un escenario para la protesta»

El director de 'I hate New York', Gustavo Sánchez, en el Theatro Club. /Fran Acevedo
El director de 'I hate New York', Gustavo Sánchez, en el Theatro Club. / Fran Acevedo

El Festival de Málaga estrena hoy 'I hate New York', un documental sobre la cultura underground, la noche y el activismo

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Hay ciudades que atrapan y acogen a las personas de tal manera que se convierten en refugios políticos y conector de los marginados. Ese es el caso de Nueva York, una ciudad en la que puede pasar cualquier cosa y con una escena nocturna pionera en todo el mundo. Gustavo Sánchez (Úbeda, 1978), periodista afincado en Barcelona, también se sintió atrapado por un territorio que ha visitado durante diez años acumulando entrevistas con una cámara que cabe en un bolsillo y por supuesto sin guion, de una forma muy libre hasta que descubrió el nexo de todas en la mirada de cuatro protagonistas. «Empecé a grabar sin saber para qué, quería descubrirlo por el camino. El motivo por el que fui a Nueva York fue para vivir una experiencia personal y profundizar en el mítico 'underground' que conocía y que no veía en el relato standard de 'I love New York' como una ciudad anodina y dulcificada».

Un gran problema del 'underground' es que no hay dinero y que llega un momento en la vida en el que no puedes seguir trabajando gratis. «Me he gastado todos mis ahorros en hacer este documental. No quería depender de una financiación y tampoco tenía prisa. Estaba día y noche en la calle haciendo entrevistas para capturar la cultura nocturna radical, pero también el alma y los sentimientos de personas que me he encontrado allí con una apertura de mente impresionante que pocas veces se recoge, y que tenía que salir a la luz porque son discursos útiles y que no abundan. A mí me gustaría que este documental sirviera para hacer avanzar un poco más a la sociedad porque es más cerrada de lo que aparenta».

Su director, Gustavo Sánchez, estuvo diez años grabando a las cuatro protagonistas transgénero por el subsuelo de la ciudad

Estuvieron tres años dando forma a todo ese material, y Lucía Etxebarria ayudó a encontrar el hilo narrativo para condensar 150 horas en 75 minutos. Entonces la historia se centró en la vida de cuatro protagonistas que circulaban alrededor del 'underground' de Nueva York y que llevan el activismo hasta las últimas consecuencias. 'I hate New York' es un poderoso relato de la noche entendida como un instrumento de activismo político y una muestra del 'trash' después de la modernidad. Todo durante diez años, un tiempo considerable para ofrecer una lectura fiable del movimiento y de estas vidas. La diferencia la marcó la entrada en la producción de los hermanos Bayona. «Se enamoraron de las historias, entraron en un momento crucial y son quienes le han dado un acabado profesional que ha sido la clave. Esta película no existiría si los Bayona no hubieran apostado por ella».

Amanda Lepore y Sophia Lamar, reinas del underground trans.
Amanda Lepore y Sophia Lamar, reinas del underground trans. / SUR

'I hate New York' refleja el submundo mientras que nos enseña que se puede hacer política desde la cotidianeidad y que hay muchas formas de activismo, representadas aquí en cuatro protagonistas que son pioneras en emplear la pista de baile como un espacio para la protesta y lanzar su mensaje mediante su forma de vida, especialmente la nocturna, y construir su propia identidad. Tampoco se rechaza el hedonismo. «Estamos habituados a entender la protesta desde el lamento y el dolor pero la diversión nunca ha sido considerada como una forma de activismo porque está asociada a la frivolidad». Una las protagonistas es Amanda Lepore, icono mundial de la transexualidad y una referencia del movimiento trans, musa de David LaChapelle: una persona que para hacer activismo sólo tiene que ser ella misma. «No todo el mundo tiene la capacidad de vivir su vida y sentirse realizada, hay gente que está muy frustrada y que no llegan a ser quienes quieren ser. Otro personaje, Chloe, tiene otra forma de activismo muy diferente. En los 90 iba a las comisarías a explicarle a los policías cómo tratar a las personas trans. Ha sido siempre muy política». La aparente apertura es solo un espejismo y en el documental, rodado todavía con el temblor post 11-S, se dice que la gente está enamorada de los mentirosos. «En aquella época podían discriminarte en los hospitales, y ahora Trump está a punto de derogar una ley de Obama que obligaba a tratar a las personas independientemente de su género, y aplicar una objeción de conciencia hacia los pacientes LGTB. Es un claro retroceso. Este documental ayudará a la gente a ser más empáticas con los demás, y en especial con las personas que transgreden sus límites superándose a sí mismas».

Otra de las genialidades que alberga 'I hate New York' es su banda sonora, desde los sonidos que captan todo el ambiente hasta una música que viene de la mano de Arca, uno de los artistas más transgresores del momento, y cuenta con temas de Ryuichi Sakamoto y de otra de sus protagonistas. «A Tara DeLong la conocí en Barcelona. Era una rapera de Brooklyn muy activista, y tenía fuerza, energía y un caos en el escenario que me resultaba revelador. Hay mensajes que en apariencia pueden resultar anodinos, pero no lo son. Era un personaje muy potente». Luego, el cruce de vías que se produce en la historia es brutal, y este documental ha sido gestado para convertirse en un filme de culto de forma instantánea y que circulará como el testimonio de un submundo que son en realidad la raíz del progreso sobre el que se posan los rascacielos, porque esta vanguardia es el alimento del 'mainstream'.

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