La nominan a un prestigioso premio y la confunden con una azafata

La compositora malagueña Isabel Royán, en la Sala Unicaja de Conciertos María Cristina./Migue Fernández
La compositora malagueña Isabel Royán, en la Sala Unicaja de Conciertos María Cristina. / Migue Fernández

Isabel Royán es la única mujer que pone música en los cortometrajes de la Sección Oficial del Festival de Málaga, aunque asegura que cada vez serán más

ISABEL BELLIDO

Comienza la vigésimo segunda edición del Festival de Málaga y, como el año pasado, en estas páginas –digitales y de papel– van a leer sobre mujeres y cine. Y con más razón: si en 2018 -el año del #MeToo, del primer 8-M- el Festival anunció a bombo y platillo que un 37% de las películas seleccionadas estaban dirigidas por mujeres, este año tenemos un 32,5% y no se hable más (Juan Antonio Vigar, director del certamen, al ser preguntado, ya dijo que el Festival «no tiene que explicar su compromiso con el equilibrio entre géneros»). Y si nos acercamos a la Sección Oficial, la cosa se pone peor: de 24 películas –dos fuera de concurso–, solo cuatro están dirigidas por mujeres. ¡Pueden contarse con los dedos de una mano! Y en esas he estado, porque desde el departamento de prensa del Festival me ofrecieron entrevistar a la única compositora de música de cortometrajes de la Sección Oficial. Para medir la relevancia del dato, me puse a contar a cuántos cortos y largos de dicha Sección ha puesto música una mujer: salen unos ocho, pero podrían ser más. Me pregunto entonces si vamos a tener que estar contando toda la vida: una mujer, dos mujeres, tres mujeres, 20 hombres.

Cree que aún hay pocas compositoras «por una cuestión generacional, pues estudiar música conlleva mucho tiempo»

Ella, la-única-mujer-compositora, acaba con mi probablemente inútil suma: «la verdad es que somos pocas, en resumen». Se llama Isabel Royán y tiene un currículum abrumador: compositora, orquestadora y 'sound designer', nace en Málaga, donde se licencia en Composición Musical y en Periodismo. Tras completar las enseñanzas profesionales de piano, se especializó en composición para cine y videojuegos –joven industria en la que, por cierto, es donde «más cómoda» se ha sentido– en el Pacific Northwest Film Scoring Program (Seattle Film Institute) y en el máster de Composición para Audiovisuales y Videojuegos del Centro Katarina Gurska -también ha cursado otro en Patrimonio Musical, Etnomusicología y Flamenco–. En 2017 estuvo nominada a los Jerry Goldsmith Awards por 'El glóbulo de Bok' (Mejor Composición Original) y por 'La Verónica' (Mejor Banda Sonora para Cortometraje), y en 2016 a Mejor Banda Sonora para Videojuego por la música de 'Paula', de Ikigai Gameworks. También lo ha estado a los premios PlayStation Talents por su trabajo en el videojuego 'Night and Day' y ha ganado junto a NoOBo Games el único premio otorgado por la AEVI en la Idea Game Jam 2019.

Isabel Royán, que está en el Festival porque ha compuesto la música del corto 'La herencia' –que se presentó ayer y que vuelve a proyectarse esta noche, a las 21.30 horas en el Centro Cultural MVA–, cree que son pocas «por una cuestión generacional: estudiar música conlleva mucho tiempo», de forma que lo que vemos actualmente «no refleja la sociedad de ahora sino lo que había hace 15 o 20 años». Esto es interesante porque, tal y como explica Royán, si atendemos a la parte musical de la industria del cine, no estamos asistiendo al auge de jóvenes y prometedoras directoras como Carla Simón, Elena Martín o Andrea Jaurrieta, sino que estamos mirando 15 o 20 años atrás, obteniendo así el paisaje de la lenta pero progresiva evolución y visibilización de la mujer en el cine español debido a esta «carrera de fondo» que exige la formación musical específica en audiovisuales, que además en España es «muy reciente, de los años 90». «Ahora mismo es cuando está empezando a visibilizarse a la mujer compositora que empezó a formarse hace 15 años. Dentro de otros 15 habrá el doble», asegura con optimismo.

La confusión se produjo en una gala cuando la nominaron por la Mejor Música para Videojuegos

Pero hay otros factores que se unen al temporal. Por ejemplo, la formación, que si bien su acceso es completamente libre, cree Royán que aún son menos mujeres estudiantes por la «formación tecnológica» necesaria en la especialización audiovisual. Dentro de esa vertiente, «no ha habido mujeres que sean referentes» y eso, los referentes, lo son todo. En 'Cómo acabar con la escritura de las mujeres', la escritora y teórica feminista Joanna Russ señala el aislamiento y la falta de modelos a seguir como claves para ignorar, minusvalorar o condenar las obras de las mujeres. En el aspecto tecnológico, «siempre los referentes que hemos tenido han sido masculinos» y por ello «las estudiantes se veían poco proyectadas y reflejadas».

Y después de esta larga formación está el techo de cristal que, según Royán, «se produce a nivel de una pequeña desconfianza personal»: por ejemplo, hay «personas que llevan esos equipos audiovisuales que a veces no confían en la profesionalidad de una mujer al frente de una orquesta o de algo que conlleve una producción tecnológica de audio», quizás «porque ellos mismos tampoco tienen referentes». «Para los directores –explica Royán– su película es su tesoro y la música es la guinda final, es un paso súper importante y al final prefieren confiárselo a alguien que tenga una trayectoria más visible», y «actualmente, por desgracia, no solo se demuestra con tus trabajos musicales sino también con la proyección social de esos trabajos». Ahí, en esa vil estructura del 'networking', también los hombres juegan con ventaja: «hasta ahora los compositores, por una cuestión de tiempos, tienen más 'background'; la mayoría de ellos han hecho más trabajos y en general han accedido más a la profesión porque les ha atraído más... es todo una cadena de circunstancias».

Royán no se ha «encontrado con hombres» con los que «haya notado esa desigualdad», pero, como todas, ha sufrido experiencias machistas: «cuando estuve nominada por la Mejor Música para Videojuegos y entré a la sala donde se entregaban los galardones, hubo varias personas que me preguntaron si era una de las azafatas. Y también me han preguntado que con quién venía, que a qué nominado acompañaba», relata. Ahí, con dos bemoles.