«Si el jurado fuera cuatro hombres y una mujer nadie se preguntaría cómo va a afectar a la decisión»

Marta Sanz, autora de 'Clavícula', posa frente al Teatro Cervantes./Fernando Torres
Marta Sanz, autora de 'Clavícula', posa frente al Teatro Cervantes. / Fernando Torres

La escritora Marta Sanz forma parte de un jurado ampliamente femenino que hoy se pronunciará sobre el mejor largometraje de la sección oficial

ISABEL BELLIDOMálaga

Escribí 'miembra' en una clase práctica de redacción de la universidad. El profesor me corrigió y, más socarrón que instructivo, me dijo que cómo iba a ser eso posible. A mí me sonaba, en cambio, de lo más natural. Me acordé de esto cuando el Festival anunció un par de nuevas a bombo y platillo: que una de tres películas seleccionadas este año está dirigida por una mujer (un 37% del total) y que cuatro de los cinco miembros del jurado de la sección oficial de largometrajes del certamen son mujeres. Esto último, siendo inusual en las esferas culturales, pasó, sin embargo, mucho más desapercibido.

La actriz Aura Garrido, la directora Manane Rodríguez, la maquilladora Sylvie Imbert y la escritora Marta Sanz. En sus manos, y en las del cineasta Mariano Barroso, está la decisión más importante del Festival, que además se conocerá hoy. De alguna manera la realidad se impone ya frente a antiguos usos y lo que quizás hace unos años constituyese un punto menos en una práctica de redacción, una bronca a Irene Montero o a Bibiana Aído, pueda tornar un día a otra cosa. Pero fue el recuerdo de la carcajada de mi profesor lo que me llevó a preguntar a Marta Sanz si de alguna manera podría incidir esta formación en la decisión final; si podría permearla de alguna forma, tal y como ella viene a explicar en su trabajo 'Nombrar el cuerpo, conquistar el territorio'.

«Si el jurado fuera cuatro hombres y una mujer nadie se preguntaría cómo va a afectar a la decisión», contesta. «Somos cuatro mujeres y un hombre lo suficientemente preparados como para poder calibrar la calidad de las películas que vamos a ver, cada uno en función de nuestros propios criterios, que tienen que ver con lo que Adrienne Rich llama «la psicografía de nuestra escritura»: nuestro género, clase, raza, nivel de formación... Y todo eso va a importar. Pero lo que es estremecedor desde el punto de vista social es que nos hagamos esa pregunta si las que tienen el poder de decisión son mujeres y no nos la hagamos si los que lo tienen son los hombres», explica. No cree que haya «oportunismo» en este u otros certámenes culturales que han ido contando con más representación femenina paulatinamente, sino que más bien han decidido «dejar de poner puertas al campo».

No cree que haya «oportunismo» en la presencia femenina en el certamen, sino que más bien se ha «dejado de poner puertas al campo»

Se camufla con su marido al salir del hotel en el que han estado alojados durante esta semana. Quizás así algún chaval crea que son «Ariadna Gil y Viggo Mortensen» en lugar de la pareja que los lectores de Marta Sanz conocen tan bien por lo autobiográfico de su aclamada narrativa, en especial por su última novela, 'Clavícula', elegida por la prensa especializada como una de las mejores del pasado año. Es su primera vez como jurado en un festival y no descarta utilizar esta experiencia como material literario. Enjundia hay: todo esto «es, en el fondo, un espejismo. Cuando ves a los actores y a las actrices tan guapísimos haciendo sus alfombras rojas, poniéndose las lentejuelas y las extensiones corriendo para que los fotografíen... es el espejismo que forma parte del cine como fábrica de sueños. Pero luego la vida cotidiana no es así. Es mucho más gris y está marcada por las necesidades que tenemos todos de pagar nuestras facturas, de llegar a fin de mes. Y es una vida con muchos altibajos: a veces te contratan, a veces no te contratan». Es lo que abordó en 'Farándula', novela galardonada en 2015 con el premio Herralde. Tiene esto mucho que ver «con una precariedad cotidiana que en los últimos años se está cebando de manera extraordinaria con el mundo de la cultura, con la profesión de los actores, con los escritores, con los músicos, etcétera», afirma.

Cuenta que han tenido «muy difícil» decidir «quién va a ser la mejor actriz del palmarés porque hay muy buenas historias protagonizadas por personajes femeninos poderosísimos» sin necesidad de que se esté tratando «de manera específica la cuestión del feminismo». Y en eso consiste, en realidad.

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