El jamón es el mejor amigo del hombre

Degustación del producto a las puertas de la sala de proyecciones. :: salvador salas/Salvador Salas
Degustación del producto a las puertas de la sala de proyecciones. :: salvador salas / Salvador Salas

Se estrena el documental 'Jamón, a Story of essence', una película sobre el producto español más apreciado en el mundo La casa Joselito celebró el estreno con una degustación de su jamón en la sala

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El otro día nos quejábamos de que los acreditados iban como almas en pena porque no encontraban cócteles con los que alimentarse, y justo nos invitan a la proyección de un documental con degustación incluida de jamón ibérico de bellota. Y de Joselito, nada menos. La sección Cinema Cocina, dedicada a la exhibición de películas que dan hambre, nos deleitó ayer con una hermosa película derivada del cerdo. 'Jamón, a Story of essence' es un documental de media hora dirigido por un italiano amante de la cultura española y bien conocido en este certamen, Alessandro Pugno, y producido por una alianza entre Elphant y Zebra Producciones (iZen), cuya directora de Comunicación, Cristina Fernández, señaló en la rueda de prensa «la audacia de una coproducción franco española dirigida por un italiano sobre un producto español». Quizá porque no hay nada que una a las personas más que el jamón. Lo contaba Manuel Alcántara y todo lo que cuenta él se convierte en poesía: el jamón es el mejor amigo del hombre.

La histórica casa Joselito, celebrando que llevan 150 años haciendo felices a la gente, participa también en la producción de este documental ofreciendo el equilibrio entre una película 'de marca' y un reportaje de autor. En definitiva, hacen posible con generosidad un filme que no es un mero homenaje a ellos mismos, sino que ilustra la elaboración de un producto de culto como el jamón ibérico de bellota, que sólo de leerlo o de escribirlo se le hace a uno la boca agua.

Joselito forever

El estreno, celebrado en una sobreexcitada sala 4 del Albéniz, tuvo la peculiaridad de estar animado por una fabulosa degustación de jamón regada con champán italiano para más señas, y se convirtió en un homenaje a este manjar tan idolatrado: «si tuviera que reencarnarme, lo haría en un cerdo de Joselito», suena en la película, proyectándose además durante una feliz degustación en esta sala en la que las palomitas eran jamón ibérico.

El evento contó con la presencia de dos miembros de una generación de propietarios que ya va por la sexta. Para no engañar a nadie, todos se llaman José. Los Joselito. Imaginen el inmenso honor de que te hablen dos propietarios de una marca tan prestigiosa, hacedores de un producto que sitúan al mismo nivel que la trufa blanca o el caviar. Una pata de jamón es, de toda la vida, el mejor regalo que puede jamás hacerse en España, y en parte del extranjero. Esto lo señaló precisamente una de las personas más solicitadas del país, José Gómez, que dice algo muy sabio: «Nosotros no somos propietarios de la dehesa, somos administradores de la de nuestros hijos».

Una industria ecológica

El respeto a la naturaleza en la elaboración de estos jamones es total. En esto incide José Gómez Sánchez, de la sexta generación, cuando señala que la cría del cerdo que practica Joselito es cien por cien ecológica y natural, y que es una manufactura que además contribuye a la reforestación: «Sólo mi familia planta entre setenta y ochenta mil árboles al año, en una zona que ya es la región que la Unión Europea señala todos los años como la más limpia». Es una intervención humana que protege a la naturaleza y que da un producto mágico para todo el mundo, desde el paladar más rudo hasta los cocineros con estrella Michelin. También nos lo comenta el director de esta película tan deliciosa y tan bella, Pugno, un auténtico enamorado de la dehesa que crea el hombre con la naturaleza, con el que hablamos de cómo los italianos fueron más listos a la hora de empaquetar y vender aceite de oliva y jamón cuando en España son infinitamente mejores.

Pero no sólo nos enteramos de que no hay producto más natural que un jamón como este, sino que además, en realidad, no es carne: «Sería más correcto llamarlo salazón», se dijo, y entonces en aquella sala se resolvió uno de los grandes misterios de la humanidad: que los vegetarianos hagan por sistema una excepción con el jamón serrano. Quizá habría algún vegano en esta presentación tan festivalera, donde el trance final fue tal que algunas copas se rompieron entre las virutas de esta delicia, como en un sueño glorioso. El Festival debería tomar nota de este tipo de proyecciones con Joselito: así es imposible hablar mal de nada.