EL FESTIVAL QUE VENDRÁ

ALBERTO GÓMEZ

Como en una de esas relaciones de pareja que Carlos Marques-Marcet retrata con precisión de cirujano, algo parece haberse roto entre Málaga y su festival de cine. Los últimos intentos por reanimar la pasión tras más de dos décadas de convivencia, como la inclusión de películas iberoamericanas o el adelanto de su celebración a marzo, no terminan de coser los jirones necesarios para reconquistar la ilusión perdida. Hasta 24 películas se han proyectado esta edición en la sección oficial, más otras cinco en la extraña Málaga Premiere, capaz de programar desde el documental de un 'youtuber' hasta dos capítulos de estreno de una serie protagonizada por Mario Casas e inspirada en '50 sombras de Grey', un cajón de sastre inexplicable que resta credibilidad y carácter al certamen.

Al Festival de Málaga le hacen falta cambios si no quiere acabar reducido a una de esas citas que generan más apatía que ganas. La transformación pasa por podar la sección oficial, a la que le sobran entre cinco y diez largometrajes, y atraer nombres reconocidos, porque el sello como lanzadera para debutantes resulta romántico, incluso conveniente como declaración de principios, pero no llena las salas. La experiencia de este año, con un solo director identificable para la mayoría de espectadores, Fernando Colomo, resulta reveladora: su cinta ha ganado el premio del público. Todavía duele el tiro asestado por Almodóvar, que ha estrenado esta semana su último filme, 'Dolor y Gloria', sin un solo guiño al certamen malagueño, desaire que confirma esta tesis. Habría bastado un pase previo, un anticipo, siquiera un encuentro breve con el director manchego o alguno de sus protagonistas, pero nada de eso ha sido posible pese a los intentos de la organización, que debería preguntarse por qué. La película, por cierto, lidera la taquilla desde su estreno.

Tal vez sea hora, y esto también incumbe a las administraciones, de dejar de disimular que la historia de amor entre Málaga y su festival avanza sin freno a terrenos pantanosos. Asumirlo será el primer paso para recuperar la alegría y sacar a la gente de casa para ir al cine y participar del histórico carrusel de actividades paralelas que impregnaba la ciudad durante una semana. Tal vez sea hora, decíamos, de construir el festival que vendrá.