El cine latino insufla aire al Festival de Málaga

Reparto de la película 'Esto no es Berlín'./Migue Fernández
Reparto de la película 'Esto no es Berlín'. / Migue Fernández

La asfixiante lucha de una madre contra el sistema y un viaje a la movida mexicana de los 80 abren la competición

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

En un minuto la sala de prensa del Festival de Málaga pasó de estar abarrotada a tener mucho espacio libre. El tirón de Blanca Suárez, Belén Cuesta, Amaia Salamanca y Macarena García dejaba paso al perfil discreto del director Arturo Castro Godoy. Tras la revolución de las mujeres de 'A pesar de todo', presentada fuera concurso, llegaba sin hacer ruido el equipo de 'Aire', la cinta argentina que inaugura la competición oficial. Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias. «Esta es una de las películas que más me gustan», se mojaba Fernando Méndez-Leite, del comité de selección del certamen. Tampoco con la segunda cinta en cartelera valían las primeras impresiones: sin un gancho comercial de entrada, la mexicana 'Esto no es Berlín', de Hari Sama, arrancó un aplauso a la prensa. Dos películas latinas radicalmente opuestas que, sin embargo, coincidían en la búsqueda de oxígeno, de un respiro, ante un sistema que ahoga y ante una sociedad cerrada.

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'Aire' parte de «un conflicto simple» para trabajar en «muchas capas» a la vez. La lucha de una madre por llegar hasta su hijo con síndrome de Asperger tras haber sufrido una caída en la escuela invita a hacer una lectura social, sobre un sistema educativo y sanitario que pone constantes obstáculos, y otra feminista, sobre una persona con dificultades para sortear las barreras por su condición de mujer. «Uno no puede evitar preguntarse qué sucedería si ella fuera un hombre y la triste conclusión a la que llego es que le sería más fácil todo», admite el director Castro Godoy.

El filme crea una atmósfera asfixiante –apoyada en la posición de la cámara y el sonido de la respiración– que introduce de lleno al espectador en la angustia de su protagonista, interpretada por Julieta Zylberberg. Ella es el personaje único del filme, el resto pulula a su alrededor. «Quería mostrar cómo se siente una persona como un engranaje dentro de la maquinaria cuando tiene un nombre y le damos un pasado y una vida propia», explica. El mundo sigue su camino «pero ella se salió de la máquina». Y en ese momento, las instituciones y la manera de organizarnos, en vez de «acompañarnos, sostenernos y hacernos más fácil la vida en sociedad, nos termina abandonando».

Lucía, cajera de un supermercado, recibe en el trabajo la llamada de la escuela avisándola de que su hijo ha sufrido una caída grave. Comienza entonces un tenso trayecto para llegar hasta él enfrentándose a la incomprensión de sus jefes, a la apatía de la profesora, a un sistema sanitario desbordado y a una sociedad machista. Un periplo agobiante que se intensifica con el ataque de asma que sufre y que aumenta con cada paso. «Aire es lo que le falta en su vida, un momento de tomarse un respiro y de entender que la vida nos obliga a lucharla y a encarar situaciones desde la confrontación, porque el sistema nos obliga a competir y sobrevivir», reflexiona. Es una historia de «pobres contra pobres». «Más que egoísmo, antipatía u hostilidad de las instituciones hacia la gente, hay apatía. Hay desinterés, estamos todos demasiado cansados», argumenta. Pero queda esperanza: «Podemos encontrar una mano que nos ayude siempre que estemos dispuestos a aceptarla».

Fotograma de la película 'Aire'.
Fotograma de la película 'Aire'.

También la segunda película a competición pone el foco en quienes se enfrentan a lo establecido. 'Esto no es Berlín' cuenta la historia de un grupo muy concreto del México de los 80, «pero he ido descubriendo que es bastante universal», admite su director Hari Sama. El filme baja al 'underground' de la movida mexicana a través de un adolescente en busca de su identidad. Con una atmósfera oscura, un punto psicodélico, estética punk y aire irreverente, la cinta se adentra en el mundo de las drogas, el sexo y la fiesta de unos jóvenes artistas que rompían el status quo con lo que hacían y por cómo lo hacían.

«Mis referencias tienen que ver con lo que yo viví», asegura su director. Es una película autobiográfica: como el protagonista, él creció en un entorno conservador, con una madre deprimida y un padre ausente. «Conocer a esa gente irreverente, loca y muy divertida que encontraba en el arte una manera de sublimar el dolor me cambió la vida, entendí que en el arte había un camino», apunta. Le hizo pensar que también «hay un lugar para los frikis en el mundo».

En esos tiempos, miraban con «anhelo» lo que sucedía en Berlín, Londres, Nueva York. «En un México con las fronteras muy cerradas y donde no había público para nuestro trabajo, todos queríamos estar en la movida. Había una necesidad muy grande de hablar desde un lenguaje y una estética que no iba acorde con lo que en México se consideraba valioso», explica. Allí llevar tatuajes, aros en la nariz, el pelo de color o el amor homosexual «se castigaba».

Hoy, admite con cierta nostalgia, las actitudes de rebeldía «ya no son tan necesarias» ni se da el valor que entonces a lo artístico. «Hay una diarrea absoluta de información. Lo que los artistas hacemos es de absoluto desecho, dura poquito», lamenta. 'Esto no es Berlín' llegará a las carteleras españolas en junio. «Es una gran paradoja, se verá antes en España y en EE UU que en su propio país. Así es el mundo», concluye el director.