Cine y literatura se miran, pero no se tocan

De izquierda a derecha, los escritores Pablo Aranda, Marta Sanz, Daniel Ruiz y Miguel Ángel Oeste, ayer, en la charla. /MIGUE FERNÁNDEZ
De izquierda a derecha, los escritores Pablo Aranda, Marta Sanz, Daniel Ruiz y Miguel Ángel Oeste, ayer, en la charla. / MIGUE FERNÁNDEZ

Los escritores Marta Sanz, Daniel Ruiz y Miguel Ángel Oeste defienden el contagio entre películas y novelas, pero constantan su independencia como lenguajes dispares

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Desde que el cine se lanzó a contar historias, su relación con la literatura ha sido íntima e inversamente proporcional. Las películas han imaginado las novelas, como las páginas han conquistado mundos sugeridos por la pantalla. «Son vasos comunicantes», sostenía ayer la escritora y miembro del jurado de la sección oficial del 21 Festival de Málaga, Marta Sanz, que junto a sus colegas Daniel Ruiz y Miguel Ángel Oeste participaron en una mesa redonda organizada por el Aula de SUR en el certamen. Un contagio irreversible entre libros y filmes que los tres autores reconocieron y que incluso practican, aunque aclararon que ambos formatos se miran, pero no se tocan.

El también escritor y director del Aula, Pablo Aranda, moderó la charla 'Cine y literatura', que sirvió para estrenar el CaixaBank Oficina Store en un encuentro que también fue patrocinado por la obra social de la entidad. Un espacio en el que se hablaron de escritores y cineastas, novelas y películas para defender la contaminación mutua entre los fotogramas y las novelas, pero también estableciendo unos límites naturales. Una frontera marcada por los diferentes lenguajes de la escritura y la imagen que los convierte en expresiones artísticas completamente diferentes hasta el punto de que los autores coincidieron en que hay libros «imposibles de adaptar».

El escritor Daniel Ruiz, que acaba de publicar 'Maleza', reconoció que su obra tiene un gran sentido «visual» e incluso planteó que parte de sus colegas expresan sus «reparos» a la hora de admitir las influencias del cine. No obstante, puso como ejemplo a autores de referencia, como Don Winslow y James Ellroy, que también son muy queridos por el cine porque, entre otras cosas, sus novelas poseen un «gran componente plástico».

Nunca hacer el guión

Por su parte, el escritor y crítico de cine Miguel Ángel Oeste se acordó de Juan Marsé, que «reconoció que si no hubiera visto cine clásico nunca habría sido escritor». Aunque no implicaba que su literatura fuera cinematográfica. Más bien lo contrario. «No fue una influencia estética, sino estilística», señaló el autor malagueño que recordó que, pese a las adaptaciones que hizo de la obra del catalán el cineasta Vicente Aranda, la personal obra de Marsé es muy difícil de llevar a la gran pantalla. «El cine es el arte de lo concreto y la literatura es más ambigua y porosa», comentó.

Por su parte, Marta Sanz recordó haber crecido en los cines de verano de Benidorm, entre cintas de destape, clásicos, 'westerns' y suspense de Hitchcock. Y aunque la «sintaxis cinematográfica tiene poca relación con mi manera de escribir, sí me han marcado mucho las imágenes a la hora de plantear una página a través de los efectos sensoriales o describir los personajes», comentó la autora, que también acaba de llegar a las librerías con una novela, 'Amor fou'.

Sanz confesó que no se veía escribiendo un guión, aunque sí tenía sus preferencias para que diferentes directores llevaran a la pantalla sus obras. Y hay que reconocerle su cinefilia ya que citó a Almodóvar, Haneke, Querejeta e incluso resucitaría a Chabrol para el libro que acaba de publicar. Daniel Ruiz sumó a esta lista un par de nombres contundentes a los que ofrecería sus libros: el brasileño José Padilha ('Tropa de élite' y la serie 'Narcos') o el andaluz Alberto Rodríguez. Eso sí, ambos escritores no se ven participando en esas hipotéticas adaptaciones. «Como escritor estás solo y te guías por el instinto, pero una vez adapté un relato mío a un corto y llegamos a la versión 78. ¡Nunca se acababa y además metía mano todo el mundo!», relató Ruiz con ironía, pero constatando otra gran diferencia: el cine es un arte colectivo y la literatura, una creación íntima.

 

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