Cecilia Roth: «He dicho muchas veces 'a joderse' para luego reconstruirlo todo»

Roth, esta tarde durante el Festival de Málaga. /SUR
Roth, esta tarde durante el Festival de Málaga. / SUR

La actriz argentina, que recibe el Premio Retrospectiva, se confiesa «nostálgica y conciliadora» y reconoce que ha tenido que «reubicarse frente a la vida»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

La entrevista se retrasa casi una hora. Cecilia Roth tiene cita con varias televisiones pero se niega a que la graben al sol. Pide constantemente que la retoquen mientras hace ejercicios con la lengua. Quiere agua con gas, hielo y limón. «¿Te acordarás?», bromea en un guiño a su propia excentricidad. Y continúa: «¿Necesito maquillaje o algo?», pregunta a un acompañante, como si la actriz colosal que acumula más de cuatro décadas de trayectoria, con personajes memorables como los de 'Martín (Hache)' o 'Todo sobre mi madre', escondiera una inseguridad impropia de quien se ha abierto en canal a ambos lados del Atlántico con papeles de todo tipo. Ganadora de dos Goya, Roth recibe esta noche el Premio Retrospectiva que otorga el Festival de Málaga en colaboración con el diario Málaga Hoy.

«Qué bonito cuaderno», exclama al ver una libreta con dibujos de varios pintores en la tapa. «Lo venden en el Centre Pompidou, aquí al lado», le informo. «¿Sabe qué? Los mejores regalos se compran en los museos», sentencia después de una entrevista para la que nos conceden siete minutos y medio.

-Le dan el Premio Retrospectiva, que siempre implica echar la vista atrás. ¿Es usted nostálgica?

-Soy un poco melancólica, sí. Bueno, más nostálgica que melancólica. Además, este premio te invita a recorrer tu vida entera, no sólo tu filmografía. Cada película esconde una historia, el tramo de vida que estás atravesando.

-¿Y es de las nostálgicas que se hacen daño o de las que salen ilesas?

-No, no, no me duele. Me gustan los recuerdos. Tengo cajas de fotos y cuadernos escritos desde pequeña. Guardo diarios y a veces me gusta leerlos y olerlos, recordar lo que pensaba cuando tenía diecinueve años…

-¿Algún coletazo emocional reciente que quiera confesar?

-¡Hasta escribí una novela! Recuerdo mi juventud y mi poco conocimiento de cosas importantes de la vida que luego el tiempo me las trajo.

-¿Como cuáles?

-Cuando eres joven tienes pocas responsabilidades y te crees eterno. Piensas que estás aquí para siempre, pero el tiempo te quita esa sensación.

-Han pasado veinte años de 'Todo sobre mi madre'…

-¿Sabe? Es una película que tengo la sensación de haber rodado hace muy poco tiempo. Tal vez sea porque ha tenido mucha trascendencia y sigue proyectándose. Aún la estudian y analizan. Televisión Española la emitió hace poco y organizó un debate. Es una película que tengo muy presente, como si hubiera sido ayer.

-¿No le tienta pasarse a la política, como Toni Cantó, su compañero de reparto en aquella cinta de Almodóvar?

-No, no, no. ¿Toni se ha pasado a la política? No lo sabía.

-Es diputado de Ciudadanos.

-(Irónica). Ah, mira, qué bonito.

-¿Qué le parece?

-Bueno, como si me dicen que Macri es presidente y antes era empresario.

-¿Cecilia dice siempre lo que piensa?

-Y casi nunca piensa como yo... (sigue la letra de 'Cecilia', canción de Fito Páez, su marido entre 1992 y 2001).

-Debió de ser una época intensa, aquella.

-Fito estaba grabando 'Enemigos íntimos' con Sabina. Fue una época muy intensa, sí. Ambos tienen personalidades muy fuertes. Yo acompañé mucho a Fito en ese momento y quiero mucho a Sabina.

-Chocaron como trenes.

-Sí, de una manera artística, diría. Es una forma bonita de verlo (risas). Fito y Sabina chocaban como trenes pero a una enorme altura, ¿sabe?

-¿Le ha pasado eso alguna vez con algún director o un colega de reparto?

-No, de esa manera no. Estaban realmente muy unidos, eran íntimos amigos. Y luego fueron íntimos enemigos.

-¿Nunca ha tenido esos roces, como Almodóvar y Maura en su momento?

-No, nunca me ha pasado por suerte. Soy bastante conciliadora en esas situaciones.

-En una secuencia de Martín (Hache), su personaje se descarna: «A joderse un tiempo y a empezar de nuevo». ¿Cuántas veces ha tenido usted que comenzar de cero?

-«A joderse» lo he dicho muchas veces. Luego hay que reconstruirlo todo.

-¿Y cuesta?

-Es un trabajo, sí. No es fácil reubicarse frente a la vida.

-También han pasado más de veinte años de aquella película, que acabó convertida en un icono generacional. ¿Qué supuso para usted?

-Es muy fuerte. Me encuentro con gente que vio la película a los quince o dieciséis años, más jóvenes incluso que Juan Diego Botto entonces (su compañero de reparto), y la recuerdan como una historia que les cambió la vida. Mucha gente descubrió algo de sí misma acercándose a Martín (Hache). Fue un rodaje intenso. Los personajes eran muy extremos. El mío, de hecho, terminaba suicidándose, y no la estoy 'espoileando' porque ha pasado mucho tiempo (risas). Fue un gran momento. Ahora que me acuerdo, en esa película tuve un encontronazo con Adolfo (Aristarain, el director).

-¿Sí?

-Pero duró muy poco y terminó con un ramo de flores en mi cuarto (risas).

-¿También usted piensa que la patria es un invento, como el personaje de Luppi?

-Depende… Para los latinoamericanos que hemos sido colonia, la patria es una necesidad.

-¿El cine es especialmente cruel con las mujeres mayores de cincuenta años?

-Sin duda. ¡Los señores mayores de cuarenta, cincuenta y sesenta tienen novias muy jóvenes!

-Y papeles.

-Y papeles que podrían hacer chicos más jóvenes, efectivamente. Nosotras, sin embargo, empezamos a ser 'madre de' muy pronto. Incluso antes de los cuarenta años ya haces de madre de chicas de veinticinco. Hay que hacer un trabajo de género necesario. Estamos muy retrasados. Vivimos en un mundo jodido, difícil. Les estamos dejando a nuestros hijos una sociedad muy oscura y sucia. También muy mentirosa y cínica.

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