Los toros y su papel en la Feria de Málaga

Los toros y su papel en la Feria de Málaga
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La Feria de Málaga tiene en los toros, como toda buena fiesta española (decir este término ahora parece que está en desuso), tiene en los toros un importante añadido e incluso un aporte decisivo en su trascendencia organizativa. Es más hay ferias, como la de San Isidro, donde la fuerza de su ciclo taurino casi hace desaparecer todo lo demás, y eso es así, porque poca gente sabe que esa feria tiene todos los abalorios propios de cualquiera otra tal como las conocemos. Aquí, en Málaga, el ciclo taurino nunca ha sido tan potente como para dejar la feria en sí en un segundo plano, para nada, pero sí que es verdad que ha sido y es un importante añadido.

En los tiempos en los que no existía la feria del centro, que fue no hace tanto (¿o sí?… que el tiempo pasa demasiado deprisa para los que hemos vivido esas cosas), la Feria de Agosto de Málaga sólo tenía su presencia en el real, y exclusivamente en la tarde-noche, porque eso de la 'feria de día' si alguien lo hubiera nombrado hubiese sido tachado de loco suicida, y su única proyección en la ciudad estaba en tema taurino, que hacía que el barrio de La Malagueta viviera un 'antes' y un 'después' a cada corrida sumamente festivo. O sea, que la feria de Málaga eran sólo el real y los carricoches. Era La Malagueta en aquellos años plaza de segunda categoría, pero eso no impidió nunca que sus carteles fueran un importante atractivo para que la fiesta local traspasara nuestra fronteras cercanas.

Con la nueva feria surgida en los años 80, que tuvo su máximo punto ávido en el V Centenario de la Toma de los Reyes Católicos, la que añadió al real la feria del centro, la de los barrios (hoy ya no existe, pero la jarana se desparramó por todas las esquinas de la capital), la de la implicación de todos los sectores malagueños, entonces, digo, el ciclo taurino también se vio afectado por la vorágine de grandeza de los festejos patrios malacitanos, y recuerdo que hubo ciclos taurinos con máximas figuras durante dos semanas seguidas.

Eso fue antes. Cuando los toros, digo, eran la fiesta nacional, que hoy posiblemente lo sigan siendo, pero sólo en el papel. No es una afirmación desmesurada decir que los toros, hoy, no están de moda, al menos como antes, y que no atraviesan su mejor momento; ser defensor de la fiesta taurina, como es el caso, no conlleva no ser realista y no observar que no corren buenos tiempos para la lírica taurina. Es más, en los propios pregones taurinos, como el de Málaga, se reivindica el papel de los toros en la vida social y costumbrista de España y se pide, como dijo muy bien Enrique Ponce, que nadie «nos robe nuestras señas de identidad culturales», frase a la que me adhiero. Pero ya no es como antes. Ni fuera ni dentro de la fiesta, y posiblemente parte de culpa sea achacable a protagonistas de la misma, que en vez de cuidarla, mimarla y respetarla hicieron de ella un simple y sórdido negocio que al final ha perjudicado, como siempre suele ocurrir a todos este invento que lleva siglos de tradición en nuestra tierra, pero que ahora mismo goza de mayor salud y autoestima en países foráneos (caso de Francia) que en el nuestro propio, lo cual habla muy mucho de cómo somos por estos lares…

Sea como fuere, La Malagueta sigue siendo una pieza más del entramado de la Feria de Agosto, pero ya no juega el papel tan relevante como hiciera otrora. Pero no es cosa de Málaga, sino de todas las ferias taurinas. Quizás falten figuras, quizás falte afición, quizás falten ganaderos como los de antes, quizás falten las ganas de todos o quizás la evolución de la vida misma haya sido contraria a la de la fiesta nacional, pero es así. Eso no quita para que hoy, mañana o pasado haya un gran lleno, que lo habrá, pero la fiesta taurina de agosto no es ajena, desgraciadamente, a la corriente antitaurina que se quiera o no ha ganado mucho espacio social en los últimos tiempos, lo que no significa nada más que eso, porque la feria taurina de Málaga será siempre un importante añadido a la de agosto, y una sin otra no se entendería. El tiempo volverá a poner o quitar razones.

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