Todo no puede ser un problema

Todo no puede ser un problema
Salvador Salas
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

El Centro no puede ser un problema. Ni la feria. Estamos en un mundo de contradicciones y de absurdas reflexiones derivadas de la aparición de grandes literatos (sic) surgidos de la mano de las redes sociales. En Málaga asistimos a una curiosa circunstancia que no sabría cómo definir, también emborronada por una 'doble moral': queremos ser un referente turístico sin turistas, una gran ciudad sin modificaciones y una ciudad de futuro sólo mirando al pasado, ni siquiera al presente. Aquí lo queremos todo sin perder nada, ni agobiarnos con nada y sin arriesgar nada. La feria tiene un componente de incomodidad para una parte de la ciudadanía, como lo tienen las procesiones, las media maratones o el día de la bicicleta, pero es algo que está ahí, que tiene un respaldo de la mayoría y que una vez más demuestra que al campo ponerle puertas es una verdadera 'majaroná', o sea que luchar contra esta manifestación de fiesta, inherente a cada colectivo humano, es luchar contra lo imposible.

La feria de agosto de Málaga comenzó a hacerse grande y sonó de verdad cuando incorporó al Centro de la ciudad como novedad más importante, tanto que fue inmediatamente copiada por numerosas ciudades del resto de España, allá en los 80 de la mano del alcalde Pedro Aparicio. No era ya sólo el real el punto de encuentro, un real que en los 70 estuvo al borde del 'colapso merdellón', sino que la fiesta llegaba a un punto que duraba 24 horas, y claro tampoco todo el mundo tiene cuerpo, aguante o le gusta estar 24 horas de jarana, o incluso de aguantarla y ni tan siquiera olerla... Por tanto, la feria, como la Semana Santa o el Día de la Batata en calle Larios, tiene también una servidumbre, unas incomodidades, porque nunca llueve a gusto de todos, ni siquiera cuando no lo hace.

Esa feria del Centro no es incompatible con nada, y la prueba es que la feria del día del real cada día es más grande, más importante, con el esfuerzo organizativo de quienes animan a empresas de importancia a sumarse a la oferta del Cortijo de Torres. Pero a mucha gente le gusta el Centro, más que a la que no le gusta, y eso hay que tenerlo en cuenta. Lo que hay que intentar es evitar que lo que denomine antes 'colapso merdellón' llegue también a esa feria diurna en nuestro corazón urbano, cosa que hay que reconocer estuvo a punto de ocurrir hace tres o cuatro años. Por eso difiero de quienes afirman que la feria de antes era mejor, eso es falso. La nostalgia puede ser la causa de tal afirmación, no la lógica ni la verdad. La feria de agosto de Málaga no necesita más que un mínimo orden para evitar el desorden, y en ello creo que se trabaja tras la crisis, repito, de hace unos pocos años. Feria que es en agosto porque se conmemora una tradición, por lo que me extraña que haya quien quiera llevarla a septiembre. Salvo que queramos una feria sin fundamentos, ni origen, ni tradición, ni historia. Podemos, no lo duden; se puede hacer en septiembre la 'Feria del Ganado en Málaga', pero miren, igual no tiene mucho tirón. No me imagino yo calle Larios llena de vacas, aunque todo puede ser.

Lo cierto es que la feria del Centro es un gran atractivo de la Málaga que buscar elementos de atracción porque nosotros, aquí, mientras el Hyperlook no llegue, vivimos del sector servicios mayoritariamente, y para ello necesitamos turistas, hoteles, apartamentos, feria, bares y restaurantes. Eso sí, podemos cerrarnos al mundo, y decir que nadie nos moleste. Hacer el 'efecto tortuga' y escondernos en nuestro caparazón inviolable, rememorando lo bien que vivíamos antes, en corralones y sin agua corriente en el 80% de las casas. Entonces ya no habrá problemas… ni feria, ni Semana Santa, ni turistas, ni bares, ni restaurante… Pero ¿y lo felices que iban a estar los del Twitter?

 

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