Cuando la música se para

Agentes de la Policía Nacional y Local vigilan los puntos de entrada a la feria en el centro de la ciudad, así como en el real de Cortijo de Torres. /Francis Silva | Eduardo Nieto
Agentes de la Policía Nacional y Local vigilan los puntos de entrada a la feria en el centro de la ciudad, así como en el real de Cortijo de Torres. / Francis Silva | Eduardo Nieto

SUR comparte con agentes de policía un día de despliegue en la feria de Málaga

Alvaro Frías
ALVARO FRÍAS

Trabajan para que todo siga ahí, donde debería estar. Pero cuando las cosas no están en su sitio, la violencia estalla, el trapicheo de drogas se echa a la calle, los robos amargan la jornada o el alcohol empuja a una persona al suelo, ellos actúan. Aunque la fiesta sigue y la música no para de brotar de los amplificadores, deja de sonar para las víctimas. Los efectivos de los cuerpos de seguridad viven esa otra feria, la que alguna vez todos se han cruzado y de la que nadie quiere ser protagonista. SUR acompaña a estos agentes durante un día de servicio.

Un sol imperturbable, reinando sobre un despejado cielo azul, marca el inicio de la jornada. Las distintas unidades, grupos y equipos están repartidos por el Centro de la ciudad, así como en el real de Cortijo de Torres. «Ese precisamente es uno de los mayores retos; en Málaga tenemos que cubrir dos ferias a la vez», explica el subinspector Francisco Castillo, responsable del Grupo Operativo de Apoyo (GOA) de la Policía Local de Málaga.

Los dos enclaves están cerrados al tráfico, son impenetrables. Los agentes vigilan los denominados 'puntos lobo', que son las diferentes entradas a las zonas en las que se encuentran los ciudadanos disfrutando de la fiesta. Bloques de hormigón y coches patrulla cruzados impiden que cualquier vehículo sospechoso pueda arremeter contra la multitud.

En uno de estos cerramientos, al inicio de la calle Larios, está Francis Campos. Este inspector del Cuerpo Nacional de Policía es el jefe operativo de la Feria del Centro. Entre otras labores, está al frente de los equipos de la Unidad de Prevención y Reacción desplegados por la zona.

Pero no están solos. Por ejemplo, cuentan con compañeros vestidos de paisano que se mimetizan entre aquellos que viven la fiesta. «Son nuestros ojos, ellos entran en las zonas más masificadas, como plazas, mientras nosotros nos mantenemos al lado por si hay que actuar», explica Campos.

El trabajo en equipo es una de las premisas de la labor que se desarrolla en la feria. No solo entre compañeros del mismo cuerpo, sino también entre efectivos de la Policía Local y Nacional. «Cuando intervenimos en grandes multitudes, cuantos más seamos, mejor. Si hace falta apoyo, da igual de quien sea, todos somos policías», indica José Bravo, uno de los oficiales al frente de un equipo del GOA.

Por ello, el despliegue de las distintas unidades es muy importante. Desde efectivos a caballo, pasando por la unidad canina o agentes vestidos de paisano. Todos trabajan a una para hacer de la feria un lugar seguro.

Al inicio de la jornada, las labores de prevención se imponen. Los agentes van realizando filtros en los puntos de entrada de las zonas de fiesta, tanto en el real como en el Centro, donde identifican y cachean a aquellos que levantan sus sospechas. Los policías de ambos cuerpos destacan la importancia de esta labor, en la que se incautan de objetos como armas blancas. Aunque aún hay quien se atreve a llevarlas, aseguran que ya no ocurre tanto como antes. Y es que la feria ha cambiado mucho. Las peleas y los heridos de arma blanca se han reducido considerablemente y la prevención antiterrorista y los hurtos se han convertido en los principales retos a combatir de estos cuerpos de seguridad.

En el Centro, cuando se corta la música en la calle –a las 18.00 horas– es cuando suelen comenzar los problemas. Campos explica que, a partir de ese momento, todo el mundo intenta entrar en los locales de copas para seguir con la fiesta: «Hay mucha gente, han bebido alcohol, y los bares están llenos, lo que es una mala combinación».

En el real, las situaciones complicadas se repiten desde que la noche enfila la madrugada. Al igual que en el Centro, el consumo de alcohol suele encontrarse detrás de la mayoría de los casos a los que se enfrentan los agentes, que también se afanan en sacar adelante servicios humanitarios, en el que prestan su auxilio a todos aquellos que lo necesitan.

Muchas horas de trabajo en las que la concentración nunca puede fallar. «Cuando vamos patrullando, miramos las manos de la gente, por si llevan algo sospechoso», indica campos. Alberto, agente del GOA, insiste en la misma idea: «Una cara no te mata, las manos sí pueden hacerlo».

Lo cierto es que el mejor arma con la que cuentan para trabajar por la seguridad en la feria es su sacrificio y su voluntad para que todo esté en su sitio. Su mayor recompensa, coinciden los agentes, es cuando un ciudadano se acerca a ellos y les da las gracias por su trabajo.

Los agentes realizan identificaciones y cacheos preventivos con los individuos que levantan sus sospechas. Agentes de la Policía Nacional y Local vigilan los puntos de entrada a la feria en el centro de la ciudad, así como en el real de Cortijo de Torres / Francis Silva | Eduardo Nieto

 

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