Motivos para la satisfacción y la reflexión

BALANCE ANTONIO M. ROMERO

La Malagueta cerró ayer su feria taurina y cuando vuelva a abrir sus puertas, en 2019, si se cumplen los plazos marcados, lo hará ya totalmente rehabilitada. Con la celebración del festejo de rejones llega la hora del balance de un ciclo que, como suele ser habitual, tiene sus luces, sus sombras y sus matices. Un abono para estar satisfecho en algunas cuestiones, pero que también debe llevar al sector taurino en general a la reflexión en temas importantes como el ganado o que se haya visto tanto cemento en los tendidos en la mayoría de las tardes.

En lo numérico se han cortado quince orejas encabezando el ranking Enrique Ponce y Roca Rey con tres, que le permitió salir a hombros de La Malagueta. Una puerta grande que se cerró por el mal uso de los aceros a Diego Ventura y a Fortes, quien cuajó una gran faena al tercero de la tarde del viernes de feria. También estuvieron a buen nivel aunque sin conseguir trofeos Miguel Ángel Perera y Ginés Marín, mientras que Ferrera dejó retazos de su torería y El Cid un buen toreo de capa. En el abono de la emotiva despedida de Juan José Padilla del público malagueño, dejaron muy mala imagen las actuaciones de El Juli, Alejandro Talavante y José María Manzanares, tres de las principales figuras. ¿Por qué vienen con esos toros y esa actitud a una plaza de primera?

Entre los novilleros, Lavado destacó en un mal encierro donde Curro Márquez tuvo que ser atendido en la enfermería -ha sido el único que tuvo que ser asistido por los doctores- mientras que la última de rejones fue discreta. Entre las cuadrillas picó muy bien Pedro Iturralde y sobresalieron en banderillas los subalternos de Castella y Perera, así como el malagueño Juan José Trujillo. Por lo que respecta al ganado, hubo buenos toros en los encierros de Fuente Ymbro, Núñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq, no sirvieron los de Lagunajanda, Santiago Domecq, El Vellosino ni los remiendos de La Palmosilla. Volvió a haber baile de corrales para poder completar varias corridas.

Desde el punto de vista empresarial hay que poner en valor la labor de José Carlos Escribano y José Luis Martín Lorca con iniciativas para atraer público a La Malagueta o las acciones de la Asociación de Aficionados Prácticos y la Fundación Toro de Lidia cada tarde frente a las taquillas en defensa de la tauromaquia. Las entradas no han sido buenas si se exceptúan jueves y sábado de feria y este tema debe hacer reflexionar a todo el sector taurino: habrá que analizar la combinación de los carteles, las ganaderías, los incentivos, la competencia...Porque hay un hecho claro y que no es sólo de Málaga, sino en general, la gente va menos a los toros porque socialmente se empieza a ver mal que los ciudadanos vayan a las plazas y ante ese cambio social hay que poner remedio de alguna forma. El invierno está cerca y es buena época para meditar y encontrar la fórmula para volver a ganar la batalla del discurso del valor de la tauromaquia y el rumbo a seguir en este siglo.

 

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