Gente 'pa tó' y oferta para todos

Buen ambiente en las casetas del real al mediodía./Ñito Salas
Buen ambiente en las casetas del real al mediodía. / Ñito Salas
Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Un histórico feriante vaticinó un día que el real tendría más vida por el día que por la noche, y la verdad es que semejante afirmación fue objeto de cierta mofa por quienes lo escuchaban, auditorio de cierto nivel en esto de las fiestas en nuestra ciudad. Es más, se le acusó de «no ser feriante, por lo que puedes decir esas cosas». Pues ya ven. Los tiempos cambian. Y eso que las vísperas de los festivos siguen siendo un reclamo de primera importancia para los amantes de la jarana, además de los muchos padres y jóvenes que siguen llenando cada día, en cuanto cae el sol, la zona de los carricoches, que es como en Málaga se han denominado de siempre las atracciones de feria.

El vaticinio se cumplió. El real sigue ganando adeptos de día. La adecuación de muchas casetas, que disponen de techo y aire acondicionado, la irrupción de firmas de calidad en restauración, y el ambiente festivo que se vive dentro y fuera de las casetas ha sido clave en algo que se vaticinó a mediados de los 90, cuando se apostó por Cortijo de Torres como recinto permanente, en lo que muchos, hay que reconocerlo teníamos nuestras serias dudas, hoy disipadas ya casi en su totalidad. El paseo de caballos también atrae a mucha gente, aunque hay un cierto desorden en los recorridos, y cuando menos te lo esperas te encuentras caballos 'aparcados' al sol, algo que no debería suceder, porque las altas temperaturas las surgimos todos, seamos de la especie animal que seamos. Obviamente, estas hermosas estampas de los carruajes y de los equinos tiene el contrapunto de cómo queda el suelo cuando pasean y pasan, con el esfuerzo titánico de los operarios de Limasa, que no dan abasto. Hay que reconocer que sin su cuasi mágica intervención sería imposible estar en el real, por muchas y adecuadas casetas que existieran por aquello de los olores

La fiesta en algunas casetas no para ni de día ni de noche. Posiblemente los casos más llamativos sean los de 'Siempre así' y 'El Pimpi', pero hay muchas más. El ambiente más genuino, eso es evidente, sigue siendo 'made in Los Amigos de la Espiga', posiblemente donde más trajes de gitana y de corto se siguen viendo por metro cuadrado.

El real también ha ganado con la sombra de su arbolado. Es cierto que han tardado años en cumplir con la misión para la que fueron plantados, pero el tiempo es su mejor aliado. Siguen faltando fuentes para mitigar la sed, porque los amantes de lo etílico encuentran en la atractiva Biznaga un antídoto eficaz para sus malos momentos.

El Centro sigue ahí. Cuentan, porque uno no puede estar en cada esquina, que hay menos despiporre, y que las actuaciones programadas están animando con cierto orden y concierto la fiesta. Alguien lo definió muy bien: «Hay mucho menos chimpún-chimpán». Pues eso. En el Centro hay también lugares cerrados emblemáticos, como la caseta El Ruedo, en el AC Málaga Palacio, que desde hace varias semanas no disponía ni de un sitio libre para comer al mediodía. Ha conseguido Jorge González, su director, imponer también en estas fiestas un signo de calidad y unas señas de identidad muy propias de su cosecha.

El día de fiesta puso el 'no hay billetes' tanto en el real como en el Centro. La verdad es que como dijo el torero, 'hay gente pa tó', pero lo más curioso no es eso, sino que haya oferta también para todos. Esa es la grandeza de la feria de agosto de Málaga, eso es posiblemente lo que hace que la gente llene cualquier esquina haga el calor que haga, porque la fiesta es necesaria para la vida y aquí, en Málaga, la hay y mucha: fiesta y vida.

 

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