«Adictos» a la Feria de Málaga

Un grupo de diez amigos de distintas partes de España aprovechan todos los años para reunirse todos juntos

Grupo de amigos de diferentes partes de España que aprovechan feria para reunirse/ Marina G.P
Grupo de amigos de diferentes partes de España que aprovechan feria para reunirse / Marina G.P
MARINA G. PEDRAZA

El centro está abarrotado, todos se unen en estos días de fiesta para ponerse sus mejores galas y pasarlo bien. Así es el caso de Paloma y sus amigos, quienes esperan a la Feria de Málaga para coincidir todos juntos. Un grupo que supera la decena de personas y vienen de distintas partes de la geografía española con un único fin: pasarlo bien.

Reunidos en El Pimpi, un habitual punto de peregrinaje, estos diez feriantes pasan sus horas bajo el sol, el buen vino y muchas risas. Comparten sus historias y se ponen al día como si el tiempo y la distancia no importaran.

Sofía, una de las integrantes del grupo, es de Badajoz y es el quinto año consecutivo que baja a Málaga a celebrar su feria. «Y van a ser más», promete. «Tengo una amiga aquí en la ciudad y al final se ha convertido en tradición. Hasta que no me diga lo contrario voy a seguir viniendo», dice mientras desata risas con sus amigas. «Cada año solemos juntarnos con gente que conocemos y siempre suelo traer a alguna amiga de Extremadura». Si algo coincide con sus amigos es el buen ambiente que se respira en estos días. «Puedes disfrutar de distintas zonas de la feria, sea en el centro de día o de noche en el Real. Además de la música, los conciertos, la música flamenca que a mi me encanta... Para mí la feria es alegría», define.

Paloma se define a sí misma como una «adicta a la feria de Málaga». «Tengo una fascinación con ella. Durante el año me compro ropa para esta semana, trajes para la feria y el primer día de la Feria es sagrado. Es una desconexión», confiesa.

Para Maite, que es de Chiclana (Cádiz), se cumplen diez años viniendo a la feria. «Lo que más me atrae es el día y su ambiente. Está lleno de vida y alegría». Aunque para esta feriante lo mejor es «beber y bailar». Belén, malagueña de pura cepa, lleva acudiendo desde «que era chiquitita». A pesar de que actualmente esté trabajando en Granada, busca que sus vacaciones coincidan con estas fechas. «Nunca me lo pierdo», dice. Con los años ha aprendido a valorar la Feria del Real por la mañana: «Nos ponemos el traje de gitana y lo pasamos super bien». «Lo mejor es reunirnos con todos, porque nos cogemos los días libres el mismo día para poder coincidir y estar con el «cachondeito» de estar con el vinito, de charlas y de bailes», menciona la gaditana.

Desde Cáceres viene Carmen; es su tercera vez. «La primera me sorprendió gratamente porque es muy acogedora. Cualquiera puede pasárselo bien aunque no seas de aquí. Me he sentido muy integrada, es una feria donde no te sientes fuera». Ella es una fiel seguidora de la feria de día, pese a «las luces» que acompañan el Real. «Es la alegría que ves en la feria de día lo que me engancha y hace que baje año tras año», cuenta rodeada de sus amigos.

José Agustín es malagueño y feriante. Al contrario que sus compañeros, es en la Feria del Real donde encuentra mayor tranquilidad, «sobre todo al mediodía». «Cuando hablo del ambiente de la feria me refiero sobretodo a poder coincidir con los amigos que el resto del año, por circunstancias, no puedes ver. Y esa compañía hace mucho», puntualiza el malagueño.

José María, amigo que está sentado junto a José Agustín, con una copa de vino en la mano, repite año tras año por lo mismo que dicen sus acompañantes, «el ambiente, ¡porque el calor seguro que no!», bromea. «Que la feria sea más larga este año viene bien, para que la gente y la ciudad disfrute de ello», añade.

A pesar de disfrutar con sus amigos, Ángel tiene sus críticas hacia la feria: «Hace tiempo que la feria duraba más tiempo, había música en todas las plazas y era mucho más divertido que ahora. A las seis cortan la música y te tienes que meter en un bar. Deberían haber más conciertos, con más variedad musical y que duraran más. Además, los horarios son poco prácticos, a las cuatro de la tarde un concierto en la calle es insufrible».

Porque a pesar el vino, la música y la alegría, la feria también nos reúne con aquellos a los que más queremos.