«Trabajo seis días a la semana para ganar 600 euros al mes»

Wilson Pérez posa 
camuflado para que
nadie lo pueda reconocer, 
porque se enfrentaría, 
dice, a un previsible 
despido. ::  PABLO COBOS/
Wilson Pérez posa camuflado para que nadie lo pueda reconocer, porque se enfrentaría, dice, a un previsible despido. :: PABLO COBOS

Wilson Pérez Licenciado en Políticas, 'rider' de Deliveroo

Es licenciado en Ciencias Políticas pero trabaja de 'rider', como tantos otros compatriotas venezolanos, a los que, pese a haber cursado carreras universitarias, no les queda otra que jugarse la vida cada día, subidos en sus bicis y, en el mejor de los casos, motos, para poder sobrevivir. «El trabajo más fácil que nos ofrece España es hacernos autónomos y trabajar en una empresa de reparto», se lamenta Wilson Pérez (nombre ficticio, puesto que el colectivo de repartidores de comida a domicilio no se atreve a levantar la voz por miedo a las represalias). Llegó a España hace ya tres años, junto a su mujer y su hijo, de 5 años, para alejarse del infierno que era (mal)vivir en Venezuela. Comenzó trabajando de noche, por las calles de Madrid, como relaciones públicas de los bares de copas, hasta que un amigo le animó a probar en Deliveroo. Lleva ya dos años como repartidor y es uno de los más veteranos. Aquí la rotación es muy elevada por las precarias condiciones y por las constantes oleadas de despidos. Para ser más precisos, de 'desconexiones', porque estos trabajadores ni siquiera tienen derecho a ser despedidos, sino que pueden encontrarse de un día para otro con que la empresa ya no cuenta con ellos y simplemente les bloquea la aplicación, sin darles ninguna explicación. En realidad, no son empleados de estas plataformas, sino simplemente 'colaboradores'.

¿Qué hay que hacer entonces para hacerse 'rider'? Es algo tan sencillo como bajarse un par de aplicaciones al móvil, asistir a una reunión grupal y, en el caso de Deliveroo y Glovo, firmar un contrato on line. Ya estarían listos para empezar a pedalear, eso sí, siempre y cuando se hayan dado de alta como autónomos. Sin embargo, la inmensa mayoría trabaja en exclusiva para la misma empresa, por lo que ya son varias las sentencias que consideran a estos trabajadores asalariados, una de las reivindicaciones de este colectivo. Algo que no es baladí, puesto que entonces tendrían al menos un salario mínimo de 900 euros al mes, derecho a vacaciones remuneradas, a paro, a ser despedidos...

Derechos con los que no cuenta Wilson. Este joven de 31 años cada mañana coge su moto (algo para lo que ahorró durante mucho tiempo y considera un privilegio) y se tira casi doce horas en la calle para, en el mejor de los casos, sacarse 80 euros por jornada, después de haber realizado entre 15 y 18 pedidos. Pero también hay días en los que solo le entran dos o tres pedidos. Del dinero que saca, tiene que guardar para pagarse los 283 euros de cuota por ser autónomo, la parte del IRPF e IVA, los gastos de la moto y el móvil... «Hay meses que no llego», asegura.

Denuncia que las condiciones salariales han ido empeorando. En un primer momento les pagaban 8,5 euros por hora, después pasaron a abonar un estándar de 4,25 euros por cada pedido entregado, que se podía complementar con bonos dependiendo del número de entregas. Ahora pagan por distancia y cobran con suerte 4 euros por hacer 7 kilómetros.

«Trabajo seis días a la semana para ganar 600 euros al mes», dice con resignación, mientras espera que le convaliden su título universitario para poder optar a otro trabajo mejor. Ésa es su meta, su pequeño sueño, nada del otro mundo, pero mucho para él.