Indecisos a pesar de los debates

Plató con los atriles vacíos para
el debate en Atresmedia el
pasado martes por la noche.
:: juanjo martín / efe
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Plató con los atriles vacíos para el debate en Atresmedia el pasado martes por la noche. :: juanjo martín / efe

El votante se decide cada vez más tarde y la influencia de la confrontación entre candidatos en la papeleta escogida es secundaria

RAMÓN GORRIARÁN

Pasada la eliminatoria copera de los debates, PSOE, PP, Ciudadanos y Unidas Podemos sacaron las fanfarrias para proclamar el triunfo de su líder. Es una lección de primero de debate. Pero pasado el subidón de adrenalina, en los comités de campaña de unos y otros, de todos, hay coincidencia en que estos enfrentamientos, sean a doble vuelta o a partido único, tienen morbo, pero escasa incidencia entre los electores. El socialista José Luis Ábalos lo tiene claro: «Los debates no cambian el voto, pero sí reafirman las posiciones». El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid Pablo Simón calcula que cuatro de cada cien votantes, como mucho, se decantan tras la celebración de un debate.

No hay muchos estudios sobre la influencia que tienen en el electorado. El CIS solo preguntó en su barómetro postelectoral de las generales de 2011 sobre el cara a cara de Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, y ocho de cada diez decían que no había influido en su intención de voto. Apenas el 1,3% admitió que hizo que cambiara de papeleta, el 3% apuntó que le ayudó decidirse y al 8,7% le animó a ir a votar.

El dubitativo deja de serlo por muchas razones, y la confrontación entre candidatos en televisión no es la principal. Los procesos de decisión son variopintos, desde la reflexión personal hasta el cara o cruz. También influyen las opiniones de amigos y familiares o el que un candidato le caiga mejor que otro por su aspecto o su forma de hablar.

Ha aparecido, sin embargo, un factor que juega a favor de la capacidad de influencia de los debates. Se ha detectado en las últimas elecciones que el indeciso resuelve cada vez más tarde. En las generales de junio de 2016, el 10% canceló sus dudas la última semana y el 7% se decidió el día de las votaciones. En las andaluzas de diciembre pasado, la decisión se procrastinó más, el 11% dejó de dudar en la última semana y el 12%, en la jornada electoral. Ante esta nueva circunstancia, los duelos en televisión, como se celebran en la recta final de la campaña, mejoran su papel decisorio porque su onda expansiva llega hasta las vísperas de la votación.

Reparto de papeles

Es imposible saber ahora en qué medida los rifirrafes entre Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias han contribuido a liquidar los titubeos. Las encuestas y los expertos inclinaron la balanza del primero hacia el líder de Ciudadanos, tras el segundo, el veredicto estuvo más repartido. Los cuatro se centraron en su papel. Sánchez, presidencialista; Casado y Rivera, en pugna por el liderazgo de la derecha y a dúo contra el líder socialista; e Iglesias hizo de devoto constituyente.

La agresividad mostrada por el candidato naranja se explica porque su partido es el que tiene más indecisos, en torno a la mitad de sus votantes de hace tres años no sabe qué hacer ahora. Su principal duda es votar PP o Ciudadanos, una encrucijada que también aclara por qué el destinatario de buena parte de sus críticas fuera Casado. Los líderes de PSOE y PP, con el flanco de votantes fluctuantes menos expuesto, elaboraron discursos más dirigidos a consolidar sus parroquias, mientras que el candidato de Podemos hizo una enmienda a la totalidad a su estrategia radical de 2016 que arrastró al sumidero un millón de votos, que ahora intenta recuperar.

Pasados los debates y con la franja de votantes dubitativos apenas rebajada, del 42% que calculó el CIS hace más de un mes ahora se sitúa en el entorno del 30% según los tracking que reciben los partidos, todo se juega en los dos días que quedan de campaña y el fin de semana de autos.