«Mucha gente cree que la comida surge en el supermercado»

Gaspar Anabitarte 
hace un alto en 
el camino de su
larga jornada laboral. 
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Gaspar Anabitarte hace un alto en el camino de su larga jornada laboral. :: sane

Gaspar Anabitarte Ganadero autónomo

IRMA CUESTA

A Gaspar Anabitarte le gusta presentarse como campesino. Lo hace con el mismo entusiasmo con el que con 24 años, recién acabada la carrera de Biológicas, convenció a su novia, una madrileña que nunca había oído hablar con fervor (ni sin él) de una vaca, para hacer las maletas, instalarse en Cantabria y convertirse en ganadera. Cincuenta años después mantiene intacta, además de la pasión por la vida en el campo, la convicción de que la tierra es la única fuente de riqueza que perdura. «Hemos vivido una crisis financiera que traerá otra de mayor calado: la energética. Nos quedaremos sin petróleo, pero seremos ya siete mil millones de personas en el mundo que tendrán que alimentarse. Sé que es complicado de entender hoy, cuando muchísima gente cree que la comida surge en el supermercado», dice de forma pausada, pero firmemente. En casa de este autónomo, patrón de una estabulación dedicada a la producción de leche ecológica con un empleado a su cargo, hay que levantarse pronto. Treinta y tres vacas que nos regalarán una leche de primera esperan desde el amanecer a ser ordeñadas. Dos veces al día, todos los días del año. Lo explica sin un ápice de victimismo, orgulloso de la vida que ha elegido. «Los ganaderos estamos en pleno cambio de régimen, nos está costando adaptarnos, pero vamos recorriendo el camino», dice, insistiendo en que si somos capaces de ejecutar nuestra soberanía alimentaria, la gente del campo recuperará el respeto social que ha perdido. «Resulta sorprendente el papel que juega el campo en una campaña. No digo que no tengan interés, pero es evidente que la mayor parte de los políticos no entiende nada de este mundo por importante que sea. Todo lo que somos y comemos ha salido de la tierra», afirma, sin poder esconder una sonrisa cuando le preguntan qué opinión le merecen los partidos que enarbolan la bandera en defensa de los animales. «Estamos ante una patología social que empieza con el ecologismo, evoluciona hacia el animalismo y termina con el veganismo. El problema de fondo es la ignorancia; el desconocimiento de que la naturaleza es un ciclo permanente en el que no hay momento para la piedad; la certeza de que todo y todos somos comida».

Lo que Anabitarte ha bautizado como la 'disneylización' del conservacionismo no parece tener sitio, ni en su vida, ni en la de los cientos de ganaderos y agricultores que aún resisten en este país. «Uno de los principales problemas actuales es que comemos manzanas traídas de Chile como si eso fuera algo natural. Los alimentos se producen y viajan, viajan mucho. Los políticos no quieren verlo, pero el hombre del campo volverá a tener la importancia que tuvo cuando traer y llevar toda esa comida sea tan costoso que no se pueda soportar». El suyo es una suerte de aviso a navegantes que suelta mientra lamenta que hayamos entregado la alimentación al negocio de las transnacionales y que ellas nos hayan robado hasta la cartera. «La cadena de valor se ha organizado al revés. Por ejemplo, en Cantabria, en donde se producen algo más de un millón de litros diarios de leche, no se bebe leche de aquí. Sorprendentemente se compra leche de Nueva Zelanda. Pero no en casa, que cada uno compra lo que quiere, sino en hospitales, colegios...»