Rivera tiende la mano a Casado para formar gobierno «si no ha tirado la toalla»

Albert Rivera en el centro junto a otros cargos del partido en Málaga como Javier Imbroda y Guillermo Díaz, el candidato al Congreso por la provincia./ÑITO SALAS
Albert Rivera en el centro junto a otros cargos del partido en Málaga como Javier Imbroda y Guillermo Díaz, el candidato al Congreso por la provincia. / ÑITO SALAS

El presidente de Ciudadanos descorcha la campaña en los Baños del Carmen con un mitin plagado de referencias al problema catalán y reproches a Sánchez: «Hay que echarlo»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Había dudas, después de su sorprendente inicio de campaña en forma de holograma en Madrid, pero apareció. Albert Rivera revolucionó en la tarde de este viernes los Baños del Carmen, uno de los lugares predilectos de su partido, que sin embargo no llenó. Entre banderas europeas, españolas y andaluzas, estudiadamente repartidas, al ritmo de una melodía de campaña con vocación épica, el presidente de Ciudadanos volvió a dar fe de su idilio con la provincia natal de su madre, lazo familiar al que hizo referencia pronto: «Ya sabéis lo que siento por esta tierra. La llevo en mis raíces y mi sangre». El comienzo resultó dulcemente complicado por los gritos de «¡presidente, presidente!» y «¡que salude, que salude!» de varias simpatizantes y curiosas que se toparon con el acto mientras tomaban algo. «No me concentro», confesó a modo de ruego.

Sobrepuesto al ruido de fondo, y consciente de que los sondeos soplan a favor de Pedro Sánchez, Rivera centró su discurso en la necesidad de repetir la hazaña de la formación naranja en Andalucía, donde gobierna tras sellar un pacto con el PP que desalojó al PSOE de San Telmo, unión que puso fin a casi cuarenta años de mandato socialista. «Ni una sola encuesta daba posibilidades al cambio. Era muy complicado. Yo siempre decía que nos fijáramos en Cataluña, donde habíamos ganado a los independentistas. Estoy aquí gracias a la confianza de la gente que no ha tirado la toalla», defendió para despertar una de las mayores ovaciones de un mitin plagado de referencias al proceso catalán, sin una sola mención a Vox. No titubeó, sin embargo, para confirmar su escenario deseado tras el 28 de abril: un gobierno «constitucionalista» con el PP de Pablo Casado, a quien «vuelvo a tender la mano». Rivera reprochó a su homólogo popular que «esté más preocupado contando cuántos diputados van a perder que de sumar para echar a Sánchez».

Muy crítico con un PSOE al que considera «podemizado», Rivera insistió en que en la próxima cita con las urnas «nos jugamos un país unido o dividido» y adelantó las primeras medidas que tomaría en caso de acceder a la Moncloa: tarjeta sanitaria única, equiparación salarial entre funcionarios, un plan contra la despoblación, banda ancha en todas las provincias, un pacto de Estado para la educación y la obligatoriedad de estudiar una asignatura centrada en la Constitución. «Este país tiene un problema que se llama natalidad y otro que se llama pensiones. En vez de hablar de Franco o del aborto, hablemos de eso. Somos el partido del futuro y la igualdad, porque no se puede creer en la igualdad un poquito; si crees en la igualdad entre hombres y mujeres, crees en la igualdad entre andaluces y catalanes», aseguró antes de valorar que el estado de las autonomías «ha fragmentado derechos».

En cuanto a sus soluciones para el 'procés', el líder naranja aplicará el artículo 155 «si hace falta» y lanza un órdago a Sánchez: «Que responda si indultará» a los líderes del 1 de octubre. Rivera, que inventó paralelismos para deshacerse en elogios hacia Málaga, «cuna de libertad que clama igualdad y mira al futuro, como Ciudadanos», fue precedido por el candidato de su partido en la provincia, Guillermo Díaz. Era la primera vez que el diputado intervenía en un acto presidido por Rivera, y tiró de su habitual ironía, sabedor de quién era el indiscutible cabeza de cartel: «Llevo toda mi vida yendo a conciertos, esperando que terminasen los teloneros, así que considerad esto mi venganza personal». Díaz dio las gracias a su líder «por hacer frente al nacionalismo cuando los demás pactan con él y por sacrificar la paz personal» y aprovechó su breve discurso para introducir algunos problemas de la provincia a los que Rivera no haría referencia después: «Es una vergüenza que todos los veranos estemos al borde de un decreto de sequía porque no atienden nuestra propuesta para recrecer La Concepción».

Al acto también acudió el vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín, aunque quien intervino fue el consejero de Educación y Deportes, Javier Imbroda, que recordó su primer encuentro con Rivera, cuando el político catalán planeaba dar el salto al ruedo nacional: «Yo ni siquiera imaginaba que acabaría aquí, pero al salir del almuerzo pensé, y se lo dije a un amigo, que acabábamos de estar con el futuro presidente del Gobierno de España, y no soy un 'bienqueda'». El exseleccionador de baloncesto incidió en que «es imposible» alcanzar las llaves de la Moncloa «dando la espalda a Andalucía, porque el sur es mucho sur y somos una fuente de inspiración para el resto del país», además de recordar que los políticos «somos servidores públicos y venimos aquí para servir, no para servirnos». Imbroda dio un toque de atención a sus socios de gobierno en San Telmo: «De las 21 medidas propuestas en los primeros cien días, 14 son de Ciudadanos».

También intervino la abogada Sara Giménez, número tres de Ciudadanos por Madrid y reconocida activista de la lucha para la integración del colectivo gitano en la sociedad: «He visto la desigualdad. La noté al seguir estudiando, porque por mi condición no se esperaba que siguiera. Ciudadanos es el partido que va a poner freno a la discriminación. Llevo más de un año trabajando en el Consejo de Europa y he dado el salto porque Albert me ha demostrado que tiene una propuesta firme y profesional, sin que necesite carnet de partido, y que abraza la diversidad».