«De novios, él no me vio en bañador, porque mi primer viaje lo hice ya casada»

Plena vitalidad
Mariluz de Cortés le 
cuenta a sus nietos lo 
dura que fue su niñez.
:: ÓSCAR CHAMORRO
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Plena vitalidad Mariluz de Cortés le cuenta a sus nietos lo dura que fue su niñez. :: ÓSCAR CHAMORRO

Mariluz de Cortés Ama de casa, 81 años

Mariluz llegó a Madrid en 1942 con su madre y sus hermanos. Venían de Mataró y ocuparon una habitación alquilada en Puente de Vallecas. Mariluz, nacida en la Guerra Civil, iba a por agua a la fuente. Con frío y sabañones, esperaba durante horas el turno para llenar el barreño. «Mi madre tuvo valor para dejar a mi padre e irse sin nada», rememora Mariluz de Cortés, a los 81 años, en su casa decorada con figuras de porcelana y fotos de las comuniones familiares. «Antes los padres no estaban obligados a ver por sus hijos y del mío nunca más se supo. Para alimentarme me daban manzanilla en vez de leche».

A los nueve años ya cocinaba subida en una silla. Su madre servía en una casa de día, donde fregaba las escaleras de mármol de rodillas, y de noche bordaba. Entre un trabajo y otro, iba a recogerla. «Me llevaba a dar una vuelta a la hora en que la dueña de la casa cenaba y no quería que viera qué comía», recuerda. «A mí me daban una barra de pan duro».

FECHA CLAVE

1978
Política
«No sé nada de política ni quiero saber, pero sí voté por la Constitución y después en casi en todas las elecciones he votado», dice Mariluz de Cortés
«Antes no había libertad, no se podía ni hablar, pero a mí nunca me pegó la policía porque no me metía en ningún conflicto. El país ha ido a mejor en estos 40 años».

La niña asistía al colegio de las Divinas Pastoras, un centro sólo de chicas con dos puertas. «Por una entraban los que tenían dinero y por la otra, los que íbamos sin pagar. La educación era muy diferente. Aprendí a leer, escribir, sumar, restar. Yo hacía caso a mi madre, no me tenían que castigar ni nada». A los 13 años dejó los estudios y empezó a trabajar. Cosió botones en la intendencia militar, asistió en un taller de modista e hizo alfombras en los telares de la Real Fábrica de Tapices.

A los 17 conoció a José Cortés, tres años mayor. «De jovencita no se salía casi. Sólo los fines de semana y a las diez tenía que estar en casa. Se tenía sólo un vestido para los domingos». Estuvieron cuatro años de novios, él ahorró dinero durante la mili y se casaron cuando ella tenía 21. «Mi luna de miel fue ir al cine, salir para comer un bocadillo y entrar a ver otra película», asegura. «De novios, él no me vio en bañador, porque mi primer viaje lo hice ya casada, a la playa de Alicante», dice Mariluz, que ya cumplió 60 años de casada, y tiene cuatro hijos y nueve nietos. «Estos niños no saben lo que es pasar hambre».

Mariluz, que ahora es aficionada a los cruceros, subió a un avión por primera vez «cuando ya había muerto Franco». Votó por el sí a la Constitución de 1978 y hace 32 años se enfrentó a la violencia de género, cuando supo que un familiar cercano era víctima de maltrato. «Le pegaba y ella no nos decía nada», asegura. «Cuando lo supimos, la apoyamos para que dejase a su marido, nos hicimos cargo de sus hijos, de lo que faltaba pagar de su casa. En esa época tampoco se estilaba separarse».

En Entrevías quedaba su primer domicilio de casada y carecía de servicios. Ella se dedicaba al hogar. «Una se casaba y dejaba de trabajar pero ahora es mejor, la mujer tiene su independencia». José era pocero, pasó a la albañilería y después fundó su propia empresa de construcción. Mariluz le ayudaba con los pagos. «Siempre separaba unas pesetas». Ahorraban. Compraron otra casa, en Portazgo. «Se pagaba muy poco». Durante 20 años se mudaron cinco veces. «Siempre vendimos por el doble de lo que nos costó». Hasta llegar a la casa actual, en la que llevan 40 años, y desde donde ella observa uno de los primeros lugares en los que trabajó de niña. «Y yo que quería perderlo de vista».

El 6 de diciembre los españoles aprobaron la Constitución