Del estado zen de Montesinos a la admiración de Rueda por Clara Campoamor

Montesinos, en el set de maquillaje./Ñito Salas
Montesinos, en el set de maquillaje. / Ñito Salas

La cohorte de Garzón o la pasión de Díaz por Iron Maiden, entre las perlas de un debate que deja una invitación grupal para almorzar

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Son cinco candidatos, pero movilizan a cerca de una veintena de personas a su alrededor. Los cabezas de lista de PP, PSOE, Unidas Podemos, Ciudadanos y Vox no llegaron solos a los estudios de 101TV, en la calle Alejandro Casona. Alberto Garzón llevaba la cohorte más extensa, escoltas incluidos por las amenazas recibidas en los últimos meses. El líder de Izquierda Unida, acompañado de su inseparable libreta roja, era también quien tenía más prisa; el AVE le esperaba. Pablo Montesinos llegó puntual, listo para pasar por chapa y pintura, «aunque ya vengo maquillado de casa». Era el único que llevaba corbata, frente al vestuario más 'casual' de sus contrincantes políticos, a quienes tendió la mano en casi una decena de ocasiones, una cordialidad que sorprendió a Nacho López. «Parece de otro partido. Casado se dedica a enturbiar la vida pública y ahora viene Pablo (Montesinos) con este estilo zen...», le espetó el candidato socialista. El nuevo fichaje del PP insistía: «Celebro que te guste mi tono. Estáis invitados a un aperitivo, un almuerzo y una copa o un café en el paseo marítimo de Pedregalejo».

Patricia Rueda, con libreta de mano, se hizo rogar hasta bajar al plató. Iba acompañada únicamente de su jefa de prensa y enseguida criticó la falta de paridad provocada por la elección de cuatro hombres como números uno en el resto de partidos: «Y luego dicen que somos nosotros los machistas». La inexperiencia le pasó factura, sin agotar la mayoría de turnos de los que disponía. Delante, eso sí, tenía a algunos de los rostros políticos más curtidos en televisión. Guillermo Díaz fue nominado en diciembre al premio al diputado revelación, entregado por los periodistas parlamentarios. No sabemos si Montesinos le votó, pero durante el debate no tardó en recordar su antiguo trabajo, al otro lado de las cámaras: «Creo que España se la juega. Por eso he dado el salto y no estoy haciendo las preguntas». A Garzón, en cambio, le faltaba tiempo en sus intervenciones. «No habéis contestado cómo vais a casar la defensa de la igualdad con el apoyo al referéndum», le retaba Díaz, consciente de que Unidas Podemos ya tenía su cuenta atrás a cero. «Porque no tengo tiempo. Si no, te contesto», respondía Garzón. «No estoy aquí para tirarme los trastos a la cabeza con nadie», continuaba Montesinos.

«Y luego dicen que somos nosotros los machistas», reprochó Rueda, única mujer Patricia Rueda, candidata de vox

Ya en la sesión de fotos se habían producido las primeras interacciones. «Guillermo (Díaz) me toca a la izquierda y eso no está bien», bromeaba Garzón. Ambos se miraron con cierta complicidad cuando Rueda sentenció que Vox había aterrizado en política «para salvar el Estado del Bienestar». Ninguno miró el teléfono móvil, aunque todos llevaron apuntes que repasaban con frecuencia y dedicación de estudiantes aplicados. Los mayores del quinteto, Rueda y López, apenas tienen 42 años. En bambalinas, sin embargo, estuvieron representadas las generaciones anteriores con Enrique Linde, icono del sanchismo y asesor del candidato del PSOE, y Manuel Marmolejo, que dio apoyo moral a Montesinos.

Churchill e Infante

Manuel Castillo les pidió que eligieran un personaje histórico con el que se sienten identificados. «Winston Churchill», respondió Díaz: «Es un referente político». Luego confesó que a punto estuvo de cambiarlo por Berlanga, una opción más española pero también más surrealista. Rueda, imbuida por el espíritu de Albert Rivera, escogió a Clara Campoamor. López tomó la salida fácil: «Elegiría a la generación de mis padres, que fue la que trajo la democracia». Montesinos se sumó: «A Adolfo Suárez y a los padres de la Transición». Garzón se decantó por Blas Infante, «sin compartir todo su ideario».

El director de SUR también preguntó por el lugar predilecto de los cinco candidatos para tomarse un respiro. El más original fue Díaz, que reveló su preferencia por la cripta del Santuario de la Victoria. Rueda evitó mojarse: «Málaga tiene tantos rincones tan maravillosos...». Los candidatos de PP, PSOE y Unidas Podemos eligen la playa y el paseo marítimo. «Ahora que no hay mucha gente», matizó Garzón. ¿Y qué harían en caso de acumular ahorros para algún capricho? Díaz volvió a funcionar como nota discordante: «Iría a un concierto de Iron Maiden con mi familia». Garzón, más tradicional, se iría de viaje «con mi mujer y mi hija, a quienes apenas veo durante la campaña». Rueda pasaría el día en familia y López alquilaría una casa rural con su hijo. Montesinos, haciendo honor a su recién estrenado título de candidato zen, volvió a invitar a sus adversarios políticos a un almuerzo a pie de playa. La batalla por Málaga ha comenzado. Queda menos para saber si la cordialidad sigue intacta el 28 de abril.

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