«En el PP son unos blandengues, aplicaron un 155 light»

«En el PP son unos blandengues, aplicaron un 155 light»

Matilde Valverde Alarcón Extremeña votante de Vox madre de siete hijos

JUAN LÓPEZ-LAGO

Matilde escucha los apellidos Otegi, Colau o Carmena y le sube la fiebre. Es su manera de hablar y muestra a las claras en qué posición -a la derecha de la derecha- afronta las próximas elecciones generales. Conservadora, católica defensora de la vida, partidaria de un mayor control sobre la inmigración, contraria a que a la unión de dos homosexuales le llamen matrimonio, piensa que las autonomías deberían ser más débiles y el estado central más fuerte. Por descontado, esta viuda que ha sido enfermera y hoy es madre de siete hijos y abuela de trece nietos, se ha vuelto partidaria del único partido que dice defender la unidad de España sin ambigüedad. Por todo lo anterior, Matilde Valverde, que se ha criado en Mérida y vive en Badajoz, es una incondicional de Vox. Y aunque le falta la foto con Santiago Abascal, sí la tiene con el secretario general del partido, Ortega Smith. Hace unos días participó en un acto 'de cañas por España' con el candidato pacense y está convencida, y lo dice con una chispa de ilusión y alivio en su rostro, de que Vox sacará muchos más votos de los que la gente piensa. Por ponerle una pega a esta formación, Matilde cita la idea de ampliar el permiso de uso de las armas. «Sé que la propuesta está razonada, pero me da miedo que cualquier loco pueda tener un arma a mano», confiesa.

Hija de un ginecólogo y esposa de un abogado que falleció hace once años, Matilde es lo que se dice una mujer de derechas. «Soy patriótica, españolista, me gustan nuestras tradiciones y con Vox he encontrado al fin el partido que yo esperaba porque defiende todas las ideas con las que estoy de acuerdo», dice esta extremeña que no ahorra descalificaciones para el resto de partidos, incluido el PP -«aplicó un 155 light, son unos blandengues», dice-, un partido que ya no sirve a sus intereses, excepto cuando fue a la manifestación de la Plaza de Colón en Madrid el pasado 10 de febrero montada en uno de sus autobuses.

ALGUNOS DATOS

«A Albert Rivera y a Pablo Casado les veo algunas cosas buenas, pero es que Abascal lo tiene todo y sé que en la vida pactará con los independentistas». Para ella, la deriva secesionista de Cataluña ha activado su pasión por la política, cuya actualidad sigue de cerca. «Todo empezó cuando Aznar le dio carta blanca a Pujol. Después llegó Artur Mas con sus ideas de independencia y le han seguido dos más radicales en esto como Puigdemont y Torra. Me da lástima porque allí adoctrinan a la gente desde que van al colegio», lamenta esta extremeña nacida en 1946 que vivió la posguerra y recuerda nítidas varias historias de la Guerra Civil. «Me las contaban en mi familia, pero como cuentos, sin odio y dejando claro que la barbarie se dio en ambos bandos. A mi tía la mató una bomba en la Puerta de la Villa en Mérida, pero yo no soy partidaria de cambios en el callejero, aunque sí tengo claro que se vive mejor en una democracia que en una dictadura».

Según cuenta, no tiene problema en viajar a Cataluña y en mayo regresa a Lloret del Mar. «Hace dos años estuve en Barcelona con un viaje organizado y todo muy bien, pero fuimos a Montserrat y el cura nos dio la misa en catalán sabiendo que la mayoría de los que estábamos allí no lo hablamos. Y oye, pues eso no me gustó».

Es el porcentaje de extremeños, según el CIS, que respondió que uno de los tres principales problemas que existe actualmente en España es 'la independencia de Cataluña'. Solo el 1,4 por ciento de los encuestados opina que es el más grave.