«Ángel Hernández no debe ser juzgado. Tampoco lo hará Dios»

En su azotea. Vicent Vila adora subir
a la séptima planta del convento
donde vive en Barcelona. El franciscano 
llama a este espacio su séptimo cielo. 
:: Vicens Gimenez/
En su azotea. Vicent Vila adora subir a la séptima planta del convento donde vive en Barcelona. El franciscano llama a este espacio su séptimo cielo. :: Vicens Gimenez

Jacint Vila Franciscano enfermo de ELA, no es partidario de la eutanasia activa, pero comprende a los que recurren a ella

JOSU GARCÍA

españoles han registrado su testamento vital o documento de voluntades anticipadas. En 2013 había sólo 145.000. Cada vez más personas optan por dejar por escrito cuál es el trato terapéutico que quieren recibir en el final de su vida.

LOS DATOS

250.000
No sólo enfermos
Para realizar este trámite no hace falta estar enfermo
El documento señala a un familiar o amigo como responsable de trasladar a los médicos cuál es el deseo del paciente.

En la séptima planta del convento Sant Antoni de Pàdua de Barcelona, hay una terraza a la que se asoma con frecuencia Jacint Vila desde su silla de ruedas. Es lo que este franciscano de 74 años, enfermo terminal de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) desde hace once años, llama 'El séptimo cielo'. Contemplar la capital catalana desde la azotea es «una maravilla», al igual que ver los partidos del Barça y orar con sus compañeros. Son algunos de los «pequeños detalles» que la vida aún le ofrece a este hombre nacido en Vic en 1945. La terrible dolencia incurable que padece ha reducido su movilidad hasta el punto de que no es capaz ni siquiera de teclear en un ordenador. Varios voluntarios y amigos le ayudan en esta y otras tareas básicas. Ahí está su fiel Victorino, su cuidador.

Vila no es partidario de la eutanasia. Quiere vivir hasta el final. Sabe que el camino será duro y doloroso. Pero tiene fe y se siente «un privilegiado por todos los amigos que me miman y rodean». Tampoco desea sufrir un ensañamiento clínico y ha pedido que le apliquen cuidados paliativos para no sentir los terribles dolores que la ELA causa, aunque esto suponga «adelantar unas horas o días» el momento de su fallecimiento.

El franciscano no lo comparte pero respeta «profundamente» a aquellos enfermos que han optado por acabar con su vida mediante una eutanasia activa. «Ángel Hernández (en alusión al hombre que ayudó a su esposa, María José Carrasco, a morir hace dos semanas) en ningún caso debería ser juzgado ni castigado. Dios tampoco lo hará».

Desde su silla de ruedas, Vila se muestra partidario de que la sociedad abra una reflexión sobre la eutanasia. Un asunto que se ha colado en la campaña electoral con posiciones encontradas. El PSOE y Podemos son partidarios de una ley que reconozca el derecho a morir de los pacientes. En el extremo contrario se encuentra Vox, que quiere prohibir «este invento de 'progres'», mientras que el PP, en cuyo seno hay distintas sensibilidades, se inclina hacia el rechazo. Y, por último, Ciudadanos hace hincapié en los cuidados paliativos y en acabar con el ensañamiento terapéutico para lograr un adiós digno. «Es un tema que debe debartirse y llegar a acuerdos claros tanto para los enfermos como para el personal médico y los familiares y cuidadores», sostiene Vila. Con todo, el franciscano cree que «la medicina actual tiene recursos suficientes para combatir y mitigar los dolores y sufrimientos extremos».

Vila asegura que la fe y su condición de religioso le están ayudando a sobrellevar esta devastadora enfermedad. «En ningún momento culpo a Dios de nada y acepto lo que me está pasando como consecuencia de las limitaciones y fragilidad humana», dice. «Hemos sido creados para vivir, mucho más allá de nuestro breve caminar por el mundo, en la felicidad eterna del reino de los cielos».

El franciscano insiste en que «tal vez ahora valoro más los pequeños detalles y las muestras de afecto y solidaridad que recibo constantemente». Su entorno es, precisamente, su gran fortaleza. «En los buenos momentos de la vida, los amigos son muy importantes, en los difíciles, como en mi caso, son imprescindibles».