El retroceso electoral de Convergència le complica tener grupo parlamentario

La formación de Artur Mas dependerá de que la próxima Mesa del Congreso aplique una interpretación generosa del reglamento

CRISTIAN REINO

BARCELONA. El día después de las elecciones, el independentismo insistió en valorar de manera positiva el resultado global de las fuerzas secesionistas en las generales, aunque Convergència puede quedarse sin grupo propio. La formación nacionalista obtuvo ocho escaños, igual que en el 20-D, pero en esta ocasión no ha alcanzado el 15% de los sufragios necesarios ni en Tarragona ni en Barcelona, ni en el global de Cataluña, lo que puede relegarle al grupo mixto. Convergència se dejó 80.000 votos y cayó más de un punto.

Si la futura mesa del Congreso aplica de manera estricta el reglamento, la formación que no hace mucho tenia 16 escaños en Cámara baja, deberá compartir el tiempo de los debates con Bildu y Coalición Canaria. Un ejemplo del retroceso de los nacionalistas fue su resultado en la capita catalana, donde quedó como quinta fuerza, por detrás del PP. Desde el independentismo reiteran que los populares están cerca de una situación de irrelevancia en Cataluña, pero lo cierto es que CDC solo ha obtenido 20.000 votos más que el PP en las cuatro provincias catalanas. Las encuestas vaticinaban un hundimiento casi catastrófico para los convergentes, que ganaron las elecciones generales en Cataluña en 2011 y ahora ya no pueden ni aspirar a ser la fuerza hegemónica dentro del soberanismo.

Por contra Esquerra, que sí se afianza como partido principal del soberanismo, avanzó casi 30.000 votos y 2,2 puntos porcentuales. Los republicanos celebraron casi como una victoria propia el hecho de que el independentismo haya mantenido los 17 diputados que obtuvo el 20-D. CDC y ERC creen que el soberanismo ha resistido al 26-J, pero no hay que ignorar que el voto independentista está tan estancado como el proceso.

Aun así, el cabeza de lista por Barcelona, Gabriel Rufián, interpretó el resultado electoral como la constatación de que «Cataluña es otro país, que vota diferente». A pesar de que tanto Convergència como Esquerra creen que el 26-J «aleja» a Cataluña del resto de España, ambas formaciones creen que pueden ser decisivas para un eventual pacto de Gobierno alternativo al PP. Eso sí, solo darán su apoyo a cambio del referéndum.

 

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