El baile de Podemos

Iglesias debe precisar cuáles serían sus primeras medidas si llega al Gobierno y cuáles de sus propuestas son innegociables

El baile de Podemos
COLPISAMADRID

El partido que lidera Pablo Iglesias ha ido modulando sus propuestas programáticas y practicando un sincretismo ideológico cambiante, corrigiendo su política en atención a las respuestas electorales que ha obtenido en cada convocatoria y a las encuestas que manejaba. La decepción de las autonómicas catalanas de septiembre de 2015 condujo a Podemos a subrayar su apuesta por la consulta en Cataluña ante las generales del 20-D, convirtiéndola en condición ineludible en las negociaciones posteriores. Consulta que ha desaparecido de entre las 'líneas rojas' trazadas por Iglesias ante los comicios del 26 de junio. La transversalidad propugnada hace seis meses llevó a los dirigentes de Podemos a teorizar sobre la superación de la divisoria izquierda-derecha. Razón entre otras por la que eludieron, no sin desdén, la alianza con Izquierda Unida.

Sin embargo el escrutinio del 20-D les ha llevado a limitar la transversalidad ideológica de sus aspiraciones electorales al tramo que iría de Garzón a Zapatero, contando con las confluencias de Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia. Podemos ha pasado de mostrarse indispuesto a facilitar, siquiera absteniéndose, una alternativa de centro-izquierda que concediera la presidencia del Gobierno a Pedro Sánchez a someter a éste y a su partido a un verdadero cerco gracias a los anuncios demoscópicos del 'sorpasso'. Reivindicar la "nueva socialdemocracia" para evocar en realidad una socialdemocracia primigenia e impoluta ha ampliado el etiquetaje que venía utilizando Podemos a la hora de presentarse como una fuerza integradora de un sinfín de pulsiones sociales. Se trata a la vez de una impostura tacticista y correosa -los halagos de Iglesias a Zapatero se las traen-, y también de variaciones que describen la evolución en una formación tan reciente y de aluvión. Una mezcla de oportunismo sin reservas que disimula la ambigüedad o la inconsistencia de su cambiante programa con frases que suenan rotundas cuando son equívocas. Ninguna formación democrática puede verse sometida a un juicio de intenciones, y menos en vísperas de unas elecciones. Pero todos los partidos, incluido Podemos, están en la obligación de precisar exactamente qué es lo que harían en caso de llegar al Gobierno. Cuáles serían sus primeras medidas, y cuáles de sus propuestas son innegociables.