La épica busca espacio entre banderas

Albert Rivera ofreció ayer un mitin en
Rentería (Guipúzcoa), acompañado por
la europarlamentaria Maite
Pagazaurtundua y el filósofo Fernando
Savater, entre otros.
:: J. Etxezarreta / EFE
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Albert Rivera ofreció ayer un mitin en Rentería (Guipúzcoa), acompañado por la europarlamentaria Maite Pagazaurtundua y el filósofo Fernando Savater, entre otros. :: J. Etxezarreta / EFE

El hostigamiento radical a Albert Rivera proporciona a Ciudadanos una oportuna baza para amortiguar su caída electoral

ALBERTO SURIO

La épica de las banderas luchó ayer a brazo partido en la jornada electoral contra el riesgo del achique de espacios en favor del voto útil. Pablo Iglesias y Albert Rivera vinieron ayer al País Vasco para proteger sus territorios y blindarlos de las opas de los grandes. Sus estrategas de imagen acertaron de plano. Iglesias lo hizo en Eibar -era 14 de abril- e intentó insuflar aire al guion de Unidas Podemos al realizar una encendida defensa de la República. La villa armera, el primer lugar en el que se proclamó en 1931 la Segunda República, servía de pantalla a la formación morada para reivindicar la bandera tricolor desde el convencimiento de que entre las nuevas generaciones, el sentimiento es mayoritariamente republicano.

Esta memoria forma parte del ADN de Iglesias. Los dirigentes de Podemos celebraban sus triunfos en las generales de 2015 y 2016 con una canción que es un icono en la izquierda latinoamericana. 'El pueblo unido jamás será vencido', cantada por Quilapayún, creada cinco meses antes del derrocamiento del presidente de Chile, Salvador Allende, en 1973, y convertida en un símbolo de la Unidad Popular. Los dirigentes de Podemos la sabían de memoria, y la entonaban entusiastas puño en alto, con excepción de Iñigo Errejón, que hacía el signo V de la victoria. La formación ha vuelto a la mística de izquierdas -aquellos orígenes en las juventudes del PCE- tras un comienzo, al calor del 15-M, en el que el relato contra «la casta», los de abajo contra los de arriba, había dado una original patada al tablero. Errejón lo tenía teorizado. La distinción entre la izquierda y la derecha, dos categorías culturales de arraigada tradición en España, entraba en crisis en las nuevas generaciones.

Iglesias quiere hoy combinar ese regreso a las esencias con un discurso de choque contra un «sistema corrupto» que ha intentado destruirle. Cultiva la idea de que es necesario para forjar una alianza de izquierdas con el PSOE y neutralizar así la tentación de un pacto con Albert Rivera. Pero las encuestas reflejan una caída de Unidas Podemos. Iglesias debe combatir la marea del voto útil y construir una narrativa como superviviente. Su esfuerzo es titánico y puede contribuir a que Unidas Podemos se sitúe en el umbral del 15%.

Lo sabe José Félix Tezanos, el director del CIS. Que advierte del voto oculto de la derecha. Si a este dato añadimos que unos 750.000 electores de Albert Rivera en las últimas generales también duda, y que de ellos un 75% no sabe si quedarse en la abstención o apoyar al PSOE, la coctelera reúne todos los ingredientes.

Rivera fue ayer el gran protagonista al envolverse en Renteria en la bandera constitucionalista y clamar por la «libertad». Un acto de alto voltaje, con tensión y algunas escenas sacadas de la moviola del pasado. Paradojas de la campaña, clamó contra los 'privilegios' en la misma plaza de los Fueros del municipio. En la localidad donde los ediles del PSE y del PP en los años de plomo eran acosados en las calles, en la que la casa del pueblo ha sufrido decenas de ataques, Rivera saca pecho bajo el ruido de las cacerolas y los gritos de los radicales. Muchas miradas de odio. Sus asesores estaban eufóricos. El discurso antinacionalista vende y la intolerancia de una parte de la izquierda abertzale le ha dado una valiosa baza a Cs para amortiguar su caída y cuidar su flanco débil. Épicas para levantar la moral en un país al borde de las vacaciones.