Del 0,2% al 11% de los votos en solo dos años

R. G. MADRID.

Pocas progresiones tan espectaculares como la de Vox se han visto. De ser un partido residual se ha convertido en una fuerza con un futuro político espléndido a pesar de su indisimulado populismo ultraderechista.

El partido se fundó en 2013 con la declarada intención de situarse a la derecha del PP. Tenía rostros conocidos, Alejo Vidal Quadras, José Antonio Ortega Lara y Santiago Abascal, pero no cuajó. Su primera cita con las urnas fueron las europeas de 2014, en las que con 250.000 votos se quedaron a un palmo de alcanzar un escaño en Estrasburgo. Aquel revés motivó la fuga de algunos notables y Abascal, exdirigente del PP vasco, tomó las riendas del partido para proseguir la travesía del desierto. En las andaluzas de 2015 se quedó con 18.000 votos, el 0,4%; en las generales de diciembre de ese mismo año, reunió 58.000 votos, el 0,23%; en las de junio de 2016, bajó a 47.000 papeletas y el 0,20%.

Dos años y medios después, Vox gallea en el corral político de Andalucía con casi el 11% de los votos y 12 escaños, y amenaza con tener un protagonismo importante en el Congreso de España.

 

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