Opinión | Casado, a las duras y a las maduras

Opinión | Casado, a las duras y a las maduras
Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

El líder nacional del PP se ha enfundado el chaleco de campaña de candidato andaluz. Juanma Moreno también lo viste, aunque físicamente. Pablo Casado ha decidido ponerse al frente de la batalla, y no ha sido como esos generales que están en los cuarteles agazapados mandando a sus tropas a una guerra que puede traer un largo parte de bajas. Quizá no le quedaba otra al joven líder que dar la cara, a riesgo de que se la partan, porque además del adversario conocido, el PSOE, tiene dos nuevos contrincantes en lo que tradicionalmente ha sido su retaguardia, el flanco derecho. Ciudadanos tiene una corriente de simpatía a su favor. La gente no duda en decir abiertamente que les vota, algo que nunca ha pasado con los populares, que siempre han tenido la esperanza en un voto oculto que al final es verdad que afloraba en las urnas. Seguramente sea el partido que menos rechazo levante entre los que no son sus votantes.

Y Vox se ha convertido en el refugio de esos desencantados, que seguramente en la noche electoral se contarán por miles, que esperaban más contundencia del PP en asuntos como el catalán, donde quizá tuvieron demasiada paciencia. Es un error considerar a este partido como el de los nostálgicos del franquismo. Su base sociológica es bastante mayor de lo imaginado y alcanza todos los estratos de la sociedad. A estos no se les amilana tildándolos de extrema derecha. Porque son otra cosa. Y hay bastantes ejemplos a nivel internacional. Y en medio de todo está el PP, envuelto en una especie de tormenta perfecta que puede arrasarlos. Por eso Casado se la juega.

Porque sabe que su futuro nacional pasa por salir vivito y coleando de Andalucía. Pero tiene que asumirlo todo. No sería justo para Moreno que Casado se apuntara el buen resultado y que culpara al aspirante popular de una posible debacle. Casado debe estar a las duras y a las maduras.