Andalucía vota por el cambio

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Andalucía vivió anoche un tsunami político que pone fin a 37 años de gobiernos socialistas. El PSOE ganó las elecciones, pero su descalabro en número de escaños dejó paso a una mayoría absoluta del bloque de derechas integrado por el Partido Popular, Ciudadanos y Vox.

Susana Díaz vivió ayer su peor pesadilla y ve comprometido su liderazgo andaluz. Y no sólo por perder el poder en la Junta, tradicional granero de votos del PSOE, sino por volver a tropezar de forma rotunda después de aquel episodio de las primarias y de perder el pulso con Pedro Sánchez.

El PSOEse resistía a reconocerlo, pero en la región había un cansancio evidente acentuado por la situación de la sanidad, el empleo y la corrupción (las tres primeras preocupaciones de los andaluces según el CIS), pero también por el impacto de la deriva independentista en Cataluña y el desprecio habitual a España y a lo español. Díaz lo confió todo a su instinto político y perdió. Anoche reivindicó su victoria y propuso «un pacto contra la extrema derecha» en un discurso falto de autocrítica a pesar de perder 14 escaños.

A este descalabro de la izquierda se suma Adelante Andalucía, una propuesta de Podemos e Izquierda Unida que ha perdido 300.000 votos sin llegar a convencer a un electorado confuso y perdido entre tantas siglas, tantas confluencias y los vaivenes de Podemos en España.

Ahora habrá que ver cómo se ponen de acuerdo PP, Ciudadanos y Vox para configurar esa mayoría de Gobierno. No se aventura una tarea fácil para ninguno de los tres líderes. Y habrá que analizar el comportamiento y aspiraciones de Vox, la gran sorpresa de la noche electoral. A ello hay que sumar las estrategias del PSOE, que pueden ir desde intentar forzar una segunda convocatoria hasta apoyar a Ciudadanos en un posible bloque contra Vox que deje fuera al PP de la presidencia.

Moreno Bonilla, que nunca perdió la confianza pese a tener todo en contra, ha hecho una campaña muy complicada, con una enorme presión interna después de las primarias del PP y con Pablo Casado jugándose también mucho en este envite electoral. «Yo puedo ser presidente de la Junta» ha sido un mantra de Moreno Bonilla desde que dejó la Secretaría de Estado para recalar en Sevilla. Juan Marín, por su parte, se reserva un par de cartas en la manga para intentar saltar a la presidencia de la Junta. Veremos.

La realidad, guste o no a unos y otros, es que los andaluces han votado por el cambio. Y mal haría el PSOE sembrando dudas sobre la legitimidad del resultado.

 

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